ISSN 2618-5628
 
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Historia, Nuria Cortada de Kohan    
     

 
Nuria por Nuria
 
Cortada de Kohan, Nuria
 
Kohan Cortada, Ana
CIIPME-CONICET
 

 

DRA. NURIA CORTADA DE KOHAN 1921-2013

Mi madre fue una persona muy buena, una madre atenta, excepcional, cálida, brillante, modesta, trabajadora, muy alegre y a veces un tanto distraída.

Además de su sabiduría conocida supo compartir con su familia y amigos sus logros y preocupaciones.

Además de su sabiduría conocida supo compartir con su familia y amigos sus logros y preocupaciones.

Vivió una vida plena. Supo convocar a su alrededor gente que la apreció y se formó a su lado, sintiéndose profundamente agradecida por los homenajes que en vida aquellos que la conocieron y fueron amigos o discípulos, le supieron brindar manteniendo en ella la sonrisa por saberse reconocida.

Trabajó y amó su profesión hasta sus últimos días, no descansaba pensando en su próximo libro, la próxima investigación, fuera propia o de otros que venían a casa buscando su guía y que siempre brindaba con total generosidad, una de las preguntas que siempre hacía en voz alta era ¿cómo lograr que más psicólogos se enamoren algún día de la investigación y de la estadística?

Siempre fue un ejemplo de cómo proyectarse en nuevos desafíos científicos con las que ella disfrutaba.

Se mantuvo actualizada con las técnicas de avanzada, siendo punto de lanza en múltiples aspectos.

Tenía un genuino interés y curiosidad por saber cómo sus colegas avanzaban en sus carreras profesionales y en su vida personal. Alegrándose mucho con sus logros y preocupándose por los obstáculos.

Aunque hablaba y escribía varios idiomas cumplidos sus 80 años se decidió a estudiar ruso para poder leer a Dostoyevski y Tolstoi. Todo era un desafío, aprender nuevas técnicas estadísticas o el manejo de un soft de análisis de datos así como una nueva partitura en el piano.

Me queda el recuerdo de su cumpleaños 90 que pudimos festejar juntas con algunos amigos, colegas, familiares y que ella disfrutó intensamente.

También me habitan las imágenes de estar sentada en el piso, jugando con matrices de datos o dictándole mientras ella escribía a máquina sus interminables traducciones o las reuniones en casa durante mi niñez, siempre con mucha gente, que sin duda marcaron lo que a futuro serían mis tardías elecciones.

Muchos de sus discípulos fueron mis maestros y el recuerdo claramente bajo su tutela en aquellos inicios.

Creo que la mejor manera de mantener viva su memoria es con el mismo espíritu, la misma responsabilidad y el mismo apasionamiento y alegría que trasmitía a los demás con su permanente vocación docente y su calidad humana.

La extrañamos mucho.

Dra. Ana Kohan Cortada

* Los editores agradecen a su hija Ana Kohan Cortada, quien gentilmente facilitó y autorizó la publicación de este documento

INTERDISCIPLINARIA, 2013, 30, 1, 163-172

INTERDISCIPLINARIA, 2013, 30, 1, 163-172


NURIA POR NURIA

Nací en Mendoza el 5 de noviembre de 1921, viví allí hasta los cuatro años, cuando mis padres, oriundos de Catalunya, deciden volver a España. Mi educación primaria fue como anárquica; ya que asistí durante muy poco tiempo a la escuela, sin embargo, parecería no haber sido tal pues mi padre, médico, catalán y muy republicano, muy culto y muy emprendedor, fue un cuidadoso organizador de mi carrera académica. También mi madre, brillante maestra y mis dos hermanos, diez años mayores, me dieron la formación básica.

La anarquía a que me refiero expresa el sentimiento que experimenté de niña debido a las idas y venidas de la familia entre Barcelona y Mendoza, según los vaivenes políticos de Europa. Por lo que recibí la formación fundamentalmente en la familia, además estudié varios idiomas con institutrices. Viví en Barcelona desde los cuatro a los quince años y cuando estalla la guerra civil española, en 1936, mi familia emigra a Argentina.

Esta formación, variada y ecléctica, incluyó un aspecto importante como instrumento de mi futura actividad: el aprendizaje y el gusto por las matemáticas, los idiomas, la música, las personas y los viajes.

Lo que más recuerdo es nuestro perro, un precioso setter que merece estar en el paraíso perruno, pues aguantaba mis caricias y ejercicios como un santo. Esto debe haber fijado en mí el gran cariño que siempre he sentido por los perros y hace que usualmente tenga alguno cerca de mí.

También vislumbro el color lila de una enorme glicina que perfumaba con sus flores el patio y bajo la cual jugaba con las cajitas vacías de inyectables que me daba mi padre al salir de su consultorio y que eran mis tesoros. A los cuatro años mis padres volvieron a Europa y en el trasatlántico mi madre, en quince días, me enseñó a leer. Mi educación primaria fue muy anárquica.

Mi madre era maestra y mi hermano, que entonces estaba terminando el bachillerato, tenía un don especial para enseñarme matemáticas. Debo decir que mis padres tenían ideas muy abiertas: nunca nos impusieron nada, ni tampoco nos prohibieron nada. Siempre leí cuanto libro caía en mis manos y mi casa estaba llena de libros. Para nuestros padres solo dos valores eran dos fundamentales, la educación y la honestidad. No nos inculcaron ideas religiosas de ninguna clase; pero siempre propiciaron toda actividad que tuviera que ver con el arte, la cultura, la salud, la historia, la ciencia o las letras. Muy pronto, a los siete años, me pusieron una profesora de francés y a los ocho o nueve años empecé a aprender a tocar el piano y a estudiar inglés, alemán e italiano. Debo decir que los idiomas siempre me resultaron fáciles pues he sido siempre bilingüe hablando y escribiendo desde muy pequeña en castellano y en catalán. A los 10 años di examen de ingreso para comenzar el bachillerato y entonces sí, entre los once y catorce años cursé los años de bachillerato regularmente. Fueron años muy felices.

Con mi familia pasaba parte del verano en una playa de la Costa Brava sobre el azul Mediterráneo y parte en la casa en que mi madre había nacido, en un pueblito del interior, cerca de Barcelona, en donde se cultivan viñedos. Durante el invierno concurríamos a cuanto espectáculo había: allí pude escuchar a Pablo Casals, a Rubinstein, a Stern, a Horovitz y a tantos otros. En esta época empecé con Alicia en el País de las Maravillas, los Cuentos de Calleja, los Cuentos de Andersen, las novelitas de Salgari, las aventuras de Julio Verne, Mark Twain, Edgar Alan Poe, Dikens, etc. Luego seguí leyendo casi todos los clásicos españoles y franceses, pues en esta época comenzó mi costumbre que no he dejado nunca, de leer un ratito en cama antes de dormir. Creo que es importante hacer notar aquí que mi padre era una persona muy inteligente y que pensaba que las chicas tenían tanto derecho a estudiar y a formarse intelectualmente como los jóvenes; además era muy culto, leía en varios idiomas y lo que más le preocupaba sobre los hijos era que tuvieran una gran formación intelectual. Mi hermano a los 21 años se graduó de médico y mi hermana también estudiaba y mi casa, cuando yo era muy pequeña, estaba siempre llena de jóvenes estudiantes y todos jugaban y se reían conmigo, Los domingos por la tarde íbamos al cine con todos los primos indefectiblemente y también recuerdo estos años por las grandes amistades con compañeras de curso y las interminables y románticas conversaciones sobre si era mejor actor o más atrayente, Glark Gable o Gary Cooper! Pero, ¡ay! Parece que nada bueno perdura y en un fatídico julio de 1936 empezó la Guerra Civil Española. Mis padres decidieron volver a la Argentina y un cinco de noviembre, el día que cumplía quince años, llegamos a Buenos Aires.

Teníamos poco más que lo puesto, pues no habíamos podido traer casi nada de la casa. Allí quedaron muebles, ropa, piano, libros y diccionarios en manos de mi pobre abuela a quien no pude ver nunca más. Fue un desastre general y familiar que me hizo crecer de golpe. Seguramente se habrá advertido que fui bastante mimada por la suerte en mi infancia y aunque era muy “leída” como algunos dirían, también era bastante inmadura.

Lo que más me gustó de Buenos Aires fueron los enormes árboles de las plazas, los inmensos gomeros de la Plaza San Martin y Lavalle y también el delicioso color de los jacarandaes en flor. Eso no lo teníamos en Barcelona, y me hacía sentir que estábamos realmente en la América de los libros. Al terminar los trámites de equivalencia, mis padres volvieron conmigo a Mendoza, en donde algún tiempo después terminé el bachillerato dando casi todas las materias como alumna libre. Creo que esto fue, a pesar de todo el esfuerzo que me costó, un gran aprendizaje pues al tener que dar tantas materias como libre aprendí mucho a estudiar y a enfrentar las situaciones de examen. Y llegó el momento de decidir sobre mis futuros estudios. Yo seguía leyendo mucho. En esta época me interesaba sobre todo la literatura rusa y el enfoque psicológico de los angustiados personajes de Dovstoiewski y de Tolstoi me apasionaba más que nada y comencé a pensar que “eso” era lo que me gustaría saber a fondo.

Mi padre, que era médico, conversaba mucho conmigo. Mis hermanos se habían casado y vivían lejos; así que en este momento yo era su mayor preocupación y se daba cuenta de que era importante que cualquier carrera que eligiera, debía hacerlo con gusto. Entonces en un viaje a Buenos Aires, lo visitamos al Dr. Emilio Mira y López que mi padre conocía mucho de Barcelona y le pedimos que me orientara vocacionalmente. Fui un día sola; el Dr. Mira habló largamente conmigo de muchas cosas, y cuando mi padre me vino a buscar le dijo: “Esta chica puede seguir cualquier carrera; en cualquier cosa va a tener éxito”. Yo me reía, lo que quería es que me dijera qué carrera seguir, si medicina o filosofía: Pero - Mira dijo: -“Si le interesa Psicología va a tener que irse al extranjero, acá la carrera no existe”. Y en ese momento se quedó callado, pensando, y de pronto dijo: “¡Ah! Ahora recuerdo que Houssay me dijo el otro día, que pronto llegaría a Mendoza un profesor de Psicología contratado por la Universidad Nacional de Cuyo, que viene de Inglaterra y está muy preparado en psicología. Pónganse en contacto con él: se llama Horacio Rimoldi”. Y así es como decidí estudiar Filosofía y Letras en Mendoza.

Mi paso por la Universidad de Cuyo fue breve: pero muy agradable. La Universidad, que hacía apenas un año se había creado, tenía un rector el Dr. Edmundo Correas que con criterio muy amplio, hizo nombrar a profesores jóvenes, todos muy prometedores. Aparte del Dr. Rimoldi con quien me formé aprendiendo en su Instituto de Psicología Experimental, recuerdo bien a otros profesores como el Dr. Pro, el Dr. Juan Corominas, a Julio Cortazar , a Manlio Lugaresi, a Roberto Salmón, al Dr. Mavridis, al Dr. García de Onrubia, al Dr. Cruz, a Horacio Schindler, etc. También recuerdo con afecto, aunque a muchos de ellos no los he vuelto a ver, a mis compañeros, los hermanos Roig, a Zamorano, al malogrado Mauricio López, a las hermanas Quiroga, a Susana Velasco, a Hilda Calderón, a Irma Suarez, etc.

Terminé la carrera de Filosofía en cuatro años (pues di un año libre): pero creo que fueron muy formativos. Sobre todo, la posibilidad sin par, de trabajar al lado del Dr. Rimoldi plasmó definitivamente mi vocación. A él debo gran parte de lo que soy y por esto le estaré siempre agradecida. Con otros ayudantes del Instituto como Vevette Metraux, Raquel San Martin, Susana Velazco y Lidia Bührer, formábamos un equipo lleno de entusiasmo y entre risas y tropiezos aprendimos todo del Dr. Rimoldi, no solo los primeros pasos de la investigación científica sino la importancia del esfuerzo y el trabajo sostenido, el saber seguir siempre adelante y no ceder a pesar de las dificultades y frustraciones.

El Dr. Rimoldi había organizado el Instituto de Psicología Experimental en la Universidad de Cuyo con gran entusiasmo. Con él tuve la oportunidad de aprender trabajando las técnicas estadísticas descriptivas y de correlación. Allí se hizo la primera estandarización del test de Raven en el país (en 1943). Creo que este ha sido un trabajo bastante importante por ser la primera vez que en la Argentina se estandarizaba un instrumento de medición psicológica. Tomamos el test en forma individual a más de 1400 niños de las Escuelas de Mendoza y realizamos todo el trabajo estadístico necesario para tener un verdadero baremo y lo comparamos con los valores hallados en Inglaterra. En el Instituto también se encararon otros problemas, como los de adecuación al trabajo y un estudio comparativo de algunas funciones psicomotoras entre débiles físicos y normales. Todos estos trabajos aparecieron en una serie de publicaciones del Instituto entre l943 y l945.

Al terminar la carrera de Filosofía y Letras, en 1945 me presenté a concurso para una cátedra de Psicología Infantil en la Escuela Normal Pringles, en San Luis. Aquella sí que fue mi primera experiencia docente. Recuerdo que sentía bastante miedo de enfrentar a los alumnos; pero el Profesor Plácido Horas siempre tan comprensivo, me animó mucho y así salí del paso. Desde entonces siempre mantuve con el Profesor Horas una profunda y sincera amistad. Enseguida gané mi beca del Institute of International Education para estudiar en los Estados Unidos. Ahora viajar es cosa de todos los días; pero entonces todavía se viajaba en barco y para una joven sola era toda una hazaña. Recuerdo que el viaje me pareció interminable pues era un buque de carga cuya única ventaja fue la de entrar en muchos puertos y estar allí dos o tres días, lo que me permitió conocer Rio de Janeiro, Santos, Curaçao, La Habana , Norfolk y finalmente Nueva York.

Estuve cinco días en Nueva York y a principios de septiembre de 1946 llegué a la Universidad del Estado de Ohio en Columbus para estudiar psicología. En esta época The Ohio State University era un centro muy importante para Psicología Clínica. Allí había una serie de seguidores del Dr. Carl Rogers entre ellos el Dr. Victor Raimy, una persona extraordinaria que fue mi “adviser”. Además estaba el Dr. George Kelly, conocido por su teoría de los “personal constructs”, el Dr. Julian Rotter, que enseñaba técnicas proyectivas, el Dr. Renshaw que era un maestro muy reconocido en psicología de la Gestalt, el Dr. Toops que era el terror de los alumnos en estadística, el Dr. John Horrocks especialista en psicología infantil.

Tuve mucha suerte en estudiar con todos estos profesores que me hicieron conocer la psicología clínica y me trataron no solo muy bien, sino que casi podría decirse que me mimaron, pues les parecía raro que hubiera ido de tan lejos - la Argentina- a estudiar en Ohio.

Esos años el Dr Rimoldi también estaba en los Estados Unidos, en la Universidad de Chicago y solía invitarme durante las breves vacaciones a pasar unos días en su casa. Así fue como pude conocer muy de cerca al Dr. Thusrtone y también a algunos de sus discípulos como el español Mariano Yela, con quien siempre mantuve una gran amistad.

Estudié en los Estados Unidos casi tres años: obtuve el Master of Arts en Psicología Clínica y entonces decidí volver a Buenos Aires donde estaban mis padres. Podría haberme quedado en los Estados Unidos… Nunca sabré si mi decisión de volver a la Argentina fue acertada o no…

Aquellos años en Buenos Aires fueron difíciles. Conocía a poca gente, tenía que trabajar y empecé a moverme. ¿Qué es un psicólogo? Me preguntaba mucha gente. En este momento pocos sabían que era “eso”. He sido la primera persona en mi país con título de psicóloga. Entré a trabajar en el Ministerio de Educación en un Centro de Orientación Vocacional y Educativa que estaba en el Instituto Bernasconi y luego en Sanidad Escolar. Fue en esta época que aproveché el tiempo tipificando el Test de Raven para la ciudad de Buenos Aires.

Un día, casualmente, me encontré en la calle con el Dr. Felipe García de Onrubia. Él me conocía de Mendoza y fue muy amable conmigo haciéndome entrar en la Universidad de Buenos Aires como Jefe de Seminario en la materia Psicología II que él dictaba en la carrera de Filosofía. Allí di varios seminarios sobre estadística aplicada y de teoría de los tests.

En este momento, entre1950 y 1955, ya se estaba despertando en muchas personas el interés y la necesidad de que se creara la carrera de Psicología: existía un centro muy bueno en el Hospital de Clínicas, el de Psiquiatría Infantil de la Dra. Telma Reca con quien yo me había puesto en contacto y en donde concurría algunos días de la semana para aplicar el Test de Rorschach a los niños que ella me indicaba. También estaba en contacto a menudo con la Dra. Carolina Tobar García y su grupo de visitadoras sociales algunas de las cuales trabajaban conmigo en el Centro de Orientación Vocacional y Educativa.

En 1952 gané la beca francesa para estudiar en Paris. Esto fue para mí muy positivo Trabajé alrededor de nueve meses en el Hospital Sainte Anne bajo el asesoramiento del Dr. Pierre Pichot haciendo sobre todo psicometría. Tuve oportunidad de conocer a Faverge y a Zazzo y seguir un curso con ellos: pero sobre todo esta beca me hizo tomar conciencia de que mi preparación era muy superior en psicología, a la de muchos jóvenes franceses.

En este viaje tuve oportunidad de conocer Francia, Inglaterra, Italia y finalmente España en donde tenía a mis tíos. España en pleno franquismo me pareció muy triste, opresiva, sobre todo al recordar los días luminosos de la República, que siendo chica había vivido. Aunque también allí estuve en contacto con el Dr. Mariano Yela que había conocido en Chicago y me hizo ver los esfuerzos de algunas personas como él mismo y el profesor Germain por iniciar una psicología científica, en España.

En 1954 el Profesor Oñativia y el Prof. Moreno de Tucumán tuvieron la oportuna idea de organizar el Primer Congreso Argentino de Psicología. Allí nos encontramos muchos especialistas, médicos, profesores, psicoanalistas, etc. que teníamos la idea de que era necesario crear la carrera de Psicología y tuvimos algunas primeras conversaciones. En Buenos Aires el Dr. Gino Germani estaba interesado en la creación de la carrera de Sociología. Él fue quien me llamó a una primera reunión, pues sabía de mi formación en estadística aplicada y me pidió que colaborara con él y con la Dra. Telma Reca , el Prof. Jaime Berstein y el Dr. Marcos Victoria, para la elaboración de los primeros planes de estudio de Psicología en la Universidad de Buenos Aires Era la única psicóloga del grupo, dado que todos eran médicos, profesores en filosofía, o en ciencias de la educación. Pronto se nos unieron otras personas interesadas y en 1957 al crear el Dr. Rizieri Frondizi la carrera de Psicología ya empecé a dictar Metodología Estadística para los alumnos de Psicología y Sociología, primero en forma interina y en 1959 gané por concurso la cátedra que tuve hasta 1984.

Estos primeros años fueron la época de oro de las carreras de Psicología y Sociología, mientras fueron rectores de la Universidad de Buenos Aires sucesivamente, el Dr. Risieri Frondizi, el Dr. Olivera y el Ingeniero Fernández Long. La carrera de Psicología se inició con gran entusiasmo, tanto por parte de los primeros alumnos como por parte de los profesores. En realidad, nos formábamos mutuamente pues nunca se aprende tanto algo como cuando hay que enseñarlo. En mi materia tuve la suerte de contar con algunos Jefes de Trabajos Prácticos y Adjuntos muy preparados como el Ingeniero José Carro, el Ingeniero Cavallini y la Profesora Malvina Segre y al mismo tiempo al hacerse más numeroso el estudiantado formamos a un gran grupo de ayudantes de todos los cuales me siento muy orgullosa pues actualmente todos ellos son Profesores en diversas Universidades y siguen trabajando seriamente en investigación como Alfredo López Alonso, Alejandro Doublier, Nélida Rodriguez Feijoo, Cristina Richaud, Dorina Steffani, Miko Mandilovich, Alicia Bertoni, Marta Shuffer, Marta Locatelli, Alicia Casullo y otros cuyos nombres he olvidado.

Fue en esta época cuando escribí con Carro mi primer libro Estadística Aplicada que tuvo gran éxito y del que se hicieron muchas reediciones sucesivas por Eudeba. Hay que pensar que enseñar Estadística esos años era bastante complicado. En primer lugar porque no contábamos como ahora con programas estadísticos, no teníamos computadoras ni fotocopiadoras, ni siquiera las usuales calculadoras de bolsillo Sin embargo, un verano Malvina y yo nos pasamos tres meses haciendo los cálculos para un Análisis Factorial que nos pidió Germani para sus investigaciones sobre el Nivel Económico Social. Creo que este ha sido el primer Análisis Factorial que se ha realizado en nuestro país.

A pesar de la precariedad de los recursos y teniendo en cuenta que la Estadística no estimula precisamente “los amores fáciles”, en mi cátedra se comenzaron a formar en investigación un grupo de ayudantes de quienes guardo los mejores recuerdos y sin cuya ayuda y dedicación habría sido muy difícil llevar adelante el trabajo.

En fin, no sé si mis alumnos aprendieron mucha estadística conmigo; pero si sé que yo aprendí mucho de ellos, por lo que siempre recuerdo con nostalgia los primeros años de la creación de la carrera de Psicología, como uno de los periodos más productivos y agradables de mi vida. Todo esto junto al hecho de tener que tratar de compensar, con nuestro esfuerzo, la actitud negativa hacia los números que suelen tener quienes están en una Facultad de Filosofía no hacía nada fácil la enseñanza de la estadística.

A veces me sentía algo deprimida y pensaba que yo sabía pocas matemáticas para enseñar la materia. Un día fui a verlo al Dr. Luis Santaló, el gran matemático, nacido en un pueblito cerca de Gerona, como mi padre, y le expuse mi problema. “Nuria – me dijo - quédate tranquila. La Estadística es una ciencia experimental y aplicada y tú sabes muy bien las aplicaciones a la Psicología. Explica esto que sabes y deja que los matemáticos resuelvan los problemas teóricos”. Esto me tranquilizó un poco y seguí adelante.

Alrededor de 1958 fui nombrada jefe del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad cuyo primer director fue el Profesor Jaime Berstein, quien estuvo solo un año, luego un tiempo muy corto estuvo el Prof. Nicolás Tavella y finalmente me nombraron a mí Directora que estuve más de seis años. Si bien la Orientación Vocacional clásica establecía que cada cual debe ocuparse de aquello para lo que está más dotado, nosotros pensábamos que aunque esto es cierto en términos generales, el joven debe orientarse para que sepa mantener la flexibilidad de pensamiento para el constante ajuste al cambio que le exige el mundo moderno y postmoderno.

Organizamos el DOV para que siempre se tuvieran en cuenta en la Orientación Vocacional tres enfoques: el psicológico dirigido al bienestar personal, el educativo, promoviendo el ideal de la educación continua y el socioeconómico para que el hombre colabore con el progreso y desarrollo y se integre al mundo social y del trabajo. En nuestro departamento se subrayó especialmente el aspecto dinámico del proceso de desarrollo vocacional frente a los conceptos clásicos de la elección puntual y estática. Se rechazó la noción del mero ajuste entre persona y trabajo y se valoró en cambio una perspectiva con el conjunto de elecciones que el sujeto realiza a lo largo de la vida, encadenadas unas a otras configurando una “carrera” académica.

La misma división del trabajo de la primera experiencia del DOV de la UBA acentuó la importancia que dimos a la información, la exploración y la documentación, creando la ya famosa Guía del Estudiante. También se pensó en la evaluación y medición de los constructos con la elaboración de muchos instrumentos propios y otros que fueron estandarizados, y a la orientación psicológica con el enfoque clínico de las entrevistas individuales y grupales. Con esta organización atendíamos a los aspectos cognitivos y a los motivacionales que conforman el modelo de carrera que cada joven es capaz de elegir, a medida que se encamina hacia su maduración y concreta sus imágenes sobre las representaciones sociales de la vida profesional. Siempre tuvimos en cuenta que lo más importante es hacer comprender a los adolescentes que los factores de satisfacción profesional están estrechamente ligados a la libertad y autonomía en la organización y la realización del trabajo, así como en el sentimiento de ser responsables ellos mismos de estos.

El Departamento de Orientación Vocacional fue concebido desde el primer momento, no solo como un centro de la Universidad en donde podían concurrir los propios alumnos cuando tenían problemas de elección de carrera, sino como un servicio a la comunidad para jóvenes de todas las escuelas de la Capital que necesitaran Orientarse para elegir estudios y además como un centro de formación e investigación en Orientación Vocacional que se consideraba una especialización muy importante de los psicólogos . Entre ellos estaban: Miguelina Guirao, Carlos Cuidet, Ederville Cagnone, Irene Orlando, Nora Sturm, Adela Leivovitch de Duarte, Marta Brea, Rodolfo Bohoslavsky, Sara Slapak, Ma. Martina Casullo, Raquel Lutsky, Clelia Ca, Graciela Canesa, Julia Garcia, Federico Kaufman, Ángela Canavesi, Lucy Wolf, Edith Adamosky, Celia Jaes , Néstor Yoguel, Ricardo Sheffick, Liliana Misrahi, Sarita Leibeshutz, Elvira Nicolini, etc.

En el Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad de Buenos Aires tuvimos horas más felices y menos felices, tuvimos mucho diálogo y también controversia; pero no me cabe ninguna duda de que todos los que participamos en aquella época lo recordamos con gran afecto y un dejo de nostalgia En esta época tuve oportunidad de realizar una gran cantidad de tipificaciones de tests para orientación Vocacional como el DAT, el test de las aptitudes Primarias de Thurstone, y otros. Cuando dejé el Departamento de Orientación, escribí un libro sobre el proceso de orientación “El profesor y la Orientación Vocacional” que fue publicado en 1977 por Ed. Trillas con un prólogo del Dr. Wayne Holtzman y del que se han hecho múltiples reediciones. Estos fueron años muy productivos.

En 1956 me casé y debo decir que fue gracias a la enorme comprensión y compañerismo de mi esposo que pude desarrollar tanta actividad. Durante muchos años tuve la cátedra de Metodología Estadística, dirigía el Departamento de Orientación Vocacional, formé parte de innumerables jurados, concurrí a múltiples Congresos y Jornadas, di muchos cursos de estadística en La Plata y en Salta y todavía me quedó tiempo para traducir del inglés más de una docena de libros algunos de ellos muy importantes como “La Psicología Experimental” de Woodwoth y Schlosberg, para Eudeba la “Estadística” de Yamane y “La Naturaleza de la Inteligencia” de Guilford para la Ed. Paidós.

En 1961, con mi esposo decidimos probar suerte en los Estados Unidos Allí viajamos con nuestra hijita de seis meses hasta que cumplió dos años. Era un año difícil para los Estados Unidos. Para mi esposo, que era Ingeniero Agrónomo fue muy difícil. Pero yo encontré trabajo como” Senior Clinical Psychologist” en el Saint Lawrence State Hospital, un hospital psiquiátrico al norte del Estado de Nueva York sobre el río Saint Lawrence, a 50 millas de Otawa. En el Hospital Saint Lawrence por primera vez trabajé con toda la responsabilidad de un psicólogo clínico, realizando muchos psicodiagnósticos para los psiquiatras, organizando grupos operativos con los pacientes, la mayoría de los cuales eran dipsómanos, y estuve en contacto directo con la experiencia psiquiátrica de aquel momento, que por cierto era bastante traumática y deprimente. Pasamos allí más de un año; pero se nos terminaban las licencias de nuestro trabajo en Buenos Aires y decidimos volver. Fue una gran experiencia, no sólo desde el punto de vista profesional sino porque pudimos conocer muy bien recorriendo en auto, los Estados Unidos y Canadá. Debo decir que la profesión me ha proporcionado muchas oportunidades de viajar y conocer centros importantes.

En 1964 fui comisionada por la Universidad de Buenos Aires con el auspicio de la Ford Foundation para asistir a un Workshop para estudiosos extranjeros en el Educational Testing Service de Princeton. Allí, que como es sabido es uno de los centros psicométricos más importantes del mundo, tuve oportunidad de estar dos meses especializándome con el profesor Wantman y el Profesor Angoff y de conocer a los mejores psicómetras de América Latina. Volqué esta experiencia extraordinaria en mi tercer libro Manual para la construcción de pruebas objetivas de rendimiento escolar publicado por Editorial Paidós en 1968.

En 1967 fui invitada a concurrir como relatora al Paedagogisches Zentrum de Berlin y en 1971 fui invitada por el Dr. Lee Cronbach a concurrir a un congreso de Mental Testing en Estambul, Turquía. En 1970 volvió el Dr. Rimoldi a la Argentina para organizar su centro de investigación, el CIIPME (Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Psicología Matemática y Experimenta) que dirigió durante muchos años en el CONICET. Yo colaboré invitando a quienes por aquél entonces, eran mis ayudantes de cátedra en la UBA. Y así se conformó el primer equipo del Instituto. Trabajé nuevamente con él como Vicedirectora del CIIPME durante un año en forma totalmente honoraria y me sentí muy feliz de que pudieran comenzar a trabajar con él ocho o nueve de mis mejores ayudantes de las cátedras de Metodología de la Investigación y de Estadística, que ya tenían alguna formación en esta materia y deseaban especializarse en investigación como los ya mencionados Alejandro Doublier, Alfredo López Alonso, Nélida Rodríguez Feijoó, Cristina Richaud de Minzi y otros.

También enseñé Estadística en la carrera de Geografía, y de Ciencias de la Educación, de ese período guardo también muy buenos recuerdos. El resto es casi presente y es difícil escribir objetivamente sobre ello, En 1984 me jubilé y con mi esposo viajamos a los Estados Unidos y a Europa. Pasé unos seis años alejada de la carrera.

En 1992 pensé que tal vez podría hacer algo en investigación y por tercera vez el Dr. Rimoldi tuvo la generosidad de aceptarme para que trabajara en el CIIPME con un contrato del CONICET como Investigador Principal. Allí con un subsidio para un PID realicé una investigación sobre la relación entre logros en educación, inteligencia y resolución de problemas nuevos. Al mismo tiempo, en 1994 publiqué mi cuarto libro Diseño Estadístico en el que amplié con varios capítulos sobre técnicas multivariadas y puse al día, mi primer manual de Estadística, que aún en nuestros días se sigue utilizando como manual de estudio.

Finalmente dado que el CONICET no me renovaba el contrato desde 1996 volví nuevamente en la Universidad de Buenos Aires donde el Consejo Directivo de la Facultad de Psicología, que dirigía el Decano Dr. Raúl Courel, pudo hacerme un contrato como Asesora en Metodología y Estadística para trabajar en el Instituto de Investigación de la Facultad. Al poco tiempo tuve el honor de que la Universidad de Buenos Aires me diera el Diploma de Profesora Honoraria de la misma.

Durante estos últimos años de mi carrera procuro dedicar el mayor tiempo posible a la investigación en forma libre pero siempre doy algunos cursos de postgrado en la Universidad de Buenos Aires y en otras Universidades privadas como USAL que me suelen contratar.

Comparto muchos proyectos junto a mi hija Ana, también psicóloga, quien sigue mis pasos. Le gusta mucho la docencia y se entusiasma mucho con hacer investigación. También tengo la ocasión de formar a otros alumnos estudiosos que hacen conmigo su doctorado y nos concentramos en algunos problemas que nos interesan. Por ejemplo ahora, estoy sumamente interesada en los problemas del programa de sesgos y heurísticos iniciado por Tversky y Kahneman, y también estoy profundizando las modernas teorías psicométricas. Así en el 2004 la Editorial TEA de Madrid me ha publicado un test de aptitud verbal, llamado BAIRES en el que he utilizado la Teoría de la Respuesta al Ítem.

Últimamente he asesorado en metodología de la investigación en la Dirección de Orientación al Estudiante. Allí uno de los problemas que más se observan es la poca formación de los alumnos secundarios para seguir estudios universitarios y su falta de información, no solo respecto de las carreras sino hacia el trabajo y las decisiones que han de tomar a través de su trayectoria vital y estamos trabajando en estos problemas que son por otro lado comunes en toda América Latina.

El último gran esfuerzo para mí, ha sido la elaboración del libro “Técnicas de Investigación Científica” publicado este 2008 por Ed. Lugar, que hemos escrito junto con el Dr. López Alonso y Macbeth. Este libro me ha hecho reflexionar mucho sobre toda la investigación actual en Psicología. Y me ha llevado a la conclusión de que es un gran error dividir la investigación psicológica en cualitativa y cuantitativa. La investigación cualitativa, con entidad propia, tan de moda actualmente, creo que solo debe usarse cuando se comienza un estudio exploratorio para descubrir y entender qué yace detrás de un fenómeno que se conoce muy poco; pero siempre hay que tener en cuenta que con sus procedimientos nunca se puede constatar una hipótesis y que la investigación es sólo una. La verdadera psicología, si quiere ser ciencia, pienso que debe seguir reforzando sus métodos.

En fin, para terminar creo que la psicología a nivel personal me ha proporcionado una vida muy rica en experiencias. He tenido oportunidad de vivir en varios países diferentes y de viajar a muchos otros. Esto no ha sido obstáculo para que al mismo tiempo construyera con mi esposo, una persona excepcional, sin la cual no hubiera podido llegar hasta aquí, una linda familia, con una hija Ana muy felizmente casada con un excelente compañero, Claudio. Ella también ha querido ser psicóloga, ser docente e investigar, y que me ha dado un nieto muy inteligente, llamado Nahuel.

Creo que desde chica tuve gran suerte con los padres y los hermanos y posiblemente esto fue lo que me hizo pensar que lo más interesante para conocer en este mundo, era el ser humano. Soy muy sociable y he conocido a toda clase de gente alrededor del mundo y tengo muchos amigos a los que les gustan las mismas cosas que a mí, especialmente los libros y la música clásica. Y, aunque he tenido, como todo el mundo, fracasos y frustraciones, nunca me he arrepentido de haber querido ser psicóloga.

 

Nuria Cortada de Kohan, Buenos Aires, 29 de septiembre de 2009

 

 
4ta Edición - Julio 2020
 
 
 
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