ISSN 2618-5628
 
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Calidad de vida  
Adultos mayores, Pandemia  
     

 
Ser adulto mayor en contexto Covid-19. Intervenciones Neurocognitivas.
 
Allegri, Ricardo
FLENI
 
Iturry, Mónica
Hospital de Agudos Dr. Abel Zubizarreta
 
Leis, Adriana
Sanatorio de la Trinidad Mitre
 

 

"...y una mañana me sorprendió la idea de estar aislado para estar protegido..." Paciente: LS

La propuesta en este capítulo está centrada en establecer los fundamentos por los cuales las intervenciones no farmacológicas son determinantes para la calidad de vida de la persona y los pacientes en contexto de cuarentena.

 

Introducción

El adulto mayor (AM) necesita estar integrado socialmente y mantenerse activo cognitivamente para mantener estados de bienestar. Estos factores protectores están señalados en toda la literatura como determinantes para una conducta funcional.

El incremento de la expectativa de vida de la población genera que haya un aumento en la frecuencia de enfermedades que aparecen en edades avanzadas(Arizaga, 2011). El AM es una persona, y como tal, necesita de un contexto humano para seguir manteniendo su naturaleza humana. Ésta nos habla de estar integrados socialmente, necesitamos de un otro, y este factor se vio severamente afectado en contexto de pandemia. Aislados y con distanciamiento social no es el hábitat favorecedor para un AM. Se necesita de muchas fortalezas cognitivas, afectivas, conductuales y redes de apoyo activas, no siempre presentes por diferentes razones.

Envejecer saludablemente es la meta que nos motiva para seguir estudiando, analizando y comprometernos en acciones clínicas y de investigación que nos demuestran que esto se pueda lograr. ¿Cómo lo hacemos? Informando acerca de las adecuadas condiciones higiénico – sanitarias del entorno familiar y social, transmitiendo la importancia del control de ciertos factores de riesgo para minimizar el impacto de determinadas enfermedades evitables y demorar la pérdida de autonomía que es una de las variables que más afecta no solo al AM sino que a su entorno, ya que comienza una etapa de dependencia que compromete a otros familiares. Poder percibir tempranamente factores predictores de riesgo es determinante para una calidad de vida factible.

El envejecimiento lo entendemos entonces como un proceso dinámico que si bien depende de la edad cronológica, se encuentra atravesado por factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, ecológicos, la experiencia personal y situaciones

históricas. Por lo tanto, comienza con el inicio de la vida, es progresivo e inevitable y nuestra principal meta es lograr sobrellevarlo con la mejor calidad de vida y autonomía. Para ello es fundamental poder adquirir las herramientas necesarias para tomar buenas decisiones, cuidar nuestra salud física, social y mental (Rodríguez-Reyes & Durand Rill, 2018).

La realidad indica que muy pocas personas se preparan para este momento de la vida con una reserva emocional, intelectual y física que les permita transitar los últimos años cosechando los logros sembrados en el pasado. Es la construcción de una buena calidad de vida, no sólo desde el punto de vista económico (que es importante pero no determinante). La vejez no nos debe tomar por sorpresa, hay que anticiparse y asumir con responsabilidad lo que queremos para nuestro futuro.

Construir una buena calidad de vida implica una filosofía de vida donde el individuo trabaje sistemáticamente y a conciencia para crear vínculos positivos con su entorno social, laboral y familiar, fomenta un proceso de aprendizaje continuo, presente curiosidad por nuevos desafíos, aumente su reserva intelectual, ejercite su físico y alimente su salud emocional. Logrando estos objetivos y proponiéndonos nuevos retos a lo largo del ciclo vital nos permitirá anticipar situaciones y asumir responsabilidades para transitar la vejez sin que nos agarre por sorpresa. (Rojo-Perez & Fernandez-Mayoralas, 2011).

 

¿Por qué y para qué intervenir?

Se han producido muchos cambios en las condiciones de vida de las personas mayores a partir de la declaración de la pandemia y el aislamiento social en una primera etapa y el distanciamiento social en una segunda instancia, llevándonos a tomar la decisión de instalar la cuarentena como un nuevo sistema de vida donde el contacto con el otro se ve atravesado por las nuevas tecnologías y la instauración de nuevos modos de acercamiento y contacto social.

Estos hechos nos motivan a estudiar estas diversas y nuevas realidades de los adultos mayores y los efectos neurocognitivos (NC) que pueden presentarse a causa de este nuevo contexto. Hay quienes viven solos o con un cónyuge o un familiar o un cuidador formal o en residencias o institucionalizados, con o sin red familiar responsable, con o sin red social que los contenga, con o sin actividades de ocio que los ocupe.

Están quienes presentan declinaciones neuropsicológicas, deterioro cognitivo leve y/o demencia en diferentes grados de severidad. Cada una de estas realidades impone un análisis, una reflexión y una necesidad de planificar modalidades de intervenciones NC.

Se presenta una variedad de problemáticas que surgen de diferentes necesidades a partir de la pandemia. El razonamiento y juicio clínico para planificar una evaluación apropiada

y a partir de ella la implementación de las intervenciones no farmacológicas sugeridas será el desafío que nos propusimos en este capítulo.

La percepción y las interpretaciones individuales producto de los significados serán determinantes en cómo se vivirá esta nueva realidad. Como punto de inflexión surgen múltiples aprendizajes que reflejan realidades diversas que tuvimos que identificar para poder implementar nuevas estrategias y afrontar sus consecuencias.

En la práctica clínica nos encontramos con diferentes escenarios a raíz de la pandemia. Familias que han tenido que hacerse cargo de sus AM ante el temor de que un extraño ingrese en las casas de sus padres por miedo al contagio. Y ello trajo aparejados otros inconvenientes. En algunos casos la mudanza del AM a la casa de algún familiar para estar mejor asistido, o la mudanza hacia el hogar del AM o su institucionalización. Si bien estas decisiones son tomadas en pos de una mejor asistencia y protección, dejan de lado factores tan importantes como el bienestar emocional y neurocognitivo. Desde el ámbito emocional encontramos mayores niveles de ansiedad y depresión en el AM por alejarse de su hogar y sus rutinas. Desde la esfera neurocognitiva nos encontramos con AM que se encontraban atravesando estadios iniciales de alguna patología neurodegenerativa y estos cambios abruptos funcionaron como estresores agravantes de la patología de base con consecuencias negativas en su desempeño cognitivo y funcional. (Azevedo et al., 2021; Cohen, Russo, Campos, & Allegri, 2020b, 2020a).

 

Esfera física:

Hemos visto como el aislamiento social no solo ha afectado los lazos sociales y el funcionamiento cognitivo sino también los aspectos físicos por la falta de movilidad. Los individuos se han vuelto más sedentarios, pues no se les permite salir de su hogar, y esta condición además de aumentar el riesgo indirecto de otras patologías crónicas prevenibles, tiene un costo directo y es el aumento de la rigidez, dolores articulares, debilidad y entumecimiento muscular, entre otros. En esta situación es necesario intervenir ofreciéndoles alternativas posibles dentro de sus hogares, para prevenir estas dolencias y favorecer un buen funcionamiento del cuerpo en su totalidad. Junto a una indicación médica que autorice actividades aeróbicas, tenemos la oportunidad de fomentar ejercicios de elongación, estiramiento y flexibilidad acordes a la edad (OMS, 2015).

 

Esfera anímica/emocional:

Asimismo debemos intervenir sobre síntomas de ansiedad, pensamientos catastróficos, sentimientos de angustia y soledad, adoptando y construyendo nuevos hábitos acordes a la situación actual (Sandín, Valiente, García-Escalera, & Chorot, 2020).

 

Esfera neurocognitiva:

Desde una perspectiva neurocognitiva podremos abordar estas cuestiones sumadas a lo que concierne al aspecto cognitivo. El cerebro del AM aún conserva un cierto grado de plasticidad con lo cual mantenerlo ejercitado es sumamente valioso para poder prolongar su autonomía y compensar aquellos déficits que podemos objetivar mediante una evaluación neurocognitiva o incluso por la propia queja del paciente o sus familiares (Tirro, 2016).

Se plantea una intervención holística tendiente a mejorar la calidad de vida de los AM donde puedan desarrollar de forma segura sus actividades, mantener una actitud positiva y creativa para favorecer una vida productiva e independiente (Mateer, 2003).

Para Sohlberg y Mateer, quienes son dos de los pilares fundamentales en materia de rehabilitación neurocognitiva, un programa de intervención neuropsicológica debe ser lo más idiosincrático posible, ya que de esta manera se pueden proponer estrategias que sean útiles y ecológicas para un sujeto en particular (Sohlberg & Mateer, 2001).

Algunos de nuestros pacientes participaban de talleres de memoria a los que concurren semanalmente. En ellos se brindaba un espacio de estimulación neurocognitiva tendiente a reforzar las funciones mentales superiores, pero sobre todos eran encuentros grupales donde compartían con otros individuos sus experiencias de vida, se enriquecen con las vivencias e historias de cada uno de ellos, trabajamos sobre aspectos de actualidad y cultura, se realizaba una puesta en escena de diversas opiniones acerca de una temática en particular, podían compartir sus ideas, sus puntos de vista, sus logros y sus equivocaciones con un grupo de pares. Aprendían a ser más flexibles y tolerantes con el otro, aceptar que hay diferentes modos de ver las cosas y que no hay mejores ni peores, sino que todas son válidas. Eran un gran grupo de contención emocional. La pandemia puso freno a esos encuentros tan esperados y en un primer momento pareció que se disolvía lo que tanto tiempo había costado armar. La buena predisposición de las familias, al interés de los participantes y sobre todo a esa capacidad de resiliencia que encontramos y a la que apostamos ha logrado que hoy en día los talleres sigan funcionando. Sin duda reversionados, con varios cambios a los que fuimos adaptándonos, tanto los profesionales como los participantes y sus familias. Porque la virtualidad fue la estrella que acaparó nuestra atención y mediante la cual pudimos seguir conectados y apostando a la unión como grupo, a darnos contención, testimonios de vida, compartir herramientas que nos fueron eficaces en esta situación tan particular en la que nos vimos inmersos. Y las nuevas modalidades de vinculación se fueron construyendo.

 

Intervenciones no farmacológicas:

El adulto mayor es una persona y como tal necesita de un contexto humano para seguir manteniendo su naturaleza humana. La salud entendida como el bienestar físico, psíquico y social del hombre, resultante de la equilibrada interacción con el medio ambiente en que se desarrolla, se considera un indicador que evidencia tanto el desarrollo de una sociedad determinada como el de los individuos. Para caracterizar el estado de salud de un individuo se han de tomar en consideración varios indicadores entre los cuales conocer las condiciones higiénico-sanitarias de su entorno familiar y social es imprescindible. La

salud del individuo hay que determinarla como un proceso dinámico de las distintas influencias a que está sometido y como una categoría social.

Si se toma en consideración que la educación es una categoría eterna y que el aprendizaje es un proceso que acompaña al ser humano durante toda la vida, entonces se está de acuerdo en que la educación permanente es la educación organizada con carácter formal e informal que contribuye a que el individuo ensanche sus horizontes sin límites de tiempo ni espacio, con el fin de alcanzar en el grado más elevado posible su desarrollo social, personal o profesional y mediante el cual sea capaz de aprender, reaprender y desaprender permanentemente. Permite el control de determinadas enfermedades evitables y demorar la dependencia, que es lo más afecta no solo al adulto mayor sino a su entorno ya que comienza una etapa de dependencia que compromete a otros familiares o no.

A continuación se mencionan las estrategias sugeridas para el cuidado del adulto mayor en contexto de pandemia según la Organización Mundial de la Salud:

1. Respetar las medidas indicadas por la organización mundial de la salud para la prevención del contagio de la enfermedad (Higiene de manos, utilización de barbijo/cubre boca-nariz, evitar las 3 "C": Espacios cerrados, congestionados o que entrañen contactos cercanos. Evite lugares abarrotados o interiores, mantenga la ventilación de espacios cerrados. Evite tocarse los ojos, la nariz y la boca. Al toser o estornudar cúbrase la boca y la nariz con el codo flexionado o con un pañuelo, limpie y desinfecte frecuentemente las superficies, en particular las que se tocan con regularidad.

2. Mantener el contacto social con el adulto mayor y evitar su aislamiento es el pilar fundamental, implicando el uso de tecnología en muchas ocasiones como herramienta para mantenerse conectados. Ejemplo, llamados telefónicos diarios, videollamadas y plataformas virtuales. Si es posible, encuentros en espacios al aire libre y/o lugares ventilados manteniendo el distanciamiento recomendado pero asegurando la calidad de los vínculos afectivos.

3. Promover el mantenimiento de rutinas diarias que impacten es esfera cognitiva, afectiva y física. Ejemplo, rutinas de ejercicios adaptados a la movilidad e indicación profesional en cada individuo, especialmente aquellos ejercicios destinados a promover la movilidad articular y propiocepción. Las plataformas virtuales pueden ayudar a conectarse en horarios definidos de forma bi o trisemanal como acompañamiento y supervisión durante la realización de dichas actividades.

4. Respetar las visitas médicas y controles periódicos de salud, especialmente en aquellos con patologías crónicas. No modificar esquemas farmacológicos sin previa autorización profesional.

5. Si se detectan alteraciones del estado de ánimo y/o conductuales, consultar a la brevedad para iniciar un acompañamiento terapéutico adecuado. Asimismo, ser conscientes y detectar síntomas relacionados a estados de sobrecarga del cuidador, siendo que dicha circunstancia perjudica la calidad de vida del mismo y peligro

el cuidado del AM a su cuidado, consultar en estas situaciones a un profesional es fundamental para obtener estrategias que ayuden a controlar este estado.

6. Limitar la sobreexposición a canales de noticias que divulguen una perspectiva catastrófica ante la situación sanitaria actual y generen distorsiones cognitivas.

7. Si es posible, participar de talleres virtuales de estimulación cognitiva que brinden un lugar de encuentro con pares y acompañamiento por parte de profesionales para realización de ejercicios y consignas para mantener activo el desafío intelectual. En caso de individuos que no disfruten de encuentros grupales, consultar por opciones de estimulación cognitiva individual, respetando el perfil de personalidad de cada paciente.

8. Mantener y respetar horarios de sueño adecuados, evitar tiempos prolongados en cama durante las horas diarias, aprovechar horarios de luz natural para realizar los quehaceres cotidianos y rutinas de actividades mencionadas previamente. En lugares con poca exposición solar, realizar salidas diarias a lugares al aire libre como parques o plazas cercanos al domicilio como rutina y/o mantener las luces interiores encendidas durante el día mientras permanecen en casa.

9. Asegurar un plan nutricional adecuado para el adulto mayor en estas condiciones para evitar situaciones de malnutrición. Ofrecer ayuda para realizar las compras semanales teniendo en cuenta las re comendaciones profesionales para garantizar la adecuada alimentación y nutrición y no abandonar las dietas indicadas en cada caso.

10. En los casos de individuos en estadios de demencia que necesiten la asistencia diaria de cuidadores, priorizar su acompañamiento y no suspenderlo por temor al contagio, siempre y cuando se respeten las medidas higiénicas preventivas sugeridas en el primer punto.

La forma en que cada persona adulta mayor puede verse afectada por la pandemia de COVID-19 depende tanto de su salud física como de su perfil de salud integral (aspectos físicos y psicológicos). Esta modalidad de atención, desarrollada en el capítulo, es factible incluso en tiempo de pandemia y aislamiento social. El aislamiento físico no implica un distanciamiento afectivo. Vivencias de cuidados preservando la calidad de vida y estados de bienestar son el gran desafío para el equipo interdisciplinario en salud.

 

Referencias

Arizaga, R. L. (2011). Deterioro cognitivo y demencias (1a Ed; Polemos, Ed.). Buenos Aires: Editorial Polemos SA.

Azevedo, L. V. dos S., Calandri, I. L., Slachevsky, A., Graviotto, H. G., Vieira, M. C. S., Andrade, C.

B. de, … Caramelli, P. (2021). Impact of Social Isolation on People with Dementia and Their Family Caregivers. Journal of Alzheimer's Disease, 81(2), 607–617. https://doi.org/10.3233/jad-201580

Cohen, G., Russo, M. J., Campos, J. A., & Allegri, R. F. (2020a). COVID-19 Epidemic in Argentina: Worsening of Behavioral Symptoms in Elderly Subjects With Dementia Living in the Community. Frontiers in Psychiatry, 11. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2020.00866

Cohen, G., Russo, M. J., Campos, J. A., & Allegri, R. F. (2020b). Living with dementia: Increased level of caregiver stress in times of COVID-19. International Psychogeriatrics, 32(11), 1377–1381. https://doi.org/10.1017/S1041610220001593

Mateer, C. a. (2003). Introducción a La Rehabilitación Cognitiva. Avances En Psicología Clínica Latinoamericana, 22, 11–20.

OMS. (2015). Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud.

Rodríguez-Reyes, E., & Durand Rill, R. (2018). Calidad de vida en la tercera edad desde laUniversidad del Adulto Mayor. Revista de Información Científica, 97(1), 192–204.

Rojo-Perez, F., & Fernandez-Mayoralas, G. (2011). Calidad de vida y envejecimiento: la visión de los mayores sobre sus condiciones de vida (Primera Ed; V. Rodriguez.Rodriguez, F. Rojo-Perez, & G. Fernandez-Mayoralas, Eds.). Bilbao: Fundacion BBVA.

Sandín, B., Valiente, R. M., García-Escalera, J., & Chorot, P. (2020). Psychological impact of the COVID-19 pandemic: Negative and positive effects in Spanish people during the mandatory national quarantine. Revista de Psicopatologia y Psicologia Clinica, 25(1), 1– 22. https://doi.org/10.5944/RPPC.27569

Sohlberg, M. M., & Mateer, C. A. (2001). Cognitive Rehabilitation An Integrative Neuropsychological Approach.

Tirro, V. I. (2016). La vejez y el cerebro. Revista Nuevo Humanismo, 4(1), 73–80. https://doi.org/10.15359/rnh.4-1.4

 

 
6ta Edición - Junio 2021
 
 
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