ISSN 2618-5628
 
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COVID-19, Terapia Gestalt  
     

 
El impacto de la pandemia por Covid-19 en la identidad desde la perspectiva de la Terapia Gestalt
 
Brandolín, Diego G.
Universidad Nacional de Rosario (UNR)
Asociación Gestáltica de Buenos Aires (AGBA)
Centro de Estudios Psicoterapias, Interdisciplina y Comunidad
 

 

Introducción

Este artículo se propone una revisión de algunos de los aspectos que forman parte del corpus teórico de la Terapia Gestalt, una escuela de psicoterapia que cuenta con una sostenida difusión en ámbitos académicos y de la salud mental en el contexto internacional, regional y nacional, en una tradición que se ha desarrollado durante algo más que los últimos setenta años.

Los aspectos teóricos seleccionados son algunos de los considerados centrales en la descripción y explicación que propone esta disciplina para dar cuenta de los procesos subjetivos humanos. La Terapia Gestalt, anclada en el acervo de los modelos de raigambre fenomenológica, existencial y humanista, ha desarrollado una propuesta teórica relativamente completa como clave interpretativa del desarrollo evolutivo y la organización psicológica de las personas cuyas experiencias son sanas. Así como también, una serie de consideraciones sistematizadas acerca los procesos que derivan en experiencias patológicas (Brownell, 2008; Delisle, 2002; Spagnuolo-Lobb, 2013; Francesetti, Gecele y Roubal, 2013). No obstante, el carácter integrativo que ha identificado a esta escuela desde sus mismos orígenes, permite establecer puentes y un diálogo fluido con distintos modelos teóricos, con el consecuente enriquecimiento, aunque siempre respetando un marco de coherencia epistemológica que lo sustenta.

Específicamente, se presentan conceptos como self, frontera de contacto e identidad, expuestos en clave histórica con el propósito de ofrecer, adicionalmente, una visión de la evolución de la disciplina a lo largo del tiempo, sus hitos y actores principales, y algunos de sus debates.

Por último, se entregan algunas reflexiones acerca de cómo puede ser aprovechado el potencial explicativo de estas nociones, para discernir el impacto de la pandemia por Covid-19 en la experiencia humana y en la relación terapéutica.

 

Terapia Gestalt: definición y orígenes

La Terapia Gestalt es un tipo de tratamiento psicológico fundamentado en una teoría y una praxis específica. Se trata de una terapia fenomenológica-existencial fundada en la década de 1940 por Frederick (Fritz) y Laura Perls (Yontef, 2009). Fritz Perls (1893-1970) fue un neuropsiquiatra alemán que había nacido en Berlín. Laura Posner (1905-1990), quien posteriormente adoptó el apellido de su marido, era una doctora en psicología nacida en 1905 en la ciudad alemana de Pforzheim, cerca de Stuttgart. Se conocieron trabajando juntos en el renombrado Instituto de Investigaciones de Secuelas de Daño Cerebral en Frankfurt (Alemania), dirigido por el famoso neuropsiquiatra Kurt Goldstein, que a su vez estaba fuertemente influenciado por las ideas de la Gestaltpsychologie de Wertheimer, Köhler y Koffka (Gaines, 1989; Perls, 2006; Bocian, 2015).

El primer texto de esta escuela fue publicado originalmente en 1942 en Sudáfrica, donde el matrimonio Perls residía luego de haber escapado del régimen nazi. Bajo el título de Ego, Hunger and Aggression, fue traducido posteriormente en sus versiones en español como Yo, hambre y agresión (Perls, 1975). Firmada por Fritz Perls, la obra fue escrita en conjunto con su esposa Laura, que además fue autora exclusiva de dos capítulos (Gaines, 1989). Llevaba como subtítulo Una revisión de la teoría y método de Freud, en alusión al incipiente camino de alejamiento respecto al psicoanálisis freudiano que los Perls se encontraban recorriendo, aun luego de que Fritz hubiera cumplimentado todos los requisitos para ser admitido como psicoanalista formalmente por la Asociación Psicoanalítica Internacional (Bocian, 2015). En tal sentido, se ha señalado que el desarrollo de la Terapia Gestalt, al menos en principio, puede ser considerada como una escuela neofreudiana (Peñarrubia, 1998).

De todos modos, este epígrafe iba a perderse en la primera edición en Estados Unidos, que se produjo luego de la emigración de Perls hacia ese país, en 1947, trocándolo por Los comienzos de la terapia gestáltica. La obra ofrece, como prolegómeno de lo que posteriormente se desarrollaría, una primera presentación de la idea del ego como un intermediario en la totalidad holística conformada por el organismo y su entorno inmediato significativo. Como tal, se trata de una función insustancial, de modo medio, que no se encuentra localizado ni en el organismo físico, ni en el ambiente concreto en el que aquel se desenvuelve. Una función de pasaje, dinámica y fluctuante de acuerdo a las condiciones siempre cambiantes de la realidad fenomenológica del organismo y su entorno.

 

El concepto de self

El siguiente paso en la evolución y consolidación de esta escuela de psicoterapia está representado por la aparición del libro Terapia Gestalt. Excitación y crecimiento en la personalidad humana (Perls, Hefferline y Goodman, 2006), editado en 1951 en Nueva York, que operó como partida de nacimiento fehaciente del movimiento gestáltico.

La obra consta de dos partes. La primera, elaborada por Paul Goodman a partir de un manuscrito de Fritz Perls, desarrolla los fundamentos teóricos del abordaje clínico gestáltico. Goodman era un filósofo anarquista, activo partícipe de los movimientos contraculturales de la época, que sumó ideas e intuiciones propias a los fundamentos provistos por el neuropsiquiatra alemán (Stoehr, 1998).

Una segunda sección, escrita por Ralph Hefferline, con la colaboración del mismo Perls, describe una serie de técnicas y experimentos que pueden ser autoadministrados por los lectores. Hefferline era un profesor de psicología de la Universidad de Columbia, de formación conductista, que le abrió las puertas a Perls a ese ámbito académico, incluso facilitándole la posibilidad de contar con sus estudiantes como sujetos de experimentación de las técnicas, luego descritas en la obra (Perls, 2006).

Cabe aclarar que el orden original de ambos tomos era inverso, pues el primer editor de la obra pensaba que el impacto principal debería ser la parte práctica, atendiendo a razones comerciales y estilos de la época, dejando en segundo plano el desarrollo teórico. En ediciones recientes del libro, ya traducido al español, se cambió la secuencia de presentación para respetar la intención original de los autores que lo concibieron de ese modo (Vázquez Bandín, 2006).

Es precisamente en la sección escrita por Goodman donde se encuentran algunas definiciones que continúan y profundizan lo planteado en la primera obra de los Perls. Así, la psicología es definida como el estudio de la operación de la frontera-contacto en el campo organismo/entorno. La frontera-contacto no separa al organismo del entorno. Más bien, limita al organismo, lo contiene, lo protege y a la vez toca el entorno. Los autores plantean, como ejemplo de ello en el nivel anatómico, que el órgano de la piel no es tanto parte del organismo, sino que es un órgano de la relación entre el organismo y su entorno. Esta relación es el crecimiento (el término utilizado en inglés en el original es growth, que puede ser traducido como eclosión, florecimiento, desarrollo). Se describe entonces al proceso de contacto como "la actividad que tiene como resultado la asimilación y el crecimiento, consiste en la formación de una figura de interés que se destaca contra un fondo o contexto del campo organismo/entorno" (Perls, Hefferline y Goodman, 2006, p. 10-11).

En esta clave opera la comprensión de la experiencia subjetiva como un movimiento constante, no como un conjunto de propiedades estáticas intrapsíquicas. "No existe ninguna función animal que se complete a sí misma sin objetos y entornos" (Perls, Hefferline y Goodman, 2006, p. 6) escribe Goodman. Se es sensible a la interacción con el campo, no a la condición del órgano. Luego, se vuelve sobre el concepto de contacto, siempre en su acepción de proceso y no como algo estático o terminado, distinguiendo dos aspectos al definirlo como la consciencia inmediata e implícita (awareness) del campo o la respuesta motora en el campo {ver nota de autor 1}. El proceso de contacto incluye todo tipo de relaciones posibles. Todas ellas son el sujeto-objeto de la psicología.

El proceso de contacto puede expresar diferentes declinaciones. Estas son las funciones de contacto. Las mismas son descriptas por Goodman como numerosas y diversificadas, a condición de que la persona se encuentre "vagando libremente en un entorno espacioso y variado" (Perls, Hefferline y Goodman, 2006, p. 9). El organismo vive en su entorno manteniendo la diferencia, y a la vez necesita asimilar el entorno (lo diferente) para mantener su diferencia. Sobrevive asimilando lo nuevo, cambiando y creciendo. El contacto es comportamiento y awareness hacia la novedad asimilable, y rechazo de lo no asimilable.

Todo contacto es entonces creativo y dinámico, no puede ser rutinario, estereotipado o conservador. No puede implicar adaptarse pasivamente a la novedad, pues requiere de una asimilación. Es un ajuste creativo entre el organismo y el entorno: la respuesta consciente en el campo (orientación y manipulación) es el agente de crecimiento. El self es la función responsable del contacto, que opera en la frontera de contacto del campo organismo/entorno. A partir de la publicación del libro Terapia Gestalt, queda acuñado este concepto, reemplazando nociones como ego o yo que habían sido utilizadas previamente en la obra de 1942 {ver nota de autor 2}.

 

La frontera de contacto

Posteriormente, dos autores estadounidenses de relevancia en la tradición gestáltica, como Miriam y Erving Polster, retomaron la cuestión en un libro editado en 1973, pocos años después de la muerte de Perls. Allí, amplían el trabajo alrededor de la noción de contacto, y proponen definirlo como la función que sintetiza la necesidad de unión y de separación. Agregan además que la disminución de la capacidad de contacto ata al hombre a la soledad, y puede hundirlo en una situación de malestar personal (Polster y Polster, 1997).

Los Polster están especialmente interesados en detenerse y enriquecer un planteo que fuera formulado en el libro de 1951, a propósito de entender a la frontera de contacto como el órgano de una relación particular entre el organismo y el ambiente. Así, se ocupan de señalar que esta frontera de contacto, que constituye el teatro de operaciones de la función self, está determinada por toda la gama de las experiencias que una persona atraviesa durante su vida, y por las aptitudes que haya adquirido para asimilar esas experiencias nuevas o intensificadas. "Esta frontera delimita en cada persona la capacidad de contacto que considera admisible" (Polster y Polster, 1997, p. 111).

La frontera de contacto es un área fenomenológica dinámica, que tiene funciones de determinación de la calidad de las nuevas experiencias que desarrolla una persona. Dentro de la frontera, el contacto puede desplegarse con comodidad y soltura. En la frontera misma, el contacto se hace más riesgoso y la probabilidad de gratificación es menos cierta, dependiendo de las capacidades de orientación y manipulación disponibles en una persona hacia la novedad que se presenta, el nivel de integración previo de la persona, el tipo de novedad del que se trate, y otros factores más. Traspuesta la frontera, el contacto se hace casi imposible. Es el terreno donde puede tener lugar lo traumático, aquellos escenarios en dónde no es posible ejecutar operaciones de orientación o manipulación de la novedad avasallante que trae el entorno. "Cuando el ambiente se hace intolerable, se interrumpe el contacto para contrarrestar la amenaza" (Polster y Polster, 1997, p. 112).

Los autores invitan a pensar en esta frontera de contacto como un espacio vivo, no prefijado, sino expansible y contráctil en grados variables de acuerdo a la cualidad y los tipos de novedades que ofrece el ambiente significativo, cuyas características de fertilidad –o falta de ella– son fundamentales para la posibilidad de desarrollar contacto. Asimismo, importa también la disponibilidad de elección que las personas tienen, en cuanto a grados de libertad, para la consecución de las operaciones de contacto. La frontera de contacto describe el espacio concreto donde ocurren los eventos psicológicos, y es escenario donde se despliegan fenomenológicamente las funciones de contacto. El self es el sistema responsable de los contactos que desarrolla cada ser humano frente a las novedades del entorno. En condiciones saludables funciona de manera creativa y dinámica. Aunque en ocasiones, como se ha mencionado, el contacto puede ser interrumpido. Especialmente cuando el ambiente muestra algunas condiciones intolerables, el repliegue se ejecuta con el propósito de contrarrestar lo que es vivenciado como amenazante.

 

Teoría de Campo e identidad

A partir de la década de los 80' y en adelante, empezó a ponerse de manifiesto en el terreno de los debates disciplinarios, el valor de la Teoría de Campo como organizador epistemológico del enfoque gestáltico.

Si bien esta perspectiva había sido presentada con claridad -y se reportaba como una novedad refrescante en el campo de la psicoterapia- en el libro Terapia Gestalt de 1951, sus consecuencias teóricas y prácticas quedaron algo opacadas para el gran público debido al énfasis que caracterizó el proceso de difusión del enfoque en Estados Unidos, a cargo principalmente de Fritz Perls.

Perls se distanció de manera relativamente rápida de los aportes presentados en esa obra, así como también del grupo de terapeutas y formadores gestálticos, nucleados principalmente en los institutos de las ciudades de Nueva York y Cleveland, que continuaron trabajando sobre las implicancias de esos desarrollos conceptuales, liderados por Laura Perls y Paul Goodman.

Erigido en una de las figuras representativas del movimiento contracultural estadounidense, que cobraba vigor en los 50' y los 60', Perls proponía en sus giras de demostración del nuevo método clínico gestáltico un trabajo más centrado en la experiencia y en la práctica, dejando en un segundo plano la necesidad de elaborar teoría que sustente y genere cohesión alrededor del modelo gestáltico. Esta clave identitaria de la Terapia Gestalt se popularizó especialmente a partir de que Perls se instaló de forma permanente, en 1967, en el famoso Instituto Esalen, situado en California (Estados Unidos), desde donde ofrecía regularmente workshops de entrenamiento y demostración de su labor, a los que asistieron numerosos terapeutas que buscaban formarse en la perspectiva gestáltica.

Así, puede señalarse que ambas modalidades de trabajo gestáltico se desarrollaron más o menos en paralelo durante algunas décadas, popularizadas en los debates hacia el interior de la disciplina como los modelos de la Costa Este versus de la Costa Oeste, en alusión a la localización geográfica relativa de sus centros más importantes en el país de América del Norte.

De todas maneras, a partir de la década de 1980, como se ha dicho, se fue haciendo menester ampliar de forma más cabal y consistente el corpus conceptual que sirve de sustento a la Terapia Gestalt. Especialmente, a partir de las necesidades y requerimientos que los propios clínicos encontraban en su práctica, en particular en el abordaje de pacientes severamente perturbados. Ello requirió que los terapeutas gestálticos se volcaran en mayor medida al campo de la investigación clínica, además de la revisión de desarrollos conceptuales foráneos a la disciplina, pero que podrían ser sinérgicos con ella, animados por el clásico espíritu integrativo que caracteriza a esta corriente (Brownell, 2008; Spagnuolo-Lobb, 2013).

Entre otras consecuencias, ese proceso tuvo como resultado ubicar de un modo más central la cuestión de la Teoría de Campo como organizador epistemológico de la clínica gestáltica, a partir del trabajo de distintos autores de diferentes partes del mundo, dando cuenta de la incipiente internacionalización que venía protagonizando el enfoque gestáltico, como Malcom Parlett (Reino Unido), Jean-Marie Robine (Francia), Georges Wollants (Bélgica), y Margheritta Spagnuolo-Lobb (Italia), entre otros.

En consonancia con las ideas de la física moderna, la Terapia Gestalt plantea que la naturaleza e identidad de los fenómenos clínicos observados son influidas por la observación misma, en términos ontológicos. Se trata de una perspectiva presentada tempranamente en la obra ya citada de 1951, adelantada para su tiempo y mucho más adecuada a la realidad clínica que otros modelos psicoterapéuticos desarrollados en base a supuestos reduccionistas, que rastrean relaciones causales como descriptores del comportamiento humano y, en definitiva, objeto de la terapia. Los terapeutas gestálticos disponen, con ello, de la posibilidad de ver totalidades a la hora de abordar los complejos procesos que se suscitan entre terapeuta y paciente, y sus patrones de interacción. Pueden ir más allá de la mayoría de las psicoterapias, que encaran como entidades distintas y discretas a ambos actores.

El campo es el conjunto de fuerzas que se hacen presentes en cada momento del aquí y ahora de la experiencia subjetiva, moldeándola. Por ende, es ontológicamente real, está presente y puede ser experimentado fenomenológicamente (O'Neill y Gaffney, 2008). Desde una perspectiva lewiniana {ver nota de autor 3}, se diferencia éste último aspecto del campo como espacio vital, que designa más específicamente al sector del campo que puede ser experimentado por una persona. De ello se deduce que un mismo entorno ontológico es percibido distinto por diferentes personas, dependiendo de sus roles, circunstancias y necesidades.

El espacio vital tiene un conjunto de características que le es propio, y a la vez se trata de un subconjunto de todas las características que existen en la totalidad del campo. El elemento clave que organiza y da sentido al espacio vital es la necesidad experimentada por el actor que lo constituye. Aunque, por otra parte, el entorno incluye a otras personas, dando inicio a un juego dinámico en dónde las necesidades y respuestas de unos y otros se entrelazan de forma impredecible. De este modo, si bien la persona experimenta una sensación de autoría propia respecto a su espacio vital, es decir, tiene un espacio vital, al mismo tiempo la persona es de un campo indisolublemente. Las personas no están en un campo, sino que son parte misma de ese campo.

En tal sentido, en la obra de 1951 se había introducido la noción de self, como se reseñara más arriba, como una función del campo organismo/entorno. Se encuentra como tal, indistinguiblemente unida a la totalidad en términos epistemológico y ontológico. La sensación que una persona experimenta de estar separado del todo es, en términos estrictos, una ilusión que cumple una función organizadora de la experiencia. A lo largo de la vida, las operaciones de contacto que se producen en la frontera entre organismo y entorno van delineando una serie de patrones de contacto, o modalidades que demostraron ser exitosas para que el organismo tome lo que necesita y deje afuera lo que no. Posteriormente, se recurrirá a estos patrones para orientar el funcionamiento del self en nuevos escenarios, o nuevas configuraciones que adopte el campo, dando lugar a lo que en la teoría de la Terapia Gestalt se conoce como función personalidad del self.

De esta manera, la noción de identidad es entendida como aquella que se conforma de modo dinámico, siempre potencialmente cambiante (O'Neill y Gaffney, 2008). Expresa los patrones de contacto adquiridos a lo largo de la historia personal, y una versión narrativa de sí misma que puede potenciar la incursión en nuevas formas de experimentación en el entorno, o relegarla. De hecho, la posibilidad de que la identidad se exprese de manera flexible ofrecerá mayores oportunidades a las personas, que experimentan un campo y un espacio vital fluctuante, y es un indicador de salud. A su vez, esas variaciones impactan recursivamente en la dinámica de la propia identidad, pudiendo suceder que en ocasiones se desplieguen circunstancias extrañas y problemáticas, tan alejadas de la frontera de contacto que pueden implicar distintos grados de repliegue y desorganización de la experiencia.

 

El campo asediado: pandemia por Covid-19

El 20 de marzo de 2020 se declaró oficialmente en Argentina el imperio de un conjunto de medidas con el propósito de contener el inminente despliegue de la pandemia por Covid-19 en el territorio nacional. Días antes, el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud emitía una declaración en la que subía precisamente a la categoría de pandemia a este problema de salud colectiva. En los meses previos, los medios periodísticos daban cuenta del avance de la crisis sanitaria en distintos países y continentes, que fueron configurando una realidad concreta y acuciante. Quedaron muy atrás los primeros datos, caracterizados por cierta vaguedad, que se habían ido difundiendo desde fines del año anterior respecto a esta nueva y lejana epidemia que parecía irse desarrollando en extremo oriente.

Desde entonces, se han reportado numerosos efectos concretos que se han producido en el campo experiencial de todas las personas, entre las que se pueden enumerar:

- Restricción de libertad para movilizarse.

- Aumento de horas diarias de aislamiento físico.

- Disminución de contacto con los vínculos.

- Peligro de enfermar y/o morir.

- Peligro de que enfermen y/o mueran seres queridos.

- Cambios en las condiciones económicas y materiales.

- Aumento de la interacción virtual.

- Bombardeo de noticias y rumores no necesariamente verdaderos.

- Expectativa catastrófica alimentada por medios de difusión.

- Disminución de actividades placenteras.

Este listado podría ampliarse. Además, cabe señalar que el impacto de esta caracterización no ha afectado de forma homogénea a los diferentes grupos poblacionales, especialmente en cuanto a las situaciones de vulnerabilidad social. El tema ha sido recogido en documentos institucionales que han sistematizado una serie de recomendaciones para afrontar la situación de pandemia desde la perspectiva de la salud mental (Gallegos y otros, 2020).

Por otra parte, superado el primer año de convivencia con la pandemia, y a punto de completar el segundo, la salida parece aún muy lejana. No es posible configurar un panorama con algún grado de certeza, a juzgar por las cambiantes realidades sanitarias en todo el globo, la velocidad de las mutaciones del virus y los distintos conflictos que plantean problemas como la resistencia a las inmunizaciones, la inequidad en la distribución de vacunas entre los estados y continentes, la falta de acceso a condiciones de salubridad mínimas por parte de grandes franjas de población, las movilizaciones sociales espontáneas u organizadas en protesta ante el estado de la situación, el uso político -en sentido negativo- que han hecho del tema algunos dirigentes, y un largo etcétera.

Desde la perspectiva de campo que aporta la Terapia Gestalt, es razonable plantear que los procesos que configuran la noción de identidad se han modificado de un modo sustancial bajo el impacto del conjunto avasallante de novedades que está imprimiendo la pandemia a la vida cotidiana.

Las personas están viviendo una experiencia sostenida que pone a prueba sus capacidades de flexibilidad para afrontar situaciones complejas e inéditas. Asimismo, la sensación de continuidad en el tiempo y de inexistencia de una salida visible, han establecido un signo de cronicidad en las tensiones y problemas cotidianos frutos del estado de pandemia.

En el terreno de lo clínico, en aquellas situaciones en las que los tratamientos pudieron seguir realizándose sin verse interrumpidos por las restricciones propias de la pandemia, o por dificultades económicas y/o de acceso a la continuidad, el impacto de la pandemia se ha sobreimpreso a los temas que se podían estar elaborando en los procesos terapéuticos, conviviendo con ellos o aun desplazándolos a un segundo plano de importancia. Por otra parte, la posibilidad de persistir en los tratamientos mudándolos al formato virtual de manera masiva, ha traído aparejadas una serie de modificaciones de la situación clínica y el vínculo terapéutico que plantean problemas a estudiar cuidadosamente.

Con todo, el terapeuta gestáltico dispone de un repertorio conceptual que le sirve de apoyo para explorar fenomenológicamente la realidad experimentada por sus pacientes. Relevar el impacto de las diferentes situaciones que la pandemia trae aparejado a sus vidas y relaciones, y el modo en cómo la propia identidad de los consultantes se modifica activamente para afrontar los problemas. O aun, las formas en que sucumben a ellos.

Además, la perspectiva de campo adoptada invita también a prestar atención a los estilos en los que la propia vida del terapeuta ha cambiado en el contexto de pandemia, y de qué maneras esas modificaciones se hacen presentes en el encuentro clínico, y en la continuidad de la elaboración de la relación y el proceso terapéuticos.

 

Notas de autor

1. Muchos autores gestálticos que escriben en español (o traductores a esta lengua) han insistido en conservar el término awareness en su idioma original, dado que no tiene una transcripción precisa, pudiendo considerarse probablemente como más aproximada la señalada en esta cita. También se han propuesto formas como darse cuenta, percatamiento, hacerse consciente, etc. Ésta última especialmente ha generado en muchas oportunidades, para lectores legos en la disciplina, una confusión con la noción más cercana al modelo freudiano de conciencia reflexiva, que en clave gestáltica se describe más bien con el término en inglés consciousness, aludiendo al proceso cognitivo e ideativo que posteriormente Perls integraría bajo el concepto de fantasía o Zona Intermedia, para diferenciarlos del mundo de los objetos concretos y del mundo del propio cuerpo (Perls, Sueños…).

2. Sucede con este término algo análogo a lo señalado en referencia a awareness, en el sentido de que en muchas traducciones se prefiere conservar el término en su idioma original. Pues la traducción sí-mismo, que correspondería al español, enfatiza demasiado la dimensión sustantiva de algo que, en esta perspectiva, es en definitiva la descripción de un proceso.

3. En referencia a Kurt Lewin (1890-1947), psicólogo alemán referente de la Gestaltpsychologie, a partir de cuyos preceptos desarrolló numerosos aportes en el campo de la psicología social.

 

Referencias

Bocian, B. (2015). Fritz Perls en Berlín. 1893-1933. Buenos Aires, Argentina: Cuatro Vientos/ Del Nuevo Extremo.

Brownell, P. (2008). Manual de Terapia Gestalt. Teoría, investigación y práctica. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Delisle, G. (2002). Las perturbaciones de la personalidad. Una terapia gestáltica. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Francesetti, G.; Gecele, M. y Roubal, J. (2013). Terapia Gestalt en la Práctica Clínica. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Gaines, J. (1989). Fritz Perls. Aquí y ahora. Santiago, Chile: Cuatro Vientos.

Gallegos, M.; Zalaquett, C.; Luna Sánchez, S.E.; Mazo-Zea, R.; Ortiz-Torres, B.; Penagos-Corzo, … Lopes Miranda, R. (2020). Cómo afrontar la pandemia del coronavirus (Covid-19) en las Américas: recomendaciones y líneas de acción sobre salud mental. Revista Interamericana de Psicología, 54(1), 1-28.

O'Neill, B. y Gaffney, S. (2008). Estrategia teórica del campo. En Brownell, P. (compilador) Manual de Terapia Gestalt. Teoría, investigación y práctica (pp. 315-352). Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

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Perls, F., Hefferline, R. y Goodman, P. (2006) (3° Ed.). Terapia Gestalt. Excitación y crecimiento en la personalidad humana. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Stoehr, T. (1998). Aquí, ahora y lo que viene. Paul Goodman y la psicoterapia Gestalt en tiempos de crisis mundial. Santiago, Chile: Cuatro Vientos.

Spagnuolo-Lobb, M. (2013). El ahora-para-lo-siguiente en Psicoterapia. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Vázquez Bandín, C. (2006) Introducción a la edición española. En Perls, F., Hefferline, R. y Goodman, P. Terapia Gestalt. Excitación y crecimiento en la personalidad humana. Madrid, España: Sociedad de Cultura Valle-Inclán.

Yontef, G. (2009) (6° Ed.). Proceso y Diálogo en Psicoterapia Gestáltica. Santiago, Chile: Cuatro Vientos.

 

 
7ma Edición - Diciembre 2021
 
 
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