ISSN 2618-5628
 
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Duelo, Salud mental  
     

 
Duelos Perinatales/Gestacionales: Una mirada desde la Salud Mental
 
Meques, Fernanda Jorgelina
Red de Salud Mental Perinatal Federal
Hospital General H.I.G.A. - Evita
 
Rey, Lorena
Red de Salud Mental Perinatal Federal
Universidad de Buenos Aires (UBA)
 
Pereda, Verónica
Red de Salud Mental Perinatal Federal
 

 

¿Qué es la muerte perinatal? Según la Organización Mundial de la Salud "se refiere a las mortalidades que ocurren desde las 22 semanas completas (154 días después de la gestación) y termina a los siete días después del nacimiento". Desde una perspectiva más abarcativa vamos a delimitarla desde el conocimiento del embarazo porque consideramos importante poder validar los duelos de l*s implicad*s quienes sienten la pérdida de un* hij* más allá de las semanas de gestación. Múltiples investigaciones en los últimos años han encontrado que la intensidad de los duelos en las madres no parecieran tener relación directa con la edad gestacional al momento del óbito sino que tendrían mayor injerencia los factores subjetivos ligados al embarazo (Barreto González, C; Sánchez Bejarano, J. 2019).

Según Cassidy (2017) "los bebés que mueren antes de nacer siguen ocupando una especie de limbo social", es decir que nadie habla de ellos. No hay estudios ni registros fehacientes que determinen las causas de la muerte gestacional con el fin de poder prevenir su incidencia. Partiendo de esto podemos pensar en duelos desautorizados lo cual tendrá un alto impacto en el modo de elaborarlos.

La falta de sistematización interseccional de datos estadísticos y regulación jurídica/administrativo habla de la escasa profundidad en el análisis de muertes intrauterinas abriendo el horizonte de elaborar estrategias y políticas públicas para investigar causales y números estadísticos en dichos sucesos. Sólo son estudiados los casos de anomalías genéticas por sus causales médicas.

En nuestra legislación tenemos un ejemplo en los protocolos frente a la muerte gestacional producto de la Trombofilia (tanto hereditaria como adquirida). Es necesario que la mujer afronte dos o tres pérdidas consecutivas para que se le realice el examen de sangre que arrojará el diagnóstico. Si pensamos esto, ¿Cuántos bebés deben morir en el útero materno hasta que se dictamine la causa y su consecuente tratamiento?,

La situación de muerte perinatal acarrea temporalmente y cuando la persona esté disponible al inicio del duelo perinatal cómo una consecuencia. Un proceso complejo de elaboración donde la madre, el padre, la familia deberá enfrentarse al peso de la pérdida, integrarla en su historia, elaborarla. Durante muchos años, se habló de la muerte fetal como un "no suceso" de la actitud del entorno, como una "conspiración de silencio" y del sufrimiento de los padres, como "catástrofe subestimada" . En la madre se suman la fragilidad y la vulnerabilidad de la enfermedad materna primaria de la que hablaba Winnicott que la prepara para descifrar las mínimas señales de un hijo vivo pero la deja en carne viva frente al desgarro de la ausencia de hij*. (Defey, 2011)

Pensamos en múltiples duelos (Stroebe, Schut, Boerner, 2017): un* hij* adviene, los roles de madre y padre, la confianza en poder tener hij*s, la inocencia respecto al embarazo, los familiares y amigos de los que se esperaba validación y acompañamiento y no lo hicieron, entre otr*s.

El mayor obstáculo es en el ámbito social que exige, duele y presiona encontrarse con duelos es que están desautorizados, no se habla de ellos, son invisibilizados.

Mucho se ha hablado del duelo desde la Psicología. Diversos autores han teorizado acerca del proceso de duelo y lo que conlleva para quién lo está atravesando.

J Bolwby (1980) creador de la Teoría del Apego ha planteado cuatro fases del duelo: la de shock, la de anhelo y búsqueda de la persona perdida, la de desorganización y por último la de reorganización. Cada una de estas fases se irá transitando de acuerdo con las posibilidades subjetivas y el acompañamiento del entorno. Sin embargo, el autor plantea también que hay ocasiones en donde el duelo se torna patológico. Tal es el caso del duelo crónico y la ausencia de duelo.

El duelo es una reacción emocional normal ante la pérdida de un ser querido o de un estatus humano determinado. El duelo complicado es un constructo independiente que describe un cuadro clínico de mayor duración y gravedad luego de una determinada pérdida y que se considera cualitativamente distinto a los trastornos del afecto (González-Medina 2010)

No se debe confundir el sentimiento de tristeza propio del duelo con un cuadro patológico como puede ser una depresión mayor. La sociedad tiende a patologizar el duelo perinatal porque no se le da la entidad que merece. Se considera que dura un breve tiempo y luego se "sigue adelante". Incluso hasta hace unos años era común escuchar la recomendación de médic*s, amig*s y familiares, de buscar pronto otro bebé.

Generalmente las personas que atraviesan estos duelos, luego del shock inicial producido por la pérdida, tienen su libido y energía puestas en tramitar e incorporar en su historia de vida lo acontecido. Quienes lo transitan no duelan el pasado sino el futuro, aquello que iba a ser y ya no lo será. El futuro es ahora incierto.

Se debería pensar entonces el duelo desde una complejidad bio -psico -social - transgeneracional, porque de esta manera nos permite tomar dimensión de las múltiples dimensiones que lo atraviesan, como en una crisis vital, es entonces que parte del trabajo de procesamiento del duelo tendrá que ver con las creencias personales, familiares y socioculturales.

Como también nos lleva a reflexionar acerca de una visión de duelo más amplia desde una perspectiva del ciclo 'vida-muerte-vida', una cosmovisión de la muerte como parte de la vida (Wilber, 1998), una visión integrativa.

'Un concepto del duelo, no como despedida sino como recupero, como reencuentro, darle la posibilidad a esa mujer de poder reconciliarse con la experiencia vivida, reintegrarla, y darle un lugar a ese hijo en su corazón y en la trama familiar' (García Medina, 2017).

Reconocer entonces la muerte gestacional y perinatal permite integrarla al ciclo psicosocial emocional de la mujer, junto al embarazo , parto , puerperio y lactancia. (Alvarez, Claramunt, 2014) evitando así que sean silenciadas y puedan ser tenidas en cuenta como una posibilidad probable y no como algo excepcional, que pueda hablarse de ello, que tenga visibilidad y pueda quizá ser integrado de alguna manera a los cursos de pre parto.

 

Rol del/la psicolog* perinatal

¿Cuál es el rol del/la psicólog* perinatal en esto? ¿Cuál es el trabajo de abordaje, en estas problemáticas de salud? ¿Cómo ejercemos, facilitamos y garantizamos derechos en los procesos de atención? ¿Favorecemos estrategias que permitan soberanía sobre esos cuerpos vivos o muertos?.

Para contextualizar las reflexiones en torno al rol y las intervenciones desde el cuidado en situación de muerte perinatales en principio cabe mencionar que l*s profesionales recrean una intervención artesanal esto implica acompañar procesos subjetivos en una situación singular dentro del contexto institucional, con el equipo interviniente, con el impacto en cada profesional y con cada personal no médico. El profesional de la salud mental de Argentina trabaja con un marco legal de avanzada y progresista. Tal como lo plasma la ley de salud mental no trabajamos con enfermedad mental, sí con padecimientos mentales. Trabajamos con el eje de que las personas tienen capacidad en relación a sus procesos emocionales. Con las recomendaciones de tratados internacionales y leyes nacionales como la ley 26485 de protección integral para prevenir, sancionar, erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos que desarrollen sus relaciones interpersonales. La ley 25929 la cual establece garantías de prestación y aplicación de atención en torno a la mujer embarazada, en trabajo de parto, parto y posparto con carácter obligatorio tanto para el sistema público como privado. Trabajar desde una perspectiva de géneros y derecho nos permite estar atent*s a discursos universales, normalizantes, hegemónicos en la escena de salud para interpelarlos y favorecer el acceso a la salud como un derecho.

Nos abocaremos en este apartado a reflexionar sobre las intervenciones, roles, modalidad de trabajo y abordaje en relación al rol del/la psicolog* perinatal en las muertes de hij*s deseados. Situaciones que tienen lugar en unidades de cuidados intensivos neonatales o salas de parto.

Una visión adaptativa del proceso permite discernir en qué momento una intervención podría ser útil y en qué momento inadecuada, así como cuáles pueden ser los distintos objetivos terapéuticos para cada etapa del proceso de recuperación. El modelo ha ido definiéndose y probándose a lo largo de estos años, incorporando además las recientes contribuciones clínicas y teóricas realizadas por especialistas en estos últimos años (Payàs Puigarnau, 2010).

Entender que las relaciones interpersonales en el ámbito de la salud son relaciones sociales por lo cual implica comprenderlas en tensión con los conceptos de poder, estereotipos, mandatos, roles asignados por el sexo, status, clase, etnia que influye en la comunicacion con l*s integrantes de los equipos y la mujer que acude por asistencia.

La urgencia psicológica se inscribe a nivel individual y también en el ámbito del equipo quien asiste, tiene que tomar decisiones, informar y consensuar con la persona los procedimientos a realizar tanto en el cuerpo de la embarazada como en el cuerpo del hij* durante la permanencia en la UCIN. Plantearlo en términos de situaciones límites en la vida de las personas, inscripción del trauma, la muerte perinatal de un hij* marca la situación impreparable para el yo. Cuando irrumpe en la escena de salud la muerte hay tres movimientos que uno observa en la clínica. Enfrentar la escena en la cual uno no puede escapar pero puede tener temor, estar ahí implica aterrorizarse y hasta enloquecer, sobrellevar las expectativas vs la realidad de la vida y la muerte dando lugar a la palabra. La tarea del/la psicolog*a perinatal deberá construir esa intervención desde la confianza, la disponibilidad, la escucha, la espera, la observación participante, con su propia impronta puesta al servicio de la subjetivación de la pérdida para luego dar comienzo al duelo. En relación a la intervención en UCIN es importante destacar que a las afecciones físicas en el cuerpo del bebé se las considera como una experiencia traumática tanto para él como sus afectos y referentes afectivos. En este sentido Vega (2006) retomando a Penn(2001) habla de trauma relacional para referirse a esta experiencia. Su propuesta es generar nuevos relatos donde se atienda a la prevalencia de metáforas negativas: dependencias, deficiencias. Lo peor que puede suceder a estas familias es silenciarse, no poder comunicar la angustia y aislarse tanto entre sus lazos cercanos como sociales.

Las intervenciones en salas de maternidades y en neonatología, donde las situaciones de muerte perinatal ocurren, permiten observar la práctica y el gran trabajo entre las personas y con los equipos para favorecer derechos con intervenciones efectivas que dan lugar a espacios habilitantes para el deseo y las decisiones difíciles, favorecer aún en el horror la autonomía, capacidad y dignidad de las personas.

Generar esos espacios de reflexión entre los miembros del equipo da lugar al compartir ideologías como así también democratizar saberes sobre los que nos pasa y nos pasó en el durante y post intervención. Entonces ¿Qué significa formar parte de un equipo interdisciplinario como psico perinatales? Es una forma de conocimiento aplicado que se produce en la intersección de los saberes. Hace referencia a las diferentes miradas, al desarrollo científico-técnico, y a la profundización de los conocimientos. Se crea un modelo de trabajo donde las diferentes especialidades planifiquen sus recursos, necesidades, y medios propios y se articulen interdisciplinariamente (Stivelman, 2011).

Muchas veces en el lenguaje y descripción de las situaciones de salud gineco/obstétrica, llamar FM (Feto muerto) a la muerte intraútero de un hij*o por nacer de un* gestante por parte del equipo médico aparece entonces la actitud defensiva frente a la situación difícil de tolerar de asistir un parto de un hij* sin vida ahí donde se esperaba que el parto sea una fiesta y bienvenida a la vida se espera la muerte con el silencio insoportable para los médicos. Se los forma y capacita para recibir vida. Frente a esta situación, la disociación afectiva es operativa y necesaria, a pesar de que en ciertos casos puede presentar reacciones extremas como un intenso compromiso emocional con sentimientos de impotencia, o por el contrario actitudes de omnipotencia y anestesia efectiva o violencia. Los espacios de reflexión son una puesta a trabajar en la salud mental de l*s profesionales cuidando a los que cuidan en la tarea diaria, (Cigarroa, 2011).

 

La muerte implica procesos subjetivos y demanda políticas de cuidado

El duelo que esa familia atravesará comienza con otro, quién va a comunicarles la noticia, quién les explicará o no sus posibilidades y derechos, quién tendrá la posibilidad de otorgarles dignidad en el proceso.

Santos Redondo, Yáñez Otero y Al-Adib Mendiri (2015) proponen como "cuidados primarios del duelo" el poder explicar de modo detallado que va a suceder a lo largo del proceso de pérdida, permitirles decidir dentro de las posibilidades si quieren ver a su hij*. "Normalizar" (el comillado es nuestro) lo que están atravesando validando sus emociones. Y por último resaltan no culpabilizar a l*s *adres dado que esto puede promover un duelo patológico.

Estos hij* deseados y esperados de acuerdo a la Ley 26994 "Si no nace con vida, se considera que la persona nunca existió". Ni enfermo, ni vivo, desecho patológico inexistente en la vida jurídica para percibir garantías y ejercicio del derecho como sujet*s en el orden sociales eso implica que esos *adres en su responsabilidad compartida tampoco.

En la Provincia de Buenos Aires rige la Ley 14078, y es en el artículo °50 donde se establece que si la pérdida es menor a las 20 semanas de gestación la inscripción de la defunción es electiva. En el caso de que sea posterior a ese tiempo se procederá a certificar la muerte a nombre del padre o la madre tanto si el óbito es intraútero o intraparto.

Quiere decir que no sólo el duelo es invisibilizado también la inexistencia del lugar social de ese niñ* muerto intraútero. Si partimos desde ahí podemos pensar en un duelo por un hij* que no tiene estatuto de persona.

Al no existir protocolos para la atención frente a la muerte gestacional y perinatal la mujer en duelo suele ser internada en el piso de maternidad donde en muchas ocasiones termina compartiendo habitación con otra mujer y su bebé o bien escuchando los llantos de l*s recién nacid*s de otros cuartos o de la nursery. Es importante que esto no suceda, que se les conceda a estas mujeres un espacio en otro sitio alejado de la maternidad de la Institución y se les ofrezca atención psicológica durante su internación.

También es necesario informar al personal no médico acerca de la pérdida dado que por desconocimiento de los hechos suelen dirigirse a estas mujeres con términos peyorativos tales como "mami" "mamita" cuando ingresan al cuarto, incluso preguntando dónde está su bebé. Esto enfrenta a las mujeres en duelo a tener que dar la misma explicación una y otra vez, reviviendo la pérdida que aún está en carne viva.

Otra situación compleja es la que deviene de la lactancia cuando el embarazo estaba avanzado o el bebé fallece intraparto o a las horas de nacid*. No se suele informar a la mujer acerca de sus opciones respecto a la Lactogénesis. En general se inhibe la lactancia de modo farmacológico sin tener en cuenta su opinión, su deseo y sus antecedentes. Suele utilizarse la cabergolina como inhibidor de la prolactina siendo que se han registrado numerosos casos en los que su uso desencadena cuadros de psicosis puerperal sobre todo cuando se registran antecedentes psiquiátricos (Salinas Botrán, Urgelés Puertolas y Peregrin Abad. 2012).

Cuando la maternidad en duelo comparte tareas de cuidado de otr*s hij*s o si pueden llegar a tener un* hij* lactante y al inhibir la lactancia sin su consentimiento les impiden seguir sosteniendola con aquell*s. Esta situación genera mucho dolor, culpa y la podemos ubicar como un factor de estrés adicional debido al mal manejo de las Instituciones.

La inhibición farmacológica suele utilizarse en detrimento de la fisiológica. En este caso se estimula muy poco el pecho y se va acompañando la progresiva disminución de la leche hasta que el propio cuerpo registra que no hay bebé allí.

Otra opción poco difundida es la donación a bancos de leche. Muchas madres lo vivencian como una experiencia altruista, un modo de mantener el recuerdo de sus hij*s vivo, que su breve paso por la vida ayude a otros. La sociedad suele considerarlo morboso, es una práctica incomprendida pero quienes la realizan la vivencian como una ayuda al trabajo de duelo. Les permite ir integrando lentamente esta pérdida a su vida.

Consideramos sumamente importante poder informar acercas de las distintas alternativas y lo esperable en cada una de ellas para así poder tomar una decisión al respecto. El personal de Salud debe estar capacitado para poder informar de modo empático, para sostener a quienes están atravesando esta pérdida.

Desde nuestro rol como psicolog*s entendemos que toda pérdida necesita ser elaborada, historizada y validada. No importa la edad gestacional al momento del óbito, el dolor no se mide por peso y tamaño. Se suele silenciar los duelos tempranos por no considerarlos válidos, no hay respuesta frente a un dolor para el que ni siquiera hay un nombre asignado. Entonces ¿Qué nos parece importante tener en cuenta frente a estos casos? La formación de l*s distint*s profesionales de la salud en la temática, la comprensiòn de la importancia a la hora de comunicar la noticia, ésta debe darse de manera clara y cuidada. Se trata de poder preguntar si la madre quiere estar acompañada por otra persona al momento de hablar con ella de lo acontecido; informarle de cómo será el proceso, que puede esperar, que necesita y debe saber para afrontarlo. Queremos subrayar la importancia de ser protagonista activ* de la mayor cantidad de decisiones posibles, como por ejemplo si la pérdida será de modo natural, respetando los tiempos fisiológicos, si se darà con indicaciòn farmacológica o si se recurrirá a un legrado. Para poder tomar estas decisiones se necesita brindar la información pertinente respecto de la implicancia de estos procesos,

No infantilizar a la mujer gestante es de extrema prioridad. Se suele pensar que en ese momento de shock está imposibilitada para tomar decisiones y queremos reivindicar su rol activo en el acontecimiento. Todo esto inaugura un proceso de duelo cuyo tiempo de elaboración será subjetivo, dependiendo no sólo de estos primeros momentos en las instituciones de salud sino también de la red de apoyo con la que cuente, sus recursos internos, los duelos previos si los hubiese, entre otros.

Posicionarse desde una perspectiva del cuidado implica interpelar los marcos normativos, clasistas, sexistas, racistas, cissexistas donde se desarrollan estas relaciones sociales entre mujer, personas gestantes, familias y el equipo de salud.

Urge un protocolo de atención que funcione de organizador frente a estos casos, que le de un lugar al rol de l*s psicólog*s perinatales para que puedan acompañar a quienes estén transitando la pérdida y trabajar interseccionalmente, institucionalmente con servicios de tocogineco-obstetricia-neonatología en su implementación, acompañar intervenciones junto al equipo interviniente.

Como Psicólog*s perinatales es nuestro rol acompañar desde un lugar respetuoso, escuchando las distintas necesidades. Entendemos que aún cuando el duelo es individual el cuidado debe ser colectivo. Acompañar a las familias en el atravesamiento de su pérdida siendo facilitadores del lazo social, que trasciende el dolor personal lo sostiene y no lo invisibiliza.

Los procesos de acompañamiento tienen como contexto un tiempo histórico donde el dolor es también potencia, una potencia colectiva, femenina, ' lo femenino como potencia' dando lugar al surgimiento de los grupos de duelo, fundaciones o asociaciones. Lorde, escritora afroamericana, habla de los Usos de lo erótico: lo erótico como poder, el cual a las mujeres se nos obliga a suprimirlo a favor de pautas de poder patriarcal y dice: En realidad, lo erótico ofrece un manantial de fuerza inagotable y provocadora a la mujer que no teme descubrirlo, que no sucumbe a la creencia de que hay que conformarse con las sensaciones. Lo erótico es un espacio entre la incipiente conciencia del propio ser y el caos de los sentimientos más fuertes. Es interesante pensar esta concepción del poder en nuestras relaciones humanas y sobre todo en momentos emocionales tan intensos y transformadores. (Lorde, 2003)

A la primer instancia de retrospección, conexión con un* mism*, sumergid*en un profundo silencio y aislamiento, le sigue un momento donde se encuentra un puente con el exterior, con la necesidad de expresarse, de hablar con otr*s que hayan pasado por la misma experiencia de pérdida (Kübler Ross, 2016) y la necesidad de entramarse, de armar redes de sostén o grupos de apoyo donde 'se encuentran al calor de un relato en común ' (Nuñez, 2007).

Esta experiencia les permite sentirse reconocid*s, nombrar y autorizar ese dolor, resignificando el duelo desde una mirada humanista, despatologizadora, integrando lo bio psico social, haciendo visible lo invisible, poder expresarse y compartir. 'Encuentran apoyo, se validan, se acompañan, se consuelan y se ahonda en la parte de cambio y crecimiento que supone la pérdida ', transmite (Álvarez, 2009).

Siguiendo este lineamiento se considera al duelo como un proceso emocional, como

un movimiento saludable que permite conectarse con el dolor, poder expresarlo y compartirlo con otr*s.

Se sabe que lo no dicho, lo no integrado, lo no reconocido se manifiesta inconscientemente, como heridas o memorias del dolor tomando todas las áreas de la vida. Puede llevar a un padecimiento mayor, tornarse crónico o patológico si no se cuenta con una red de apoyo disponible según refieren autores como Worden (1997). Lo social entonces, es un factor fundamental en la elaboración del duelo aseguran estudios realizados desde la psicología de la personalidad y la psicología social transcultural (Parkes y Weiss, 1983) junto a un acompañamiento terapéutico adecuado.

Puede así observarse un pasaje desde el el dolor y duelo individual a lo colectivo, hacia la conciencia colectiva, transpersonal. Un amplio campo se comienza a abrir, desde las redes sociales, campañas de visibilización, formaciones de duelo, fundaciones, donde la fuerza de ese dolor se transforma en lucha o activismo fijando una posición, tomando un protagonismo que antes no tenía.

Hoy puede hablarse del campo del duelo, un campo donde se gestan proyectos de leyes, proyectos de protocolos, guías y recomendaciones de un mejor proceder institucional.

Sin dudas son formas de atravesar el duelo como proceso subjetivo, único, individual

pero enlazado a lo colectivo por ejemplo para la reivindicación de derechos.

Derecho a un parto respetado aún si el beb* falleció en el vientre, derecho a una muerte digna, derecho a estar acompañad*, tanto la madre, mujer, gestante como el hij*.

Esta conciencia colectiva conforma una unidad, otorgando un sentimiento de pertenencia e identidad a quienes la integran, compartiendo conocimientos, ideas, creencias y actitudes comunes entre sí, como explica Émile Durkheim y Carl Jung.

 

Algunas conclusiones

Nos parece importante enmarcar nuestra postura ética profesional desde una perspectiva de géneros y derechos. En la actualidad presenciamos múltiples maneras de tener un* hij*, pero no pensándolo simplemente desde lo cisnormativo sino incluyendo las disidencias: familias homo/monoparentales, lesbo/monomarentales, subrogación de vientre, hombres trans, entre otros.

Cuando hablamos de duelo perinatal debemos incluir y cuestionarnos nuestra mirada acerca de quiénes son los sujetos en duelo. La visión heteronormativa y patriarcal de la sociedad nos lleva a normativizar y asignar roles desoyendo a las individualidades que nos interpelan.

No debemos confundir ser mujer con ser gestante o madre. Quién gesta no necesariamente asume esa función, sino que esta deviene de un deseo que en todos los casos será único y singular. Giberti (2017) menciona como el deseo de maternidad se ve interferido por los mandatos culturales en relación al fin biológico/reproductivo de la mujer.

Socialmente se observa una distinción en los roles de quienes son los sujetos que transitan los duelos de acuerdo a su género. De la mujer se espera que pueda reponerse de la pérdida y buscar prontamente otro embarazo con el fin de realizarse como mujer madre. Esto responde al mandato social de felicidad plena a partir de la gestación, del rol de la mujer cuyo fin biológico es la maternidad, gestación y los cuidados. Por supuesto que la dimensión deseante queda anulada así como también la desolación por el duelo que se está atravesando y el desconocimiento del entorno de la necesidad de validación de la pérdida. No se pierde un embarazo, se pierde un hij*, se pierde la inauguración del rol materno/paterno. Es el futuro el que entra en jaque al caer el ideal que se había ido gestando.

Podemos pensar el duelo como una herida narcisista, una "falla" en el cuerpo que rompe con el mandato social de la felicidad en la gestación y la productividad de la mujer al tener descendencia. Esta herida no es sólo física sino también psíquica. El deseo, la libido, la ilusión, las propias fantasías están puestas en juego en ese bebé.

Badinter (1991) menciona que ciertos autores han plasmado la imagen de la mujer madre como "abnegada y sacrificial", coincidente con el discurso del instinto materno. Entonces ¿Cómo pensar este mandato en los casos de duelo gestacional/perinatal? ¿Cómo se ubica esta madre allí? Estos discursos totalitarios tienden a generar mucha culpa dado que no se pudo cumplir esa función materna de protección y cuidado de su hij*.

Del hombre se espera que sea el sostén de aquella. No hay lugar para las emociones, sino que se silencia su padecimiento porque debe mostrarse fuerte para su mujer. Esto conlleva un trabajo psíquico extenuante debido a los mandatos de fortaleza que obturan las subjetividades de los actores en juego generando un gran padecimiento.

Es importante poder corrernos, como mencionamos previamente, de los discursos binarios. El duelo es un proceso subjetivo que se atraviesa independientemente del género, y se irá transitando de acuerdo a la existencia o no de un deseo de hij*. Esos mandatos acerca del deber ser, o lo esperado obturan la subjetividad de l*s *adres.

Es a partir de esto que entendemos el duelo como un proceso dinámico que se irá dando a lo largo del tiempo, con sus avances y retrocesos.

Validar, acompañar e historizar como parte de todo proceso de duelo sano que debería ser acompañado de tratamiento psicológico si así lo requiriese. Para lograr esto necesitamos que se tome en cuenta la Salud Mental en el abordaje de los duelos perinatales y gestacionales, en un entrecruzamiento de discursos cuyo eje central será siempre el bienestar integral de las mujeres y su contexto.

A modo de cierre, hablar sobre el/los contexto/s, texto y lenguaje, la temporalidad, el género, la información, el lugar de l*s sujet*s que transitan estas situaciones de salud, las familias, el rol del equipo y cada profesional se plantean como elementos que tienen como territorio en común el cuerpo de la mujer y su salud reproductiva, una dimensión que incluye la vida y la muerte, los nacimientos y las muertes perinatales/gestacionales. Lo cual abre un espacio de doble entrada, por un lado construir un modo de trabajo entre disciplinas y por otro un modo de atención que brinda a las personas equidad y asistencia para la complejidad de acompañar estas situaciones de vida.

 

Notas de autor

El término mujer está entendendido como sujeto político e incluye en su extensión a las personas gestantes.

*El asterisco manifiesta nuestra postura de querer visibilizar a lo largo del texto otros discursos que no tipifican, ni condicionan el sentido. Entendemos que nombrar las cosas con un enfoque universal, binario y normativo no es parte del cambio cultural y social. El lenguaje no es inocente y crea realidad. El lenguaje inclusivo introduce y también activamente los movimientos sociales la mirada de equidad y género.

 

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5ta Edición - Diciembre 2020
 
 
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