ISSN 2618-5628
 
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Pareja  
Psicoterapia, Terapia de parejas  
     

 
Ideas actuales sobre el trabajo con parejas beligerantes en relación con sus enfrentamientos
 
Biscotti, Omar O.
Instituto Sistémico de Buenos Aires (ISDEBA)
 

 

En el trabajo con las parejas, encuentro como terapeuta que casi en la totalidad de las consultas, el síntoma presente es el enfrentamiento, las peleas, las discusiones interminables y desgastantes. Una sensación de fracaso acompaña al pedido de ayuda y un gran agotamiento del vínculo y sus participantes. Para protegerme de terminar con la misma sensación, desarrollé una breve modalidad para diseccionar esos enfrentamientos y contribuir a que sus participantes asuman la mutua responsabilidad en ellos y, a partir de allí, buscar una salida diferente del conflicto. Acompaño esto con reflexiones sobre el sentido de las peleas, los sentimientos que las promueven y aquellos que se desprenden de ellas. La pregunta sigue siendo el gran recurso para lograr junto con la pareja, un desarrollo en un nivel diferente y promover de nuevo la empatía. Ilustro estas ideas con el relato de 4 casos con distintas modalidades estructurales y temáticas.

 

 

Algo que me están haciendo pensar las parejas que atiendo, es que encuentro dos tipos fundamentales de intercambio entre sus integrantes, dentro de las entrevistas y alrededor del tema que suele convocarlas a la consulta: los desacuerdos, los enojos, la furia, las frustraciones, las desilusiones, traducido todo en fuertes enfrentamientos. Casi en su totalidad las parejas consultan por este motivo. En uno de los tipos de esos intercambios, las discusiones son alrededor de un tema principal, con otros menores que están concatenados con éste. En el otro tipo, los temas son múltiples, cambiantes y ninguno logra la calidad de central ni permanente. Cada tipo condiciona, o influye al menos, en mi forma de trabajar. Y, a partir de esto, desarrollo las siguientes ideas.

 

ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL

Pedro y Viviana conforman una pareja de alrededor de 40 años, con dos hijos pequeños, de 5 y 3 años. Están juntos hace 10 años y viven en una ciudad de provincia, cerca de la familia de Viviana. Ella es psicopedagoga y él paisajista y horticultor. Tienen mucho en común, proyectos para el futuro, buena complementariedad en varias áreas de la vida pero, así y todo, cada tanto se acercan a la idea de separase. De hecho, lo hicieron hace un par de años, durante unos meses, volviendo luego a estar juntos de una forma muy "natural" o espontánea. Podemos pensar que es una pareja que fluye amablemente, excepto en algunos momentos que pueden ir in crescendo, en los cuales aparece la furia, que no pasa de intercambios verbales hirientes después de los cuales reaparece el "nos tenemos que separar". Ambos comparten la idea de que su pareja es como un volcán que explota periódicamente.

Imaginemos como en una película estas escenas: Viviana le propone a Pedro, al mediodía, que al terminar ella de atender su consultorio, alrededor de las 7 de la tarde, pase por allí con los niños, para ir a tomar unos helados, y él acepta gustoso la propuesta. Era una tarde de verano, en la que Pedro salió con sus hijos, estuvo jugando con ellos y también haciendo trabajo en su huerta y su jardín acompañado por los niños. Alrededor de las 6 de la tarde regresaron a casa y Pedro se sentía cansado. Bañó y vistió a los niños, sintiendo que no tenía ganas de cumplir con el programa propuesto. A pesar de eso, decidió no decírselo a Viviana, se obligó a no cancelarlo y para allí partieron, caminando unas pocas cuadras. Pedro no modificó la decisión, sintiendo una lucha interna entre dos aspectos en pugna: uno de ellos le decía que no fuera y le avisara a Viviana que estaba muy cansado y otro le decía que sí tenía que hacerlo porque lo había prometido a su familia y debía cumplirlo por ser un buen padre y, sobre todo, un buen marido. Con esa dicotomía en él, partió con sus hijos. Al llegar, Viviana prontamente lo vio con gestos de cierto enojo y fastidio: su actitud corporal, su tono de voz, la manera de hablarle a los niños y a ella misma, lo reflejaban. Ante esto Viviana decide no hablar sobre eso, ni preguntarle nada, esperando que se le pasara y tratando de no abrir una situación que pudiera traer un conflicto. Estas expectativas no se cumplieron y el malestar entre ambos, y dentro de cada uno de ellos, fue creciendo. Las propuestas de Viviana, al estilo de "¿Cruzamos a la plaza a tomar el helado?", eran rechazadas por Pedro de forma desairada, lo que aumentaba el malestar y enojo de Viviana que no comprendía a qué se debía. A pesar de esto, ella seguía sin nombrar lo que percibía ni averiguar nada al respecto. Al llegar a la casa, ambos explotaron: Pedro furioso por haberse "sacrificado" contrariando lo que realmente deseaba hacer y Viviana por haber recibido ese malestar de él sintiendo que no lo merecía. Al día siguiente pudieron disculparse, reflexionar sobre lo sucedido, comprender su parte cada uno y cómo lo habían sostenido y desarrollado.

Las peleas y fuertes discusiones en una pareja, cumplen la función de aliviar la tensión que se acumula en la relación cuando no encuentran una forma diferente de transformarse.

Pedro hubiera podido llamar a Viviana y decirle que estaba muy cansado, que prefería quedarse en casa y que, si ella quería, pasara a buscar a los niños para salir con ellos. Viviana hubiera podido preguntarle a Pedro si se sentía mal por algo o si estaba cansado y prefería no estar paseando con ella, para que no se sacrificara.

Pero no lo hicieron. Temieron algo que quisieron evitar al no hacerlo y, paradójicamente, lo potenciaron y contribuyeron a desencadenarlo de forma más dramática. Se instaló el miedo, la anticipación temerosa y las creencias e inferencias sobre ellos mismos, que sostuvieron las actitudes tensionantes. Faltaron palabras, tanto para expresar lo que se sentía y deseaba como para preguntar y comprender. Ambos lograron, una vez más, ubicarse en víctima del otro y poder desarrollar la furia concomitante. Ambos habían quedado prisioneros de sus propias decisiones, pero no lo asumieron así, sino que se lo adjudicaron mutuamente al otro.

Esta escena entre Pedro y Viviana, es meramente un ejemplo de cómo el enfrentamiento en una pareja puede ir apareciendo y creciendo hasta que la explosión agresiva lo libera. El amor y otros sentimientos cariñosos, se resienten.

 

PAREJAS BELIGERANTES

Denomino así a aquellas que refieren una relación con muchas discusiones, muy encarnizadas algunas, llegando a plantearse la separación en medio de esos enfrentamientos en los que se agreden de palabra y de forma muy hiriente, tal el registro que ambos tienen de los mismos.

Estas parejas, en las entrevistas conmigo, también tienden a desarrollar esos enfrentamientos. Cuando hablo con uno de ellos (permítanme usar el masculino como representativo de ambos géneros, tal como lo establece la RAE), el otro suele interrumpir para continuar con el estilo confrontativo que tienen habitualmente. Aquél con el que estoy dialogando, deja la conversación y se enfrenta con el otro. O le transmite el mensaje: "Yo no te interrumpí, no me interrumpas vos", que puede ser atendido por el otro o no. En caso de que no lo sea, habitualmente el que solicitó no ser interrumpido, se suma a la discusión que le ofrece el partenaire; no puede resistirlo.

En esos momentos me siento excluido, ignorado. Esto puede suceder tanto en una primera entrevista, en la cual puedo no estar aún incluido en un sistema que trataremos de armar con la pareja, como en entrevistas posteriores, donde ya habríamos logrado desarrollar alguna conversación entre los tres.

En estas circunstancias, me asaltan dos temas a modo de preguntas a mí mismo:

  1. ¿Cómo logro tener un lugar en esta relación o cómo logro recuperar mi lugar entre ellos?

  2. ¿Qué valor tienen las discusiones en esta pareja? ¿Qué función cumplen, qué defienden con ellas, qué quieren lograr?

Iré desarrollando algunas ideas y propuestas a partir de estos interrogantes.

 

DISECCIONANDO LOS ENFRENTAMIENTOS

En un intento de ir respondiéndome, voy a transmitir detenidamente una forma típica de hacer una disección para conocer la estructura, o una deconstrucción para percibir los componentes en juego, en una escena de pelea o enfrentamiento. Para eso, vamos a adentrarnos en el diálogo con una pareja: Daniela y Marcos.

Hace 25 años que están juntos y tienen 4 hijos de entre 19 y 10 años. En la primera entrevista se despliega una situación en la que Daniela acompañó durante muchos años a Marcos en su actividad. Éste era deportista profesional, jugando fuera del país, lo cual marcó el ritmo de la familia hasta hace 8 años. En ese momento, él decide por su edad, retirarse de la competencia y todos regresan a Buenos Aires donde antes vivían. A partir de ahí, Daniela se dedica a desarrollar su propio trabajo que había quedado relegado por el de Marcos y el estar fuera del país ocupándose de los hijos que, precisamente en esta etapa, fueron llegando a la familia. Marcos por su lado, está viviendo su "duelo profesional" como él mismo lo denomina, sintiéndose perdido en su nuevo e indefinido rol que no termina de encontrar, ni en el trabajo ni en la familia.

En el decir de Daniela, que Marcos comparte, escuchamos: "Algo que se instaló desde que cambiamos nuestra manera de vivir es que cuando hablamos, ninguno de los dos cede nada. Es como un duelo de titanes. Y otra cosa que se instaló es como un espiral que gira en el que podemos meternos y estar como tres días discutiendo de cualquier cosa, sin ninguna resolución. Entramos en un círculo del que no podemos salir."

Le pregunto a Daniela: ¿qué te parece que estás defendiendo cuando discutís sin parar?, tratando de indagar sobre el sentido que tiene para ella la contienda.

Daniela: Estoy protegiendo a la mujer que soy ahora. Si cedo voy a caer en ser la mujer que Marcos quiere que sea, la de antes. Y yo no quiero. Estoy haciendo terapia y trabajando mucho sobre mí misma, para sostener estos cambios y eso nos trajo muchos roces.

Una semana atrás de la primera consulta, Marcos se había ido por una noche de la casa, como una forma de poner fin a la discusión de una manera diferente. Esta acción los motivó a buscar la intervención de un tercero.

Le pregunto luego a Daniela qué intenta lograr cuando sostiene su lugar en las discusiones. Responde: "Quiero conseguir que Marcos me comprenda y me acompañe en el momento en que estoy, como yo lo acompañé siempre a él".

Tanto durante el tiempo que vivieron fuera del país, como antes de irse, la pareja y la familia giró alrededor de los proyectos y contratos de Marcos en su vida deportivo-profesional.

Continuando con la disección, le pregunto a Daniela a qué se refiere cuando habla de comprensión. Y dice: "Cuando hablamos, siempre me da soluciones. Si digo que estoy preocupada o angustiada por un tema de mi trabajo, yo espero que me contenga con un abrazo, por ejemplo. Me dice que no me ponga mal. Y yo no puedo".

Entiendo que aparece aquí una temática profundamente atravesada por las diferencias de género. Marcos no sabe qué hacer ante los sentimientos de Daniela y ella termina sintiéndose incomprendida y sola. La tendencia masculina en esas circunstancias, es la de intentar resolver y cambiar la situación. Si esto no es posible, como en este caso, Marcos rechaza el tema exigiendo de Daniela algo imposible ya que no tolera que ésta se encuentre en ese estado. La tendencia femenina de compartir los sentimientos no tiene cabida en este intercambio, ya que choca con la masculina de transformarlos inmediatamente y, si no se logra, rechazarlos o desmerecerlos: "No es para tanto".

Daniela sí sabía acompañar los momentos difíciles de su pareja, pero ahora dice que ya no está dispuesta a seguir haciéndolo. Esto hace referencia directa al momento de duelo que Marcos dice estar transitando. Daniela teme volver a caer en su rol de "acompañante" si se acerca, como una forma de salvarlo.

Marcos, desde su percepción, dice: "Siento que no hay eco cuando menciono cosas que necesito. Muchas veces quiero llegar a un acuerdo en cómo manejarnos con nuestros hijos, sobre todo los adolescentes, y no lo logro. Siempre hay que hacer las cosas desde el punto de vista de ella. Mi palabra no la toma en cuenta, ni mis ideas."

El terreno de los hijos era exclusivo de Daniela. Ahora Marcos está más presente y no logran desarrollar una conducción conjunta, en equipo. Sobre esto dice: "Me reprocha que ella se postergó por seguirme a mí. Pero yo no la obligué; creía que ambos estábamos de acuerdo en que fuera así."

Daniela se encuentra desarrollando sus actividades postergadas durante el tiempo de acompañamiento de la carrera de Marcos, al mismo tiempo que éste está viviendo la pérdida de una profesión que le generaba mucho placer y reconocimiento internacional. Ella en ascenso, él en descenso.

En otro momento de la entrevista, también le pregunto a Marcos qué quiere lograr cuando sostiene la pelea en esas interminables discusiones: "Quiero que me tenga en cuenta, que no me tome siempre como un rival, sin que lo mío pese para nada. Me tengo que estar resguardando".

Pregunto entonces cuál le parece que es el peligro y dice: "De que no exista; si me callo puedo desaparecer."

Ambos se protegían del riesgo de ser anulados por el otro.

En el siguiente contexto se desarrollaban las peleas: trabajaban juntos en una actividad de entrenamiento deportivo liderada y desarrollada por Daniela. Marcos, que en su actividad profesional había sido capitán del equipo, debía incluirse en un lugar de subordinación al liderazgo de su pareja. Ella expresa: "Me fui retirando de la presencialidad (situación definida por la pandemia de Covid-19) y lo vi ir avanzando como una locomotora; no lo detiene nadie."

En el último tramo de la entrevista, y ya diseccionada/deconstruida la estructura de la contienda, les propongo que cada uno le diga, en pocas palabras al otro, como lo/la está sintiendo en la relación. Un paso después, quien recibe esto, pregunta: "¿Qué puedo hacer para ayudarte a no sentirlo?" y escucha la también breve respuesta. La propuesta de brevedad en estos intercambios trata de que la pareja no vuelva al camino de los reproches ni al juego acusación/defensa que desencadena los enfrentamientos.

Por último, le propongo a ambos que estén particularmente atentos en los días siguientes, a satisfacerse en esos últimos pedidos.

Esquema de la disección/deconstrucción:

  1. Focalización, por consenso, en el tema: los enfrentamientos sin fin.

  2. Pregunta a uno de ellos: qué está defendiendo/protegiendo en esos enfrentamientos (sentido personal de la contienda).

  3. Pregunta al mismo integrante sobre el objetivo de la contienda: qué desea lograr (en el otro).

  4. Pregunta al otro integrante sobre qué se encuentra defendiendo/protegiendo en los enfrentamientos.

  5. Pregunta al mismo integrante sobre el objetivo de la contienda: qué desea lograr (en el otro).

Resolución:

  1. Propuesta a un integrante: que brevemente le diga al otro cómo lo está sintiendo en la relación

  2. El que lo recibe pregunta: ¿Qué puedo hacer para ayudarte a que no sientas eso?

  3. El primero responde brevemente.

  4. Los mismos 3 anteriores pasos con el otro integrante de la pareja.

  5. Propuesta conjunta de focalizarse en el pedido del otro e intentar satisfacerlo.

 

PAREJAS DE ESTILO "MONOTEMÁTICAS"

Si las discusiones se centran alrededor de un tema principal o casi excluyente, decido continuar profundizando el mismo con cada uno de ellos. Frecuentemente esto se ve perturbado por la tendencia a enfrascarse en las habituales discusiones alrededor del tema conflictivo, dificultando mi participación y la construcción de un diálogo. Para que me lo permitan, les pido que me escuchen a ambos, llamándolos por sus nombres, en un tono más bajo que el que ellos están utilizando, y de forma repetida. Si logro que detengan su enfrentamiento, les digo que si podemos continuar conversando entre los tres, seguiremos adelante con la entrevista. En caso contrario, tendremos que transformarla en una entrevista con cada uno por separado. "No puedo hablar con ambos al mismo tiempo, sino con cada uno por vez. Los invito a que escuchen estas conversaciones. ¿Les interesa como para intentarlo? Si después necesitan continuar con su contienda, pueden seguir haciéndolo luego de la entrevista. ¿Están de acuerdo?" Entiendo aquí que tengo que rescatar y establecer mi palabra en el diálogo de ellos que, al tomar la forma de un enfrentamiento intenso, no permite una desviación o postergación del mismo. Mi propuesta conlleva un tono y ritmo diferentes al de la intensidad de sus intercambios; a pesar de que concurren para transformarlos, aparece la tendencia a mantenerlos, y el rechazo hacia mi voz y mi presencia podría indicar el riesgo de no seguir teniéndolos.

De ser posible entonces, continuamos trabajando con el núcleo de sus enfrentamientos, tratando de desplegar caminos alternativos que no son los que suelen recorrer ellos al discutir el tema; habitualmente esos caminos pasan por:

  • Preguntarles cómo cada uno se siente definido y tratado en la discusión con el otro.

  • Preguntarles qué sentimientos les despiertan esas experiencias.

  • Preguntarles qué transmite de eso que siente, cada uno a su pareja.

  • Preguntarles sobre cómo les parece que el otro se siente al recibir su forma de tratarlo al discutir.

  • Preguntarle a cada uno si es eso lo que desean que su pareja sienta por él/ella.

  • Preguntarles sobre cuál considera cada uno que es su propia responsabilidad en el mantenimiento de las discusiones y la agresividad.

  • Preguntarles sobre cuál es la intención que tienen al sostener su posición en la discusión: qué quieren lograr.

  • Preguntarles sobre cuál sería una forma diferente de intervenir en esas situaciones, tal que se sintieran mejor con ellos mismos.

  • Preguntarles sobre cómo creen que influiría esa actitud diferente en el otro.

    LO QUE QUIERO LOGRAR Y NO ME PERMITO HACERLO

    Ella, Sonia, de 51 años. Él, Gerardo, de 65. 20 años juntos. Dos hijos propios y otros tantos de un primer matrimonio de él. El inicio de la pareja: Gerardo ayuda a Sonia, luego de la muerte del padre de ella, a defenderse de la familia que codiciaba los bienes que ella heredó de su progenitor, el cual funcionaba como un benefactor y patriarca de toda una troupe familiar. Gerardo protector, Sonia protegida. Enamoramiento. Sonia, con el tiempo, va creciendo y no precisa tanto de la protección de Gerardo. Además de los hijos, comparten la conducción de una empresa familiar, heredada de aquel padre poderoso. Terreno actual de sus conflictos. Sonia tiene la responsabilidad de que aquella no fracase: siente que los ojos de su padre la miran y controlan. Eso mismo hace ella: controla y vigila todo lo que se hace en ese ámbito. Gerardo secunda, pero ya no protege. Perdió su función de seguridad y con ella, perdió la calma y la tranquilidad en la relación. Cuando Sonia lo "dirige", él se irrita, alza la voz, se enoja, se ofende, como un intento de lograr ser respetado o considerado y de detener lo que percibe como un avasallamiento. Pero logra lo contrario. Sonia exige, tanto a Gerardo como al resto de la empresa. Sus modos, para él, son muy agresivos y no puede secundarla en sus reclamos al personal. Termina defendiendo o protegiendo a aquellas personas que ella "maltrata". Gerardo se ve reflejado en ellas. Sonia sufre y termina sintiéndose sola. Las debilidades de ambos son ocultadas: Sonia pide colaboración y ayuda, pero controla y critica todas las operaciones que quedan a cargo de Gerardo; nunca aparece su temor de fracasar, su miedo y su culpa si esto sucediera. Gerardo no la puede proteger más. A su vez, él oculta su miedo de perderla al no ser más el protector, precisamente cuando ya no puede deslumbrarla. La capacidad ejecutiva de ella es superior a la de él, y eso a Gerardo le aumenta su temor. Si la secunda, si queda bajo sus órdenes, se desespera y pugna por ser valorado. Sonia es hiperactiva, incansable; Gerardo es más relajado, más confiado. Sonia precisa que no haya errores: esto la asusta. Gerardo no es tan exigente, lo que aumenta el temor y el consecuente control de todo por parte de ella. Él pierde seguridad en sí mismo ante esto, mientras que ella está muy desbordada y se enoja cuando no recibe ayuda. Ayuda que, por otra parte, no solicita o no valora, si no se hacen las cosas como ella espera. Caen entonces en la construcción de una paradoja donde Sonia nunca llega a ser ayudada y contenida como expresa quererlo ser, haciendo todo lo posible también para evitarlo. Gerardo rompe en un enojo, en gestos de fastidio al no poder encontrar nunca un lugar valorado; por lo tanto, no se conmueve ante la sobrecarga de Sonia, la percibe como exagerada y, de esta forma, reconfirma el lugar de soledad de ella y de exclusión o fracaso de sí mismo. Enojo, discusiones, peleas, amenazas de separación que nunca se concretan suelen poblar la relación. Varias consultas con diferentes terapeutas de pareja, que no cambiaron el estilo de la relación, se sucedieron en el tiempo. En la conducción de la empresa en común, Sonia por sus temores y necesidad de supervisar, invade los terrenos de Gerardo; dichos terrenos nunca terminan de quedar bien definidos. Ambos dicen que cuando están solos, alejados de la empresa que tanto esfuerzo y peleas les insume, están muy bien: se acompañan, se escuchan, se desean. Sin embargo, estos encuentros son muy esporádicos y suelen ser arrasados por el fragor del trabajo y las urgencias en la empresa. La pareja queda descuidada, casi sin tiempo, abandonada y fuertemente agredida cuando se atacan entre ellos. Esto también se refleja en los encuentros conmigo: un par de veces se han olvidado o han tenido que suspender alguno por una emergencia de la empresa. El espacio de disfrute y placer de la pareja queda siempre postergado y va siendo ocupado, casi colonizado, por el del esfuerzo y el maltrato. A veces me he sentido como se podría sentir la relación entre ellos: descuidado, postergado, anhelado pero desprotegido.

     

    PAREJAS DE ESTILO "PLURITEMÁTICAS"

    Si las discusiones no se centran en un tema principal, sino que se desencadenan por circunstancias y temáticas múltiples, el foco lo coloco en los sentimientos de cada uno sobre el otro y el sentido del acto de discutir. La aproximación, suele pasar por:

  • Preguntarles sobre qué desea obtener cada uno con esas discusiones.

  • Preguntarles sobre cuál cree que es el sentido que tiene el discutir, como forma habitual de intercambio entre ellos.

  • Preguntarles desde cuándo se han instalado las discusiones entre ellos con tanta asiduidad.

  • Preguntarles sobre los sentimientos que generan esas discusiones: ¿Qué y cómo se siente cada uno, consigo mismo y con el otro, al comenzar a discutir? ¿Qué y cómo se siente cada uno consigo mismo y con el otro, al terminar la discusión?

  • Preguntarles sobre qué efecto creen que tienen esos intercambios en el desarrollo de la pareja.

  • Preguntarles sobre la responsabilidad que cree tener cada uno, en el sostenimiento de esas discusiones.

  • Preguntarles sobre qué cree que podría hacer cada uno de diferente, para transformar esas discusiones.

  • Preguntarles sobre cómo cree cada uno que influiría en el otro, esa actitud diferente.

    En ambas modalidades, hay preguntas que se repiten y otras que son más específicas de cada una en particular. Cuando el tema es central, se combinan las preguntas sobre el sentido y valor de las discusiones, con aquellas que hagan al contenido en sí de lo discutido (por ejemplo: decisión de tener hijos, relación con las familias de origen, tiempo dedicado al trabajo, situaciones de infidelidad o celos, frecuencia y modalidad de las relaciones sexuales, manera de llevar adelante la relación con los hijos, diferencias en una empresa en común y muchos otros temas).

    Cuando la habitualidad de las discusiones toma diversos tópicos, sin prevalencia de ninguno, el tema que engloba todos esos contenidos pasa a ser la modalidad de intercambio; o sea, el tema sobre el que trabajamos es "la discusión y su mantenimiento, como forma habitual de intercambio". Dicho de otra forma: la contienda o el enfrentamiento, como el estilo habitual de comunicación dentro de la pareja y forma de relacionarse.

     

    SENTIDO DE LA EXPRESIÓN DE LA AGRESIÓN: MOTIVACIONES DEL ENOJO

    Estoy pensando que cuando los temas que hacen a las discusiones suelen estar presentes desde hace mucho tiempo en la relación, el contenido no es lo relevante. Me pregunto entonces: ¿Qué pudo haber cambiado para que aquello que en otros momentos no generaba fuertes discusiones, ahora sí las genere?

    Y aquí me encuentro con motivos o razones que pueden estar dentro o fuera de la pareja o en ambos lados al mismo tiempo.

    Las frustraciones, en cuanto a lo deseado, anhelado o ilusionado en algún aspecto de la vida de una persona, suelen ser fuente de intolerancia en sus relaciones. Esta circunstancia implica la pérdida de la esperanza de lograr ese deseo, que remite al logro de algo muy constitutivo de la identidad y, hasta más profundamente, del sentido de la propia vida. Dicha expectativa puede estar volcada en la pareja o en otro ámbito de la vida de una persona y, su incumplimiento, repercutir en la relación.

    Por eso solemos ver a la tristeza como la otra cara de la ira o el enojo: aquello que no logramos nos entristece porque nos despedimos de nuestra ilusión. Se muere dicha ilusión, y nace una triste realidad. Una realidad que siempre está teñida por aquella ilusión que no es más que la supuesta realidad atravesada por nuestros deseos. O sea que entre una y otra no hay tanta distancia, sino que las diferencian la concreción, la materialización. Mientras sostengo una ilusión, la estoy creyendo, es real. Cuando se cae definitivamente se muere, ya no existe. Y allí hay dos caminos: me enojo o me entristezco, aunque también uno puede continuar al otro. Me enojo conmigo por no haberlo logrado o me enojo con otro ubicándolo como culpable o responsable de mi frustración: es culpable de no darme lo que preciso, de no comprenderme, de no calmarme, de no tenerme en cuenta, de no hacerme feliz. Y de no hacerme sentir quien quiero ser.

     

    EXPRESIONES DEL ENFADO SEGÚN EL GÉNERO

    Esto depende entonces del área que en la vida de esa persona sea mayormente central. Desde una perspectiva de género, y en una mirada tradicional que ya va cambiando constantemente, el varón lo desarrolla en el área profesional y económica y la mujer, en el área familiar y afectiva.

    Pero estas diferencias no están determinadas por las diferencias sexuales ni genéticas de género, sino por la ubicación de cada uno en la organización social. Dado que esta última se encuentra en permanente y acelerado cambio, también esas diferencias se ven alteradas.

    "Yo estoy mal con vos porque el mundo no me reconoce como yo deseo, y vuelco ese dolor en nuestra relación en forma de enojo e intolerancia", podría ser el discurso subyacente en una posición beligerante principalmente masculina. A este discurso puede añadírsele: "Tampoco vos me das ese lugar que yo deseo tener en esta relación y ahí ambos mundos se me unen". En esta posición, el varón puede ir a buscar otra relación que sí le devuelva algo de ese lugar perdido o nunca alcanzado. Durante un tiempo, la ilusión y la realidad se unen en esta nueva situación, para luego sobrevenir nuevamente la frustración.

    O sea, que mientras está la esperanza presente para el logro de esa posición anhelada, más o menos clara y consciente, la relación con la pareja puede sostenerse y también basarse en una mirada esperanzada y con acciones esperanzadoras. Cuando algo de diversos órdenes (la edad, el cansancio, la repetición del fracaso, la pérdida de posiciones sociales u otros factores) siembra la desesperanza, se instala la intolerancia y la tendencia al sostenimiento del conflicto. La pelea como expresión de la rabia, el enojo y hasta el odio, encubre sentimientos de orden depresivo, bastante intolerables para la identidad masculina. Mostrar esa faceta en la relación con la pareja, el varón suele vivirlo de manera peligrosa y angustiante. O sea que además del sentimiento depresivo, se encubre también un intenso miedo. Y como "no hay mejor defensa que un buen ataque", la contienda por motivos aleatorios, está a la orden del día. En esta posición, el varón suele mostrarse como víctima de la incomprensión de la mujer, evidenciando de esa forma cómo se ubica frente a su momento de frustración existencial: débil y necesitado, en permanente posición de queja y reclamo.

    El enfrentamiento, y la manera de plasmarlo, pueden adoptar muy diversas formas: indiferencia, sarcasmo, ironía, franca agresividad verbal tanto en tono como en contenido, distanciamiento afectivo, constante réplica y desacuerdo, desvalorización y ataque a la persona del otro, y otras más, que pueden combinarse e ir transformándose en el tiempo.

    Esta modalidad la podemos tener presente en la consulta, como dije al principio, dejándonos en una posición de espectador o convidado de piedra del drama relacional.

    Pero dicho drama no se cristaliza si no hay otra parte que lo sostenga.

    Voy a dejar de lado, basándome en el concepto sistémico tan básico de la causalidad circular en la génesis de los conflictos relacionales, la pregunta sobre quién empezó -que nos llevaría a diferenciar las responsabilidades- para pensar desde una co-construcción del conflicto, con la participación de ambos.

    El discurso femenino puede ser idéntico al masculino pero, si me permiten en este texto, voy a diferenciarlo para destacar los diversos matices que pueden presentarse.

    "No me das el lugar que yo necesito tener en esta relación, no me escuchas, no tienes en cuenta lo que te digo y te pido, no puedo confiar en vos, no valoras lo que para mí sí es importante; estoy sobrecargada", podría ser una aproximación al discurso femenino que trasunta una posición intolerable en el sentido de: "Esto no pienso tolerarlo más". Entiendo que esta frase no sólo remite a una particular situación de una mujer en una pareja, sino al lugar de la mujer en la historia de la humanidad, al menos desde la primacía del machismo o del androcentrismo. Está cargada entonces de una resonancia ancestral; pero vamos a remitirnos a los aspectos de una relación diádica presente.

    Detrás del enojo que la mujer expresa, demostrando también su capacidad de sostener una discusión, una contienda, y rechazando su lugar de "debilidad", considero se encuentra también una desilusión, y por lo tanto una frustración, con su consecuente carga de tristeza y hasta de dolor. La mujer expresa, en su intolerancia, su sobrecarga y su deseo de compartir el peso con el varón en la pareja. Pero no el peso de los llamados "quehaceres domésticos" como el área asignada por sus mandatos ancestrales, sino el peso de sostener la relación. La mujer le pide al hombre que valore también él la pareja, el estar en pareja, el vínculo y su mantenimiento. Y eso es lo que implica el "hablemos sobre lo que nos pasa"; propuesta que el hombre desestima, aumentando la sensación de sobrepeso y desvalorización del mundo de la mujer, de su mundo de intereses. "Escúchame e interésate por lo que me sucede", sería otra versión de un discurso subyacente. Y de ahí al enojo al no ser compartida esa propuesta-enojo que encubre una gran sensación de soledad- hay un solo paso.

    En la mujer el miedo es: "Si no discuto, si no peleo por lo que quiero, me arrasa, me somete".

    Entonces cada uno siente que tiene que hacer prevalecer su modelo, sus creencias, no acercarse a lo que necesita el otro, porque de lo contrario corre el alto riesgo de quedar sometido. Como si la pareja fuera una relación de sometedor/sometido o de uno que reclama y otro que accede.

    Es frecuente encontrar en las parejas que el lugar externo a la misma, de ascenso y confirmación de uno, coincide con el de desconfirmación, frustración y desesperanza del otro. Los temores en este caso, que toman las formas de quejas y demandas, expresan el temor a ser abandonado/a: "Ahora que estás triunfando en lo que te interesa, ya no me vas a querer más". Cada miembro de la pareja, puede identificarse con la relación de los momentos difíciles o de lucha, pero no con la relación de los momentos de éxito. Esto se basa en una autodesvalorización, que se afirma ante las frustraciones en sus propios objetivos personales o, en otro momento de la vida, por haberlos logrado pero ya no tenerlos.

    Suelo ver en las parejas que transitan esas relaciones cargadas de discusiones y contiendas, que también hay una diferencia en lo que expresa cada uno, desde su propio género.

    El varón suele expresar su frustración, con la subyacente demanda que acarrea, desde una posición crítica y desvalorizante. Lo implícito aquí es un temor a que el crecimiento de la mujer traiga aparejado el abandono; ese temor no es expresado como tal, sino a través de acciones que ponen la desvalorización que él teme sufrir, en la mujer: "Te desvalorizo para que no te creas tan importante o valiosa y me dejes. Mis palabras aún pueden tener influencia sobre vos y ser más fuertes que la identidad que ahora estás generando", podría ser un subtexto latente si lo decodificáramos.

    Puede que las críticas logren eso, y la relación se sostenga en los términos de un posible pacto previo y fundante que implicaba la confirmación de tal creencia en el hombre, ante el acatamiento de la mujer; pero también por el contrario, puede que esa actitud del varón genere más reacción en la mujer, aumentando su certeza de que puede ser sometida, y logre aquél lo que temía: ser abandonado. La diferencia estaría en la posibilidad de que el varón reconociera su participación en el abandono; lo contrario: profundizar su lugar de víctima del desamor y la crueldad femenina. Las letras de los tangos están llenas de esto último.

    En el discurso femenino, encuentro que prima la queja y la demanda; la agresividad suele tomar la forma del reproche: una mezcla de enojo y reclamo. Me resulta interesante precisamente la construcción del reproche, porque creo que implica la desilusión y demuestra la posición dependiente que aún transita en las relaciones, el lugar asignado a la mujer. "No me estás dando aquello que necesito que me des, no sólo por lo que representa en sí, sino porque si me lo dieras sentiría que soy amada", podría ser un despliegue del texto subyacente. El "soy amada" implica: soy importante en tu vida, me tienes en cuenta, te intereso, soy alguien a través de ese cumplimiento. Cuando aumentan los reproches-en muchas ocasiones después de etapas de demandas no logradas- reflejan el grado de dependencia emocional existente en la pareja y la dificultad para independizarse en esa relación. En una primera lectura, que luego suele no confirmarse, parecería que el varón fuera más autónomo y necesitara menos de la confirmación del amor en la pareja.

    Las parejas frecuentemente arriban con un alto nivel de intercambios agresivos a modo de peleas y discusiones fuertes, cuando ambos integrantes no logran ese lugar que necesitan tener en esa relación. La paciencia y la tolerancia son, a mi entender, expresiones del amor y el cariño que atraviesa la relación; cuando esto se reemplaza por la intolerancia, un alto monto de fastidio e irritabilidad (el reverso de la paciencia) y una relación donde prevalece una tensión fuerte en la mayoría de las interacciones, es cuando las parejas suelen acudir solicitando ayuda para modificar la situación.

     

    Y EN ESTE RINCÓN...

    Habitualmente en esas situaciones, cada partenaire intenta defender su propia posición y comprensión del conflicto y se dedica a hacerle entender al otro que esa es la "realidad" que debe aceptar. Esto refleja entonces un deseo de logro de una supremacía en la pareja, que pasa entonces a ser muy "despareja". Cada integrante entiende que el intento de imponer su perspectiva es sólo una defensa a la misma acción que viene del otro lado, definiéndose entonces a sí mismos, como meros reactivos a la intención del otro.

    La idea de la resolución del conflicto, se basa en la premisa de que el equivocado es el otro, quien además, se supone que desea imponerse para ejercer algún dominio en la relación.

    Ninguno de los dos demuestra su inseguridad, que lo lleva en buena medida a tal defensa, ni presenta duda alguna sobre sus propias creencias, como tampoco la menor posibilidad de acercamiento o comprensión del argumento del otro y de sus posibles necesidades.

    Tampoco ninguno de los dos logra mostrarse en una posición frustrante con su partenaire: nadie quiere ser el causante de una desilusión, como si al serlo se corriera el riesgo de perder el amor del otro al declararse fallido. Tal vez, no toleramos muy bien los seres humanos, al menos en una relación de pareja, no ser perfecto para el otro y no cubrir todas sus expectativas y deseos. Tal vez también, no toleramos que el otro no sea ese ser perfecto que no nos hace sufrir ni una desilusión, ni una frustración ni nos hace sentir solos. Paradójicamente, al insistir cada uno en su posición, se aleja cada vez más del ideal del otro y, por lo tanto, de ser quien quiere ser para ese otro.

     

    DE LA "FELIZ" DIFERENCIA A LA TENSIÓN POR IGUALARSE

    Son aquellas relaciones que se organizaron con un acuerdo en la complementariedad, en la diferencia de funciones habituales, asumido por ambos, del tipo: cuidador/cuidado, protector/protegido, inconstante/constante, disperso/focalizado, organizado/desorganizado y muchas otras combinaciones posibles.

    En un primer momento, cada uno logra, a través del partenaire aquello que le falta y el lugar que desea tener en una pareja y, muchas veces, también en otras relaciones de su vida. A través de esto, se consigue o confirma una identidad que ya se venía sosteniendo en otras áreas de su vida o que, por el contrario, no se había logrado y la pareja representa la posibilidad de conseguirla.

    La relación en estas parejas suele estar poblada por acuerdos, en los que el que tiene un rol superior en la complementariedad, define el mayor porcentaje de las decisiones y, el otro integrante, las acepta.

    En algún momento, puede ocurrir alguna de estas dos situaciones:

    1. Quien está en la posición superior o dominante, que implica la responsabilidad por el otro, siente demasiado peso por su función y desea liberarse del mismo. Muchas veces esto aparece con episodios de infidelidad, como una forma de salir de la exigencia de corrección que implica su rol. Esto puede acompañarse de cansancio, fastidio, hartazgo y aburrimiento por la permanencia de la estructura relacional inmodificable en el tiempo. Empiezan aquí a aparecer situaciones de maltrato desde el responsable hacia el otro integrante de la pareja: aquello que antes se cumplía con amor y beneplácito, pasa a ejercerse con enojo, desprecio y malestar, que se hace conocer. Quien se encuentra en la posición inferior o aparentemente más dependiente, aumenta su sometimiento, muchas veces por temor a la pérdida de la protección o, luego de un tiempo, se rebela y plantea una discusión en términos más parejos, de la definición de la relación. Las discusiones y enfrentamientos van in crescendo y suelen terminar en la ruptura del vínculo.

    2. Quien está en la posición complementariamente inferior, en algún momento de la relación, se rebela de esa condición, y plantea su necesidad de una relación más igualitaria. Ante esto, puede encontrar el acuerdo de su pareja o la oposición. Si ambos acuerdan en el cambio, la pareja transita hacia una nueva estructura relacional, con nuevos roles y acuerdos, sin mayores conflictos. Podemos pensar que esto implica ya en la pareja la habilidad presente desde antes de negociar y lograr buenos intercambios ante sus diferencias. Los sentimientos subyacentes en estas relaciones son del orden del amor, la comprensión, la tolerancia, la ternura y el cariño que, en estas circunstancias se fortalecen y contribuyen a un mutuo bienestar. Son parejas en las cuales ambos integrantes se confirman en sus deseos e identidades.

    Si, por el contrario, ante el planteo de un cambio en las condiciones de la relación en términos de mayor o menor poder y/o independencia y/o posibilidad de decisión (u otros exponentes de la organización jerárquica de la pareja), el miembro de la misma que es interpelado por el otro se resiste oponiéndose a dicho cambio, se suscitan situaciones de enfrentamiento novedosas para esa organización. Conjuntamente con esto, los sentimientos y las emociones también van renovándose o, al menos, expresándose cuando antes eran silenciados en función de no generar un conflicto, desde el lado del integrante que se percibía como más débil y dependiente.

    Aparecen entonces los enfrentamientos, las discusiones, con forma muchas veces de amenaza de disolución de la relación. Luego de un tiempo de intentar lograr un nuevo equilibrio y ante el fracaso de dicho propósito, concurren en busca de ayuda.

    Quiero hacer aquí una pequeña desviación del tema que venimos explorando, para compartir una reflexión. Todas las parejas cuando consultan con un terapeuta, llevan implícita la sensación de fracaso por no poder resolver su relación por ellos mismos. Aquella relación que en la mayoría de las parejas implicó, en sus orígenes, la construcción de su propio mundo, del que ambos son responsables, ahora no logran desempantanarla. Precisamente, como un automóvil que cayera en un terreno anegadizo, cuanto más acelera el conductor sus ruedas, más logra hundirlo. Hay que buscar ayuda de un tercero y esto implica enfrentarse con la propia responsabilidad en la conducción. Pero, a diferencia de una grúa, los terapeutas no rescatamos a las parejas con nuestra fuerza, sino con la de ellos mismos que no estaban utilizando: nuevos problemas, nuevas formas de afrontarlos y disolverlos o transformarlos. La creencia en que no se puede salir del fracaso continuo, acrecienta los sentimientos agresivos.

    Continúo por donde venía y espero no enterrarme.

     

    LA SOLEDAD Y LA INSEGURIDAD AL ACECHO

    Daniel y Patricia tienen 14 años de relación y ambos rondan los 45 años de vida. Al comenzar su vida juntos, Patricia aportó una hija de 5 años, producto de una pareja anterior. Luego, ambos tuvieron 2 hijos más y actualmente conviven los 5. La consulta se desencadena luego de que Daniel descubriera una relación de Patricia con otro hombre, a través de conversaciones registradas en el teléfono celular de ella. Hay discusiones muy fuertes y Daniel se va de la casa, planteando la separación incluso en términos de divorcio. Luego de unas dos semanas, reflexiona sobre su decisión, logran mantener un par de conversaciones tranquilas y vuelven a la convivencia. Es en esta etapa donde comienzo a tratarlos.

    Daniel es un hombre que proviene de una familia muy humilde y desorganizada, habiendo desarrollado en ella un rol protector de sus hermanos y aún de su madre. El padre de él aparece en su relato como un hombre muy inmaduro, egoísta e irresponsable, que dejó a la familia muchas veces en situaciones de desamparo. Desde ahí, Damián desarrolla su estilo muy responsable, eficaz, protector y también exigente tanto consigo mismo como con los demás. Desde el comienzo representó para Patricia una seguridad, un respaldo, un reaseguro.

    Patricia es actriz, cantante, estudiante de periodismo y tiene un estilo que parece más abierto que el de Daniel, con ideas más posmodernas, flexibles, amplias. Es hija de padres separados, la más pequeña de la familia, con 3 hermanos mayores varones. Viene de una relación de admiración del padre que era escritor, pero distante, y de una relación conflictiva con la madre que parece que siempre está a punto de cortarse y ella debe ceder para que eso no se produzca. De hecho, su mamá sólo tiene relación con ella y no con sus otros hijos.

    Desde estas historias, construyeron una pareja con un estilo originariamente complementario, en el que Daniel le ofrecía seguridad económica, compromiso afectivo permanente, estimulación para que se desarrollara y Patricia, por su parte, le ofrecía encargarse de la familia, incluida su propia hija, divertirlo, admirarlo y en buena medida, obedecerlo.

    Con el correr del tiempo, el crecimiento de todos y de la familia, ella comienza a querer modificar el acuerdo inicial ya que manifestaba sufrirlo. Se quejaba de que Daniel no confiaba en ella, en sus capacidades, que siempre quiere supervisarla y controlarla en lo que hace y que no le permite equivocarse, en un intento de sobreprotegerla que termina viviendo como asfixiante. Daniel no comprende bien a qué obedece este cambio, se atemoriza ante la "rebeldía" de Patricia y continúa con su estilo protector/controlador, que contribuye a más enojo y rechazo desde ella. Esta situación genera las peleas, los enfrentamientos continuos y agotadores, que tienen su punto culminante con la infidelidad de parte de Patricia. Rápidamente aparece una comprensión de esta situación como un intento de parte de ella de lograr una libertad en otra relación, que no tenía en esta; pero el resultado termina siendo todo lo contrario: queda en un lugar de mayor irresponsabilidad y Daniel aumenta la desconfianza y, por ende, los controles.

    Luego de la 4ª entrevista les envío por whatsapp el poema de Kahlil Gibbran "El matrimonio", que habla del estar juntos en esa relación, pero siendo diferentes e independientes uno del otro, sin parasitarse. "Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés, ni el ciprés bajo la del roble", son los últimos versos. Patricia lo había leído, ya que lo envié al número de ella, sin haberlo compartido con Daniel: "No entiendo por qué no me lo mostró". Daniel entiende, a la luz del poema que leemos en la entrevista misma, que Patricia no quiere compartir para no depender de él, para ser más individuales. Él esperó que ella se lo mostrara, lo compartiera, mientras que ella esperaba que él se interesara y se lo pidiera.

    A partir de una situación doméstica en la que una perra que es más comprendida y protegida por Patricia rompiera unos almohadones de un sillón, se desencadenó una situación de tensión y enojos. Daniel se enojó por lo que hiciera el animal y ella por la acusación de él, expresada en un tono despectivo: "Si te gusta vivir como en una villa miseria…", yéndose a encerrarse en su cuarto. A partir de ahí, se enoja fuertemente Patricia.

    Daniel justifica su enojo desde la actitud de Patricia al proteger a la perra cuando él se molestó ante los destrozos y, por su parte Patricia justifica su enojo ante el enojo de Daniel.

    Secuencias de la entrevista a partir de ese relato:

    1. Les propongo que reflexionen sobre qué parte de responsabilidad cree tener cada uno en el enojo del otro.

    2. Les propongo que cada uno le cuente al otro su reflexión sobre sí mismo.

    3. Patricia reconoce haber descansado mucho en Daniel que se llenó de responsabilidades. Al sentir que ella no reaccionó ante lo que hizo la perra apoyando el malestar de él, comprende que se haya enojado, como si no valorara sus esfuerzos.

    4. Daniel piensa que su estilo impredecible la enoja a Patricia. Pero esto no es lo principal para el enojo de ella, y no se reconoce en eso. Entonces le propongo que se coloque en la piel de él y exprese qué es lo de Daniel que a ella la enoja más, hablando por él: "Las cosas son como yo digo, acá mando yo, soy el dueño". Daniel se reconoce en eso.

    5. Les propongo que cada uno piense sobre sí mismo en: ¿Qué hay detrás de mi enojo? ¿Qué es lo que realmente me duele? ¿Qué deseo o preciso y no lo logro? ¿Cómo realmente me siento?

    6. Daniel se siente vacío, solo. "Tengo que resolver todo y es mucho". Esto implica: "Me gustaría sentirme más acompañado".

    7. Patricia siente vergüenza por su enojo y se siente muy pequeña. Detrás del enojo, lo que siente es dolor, sufrimiento. "Hay mucho miedo, hay terror, mucha inseguridad".

    8. "Seguramente Daniel no quieres que Patricia sienta terror por vos, como vos Patricia tampoco quieres que Daniel se sienta triste y solo al lado tuyo. Cuando Daniel te enojas, Patricia siente terror e inseguridad y entonces no puede acompañarte, que es lo que vos quisieras, ni tampoco puede darse cuenta de que necesitas eso. Si te sintieras más acompañado, tal vez no te enojarías tanto. Cuando Patricia te enojas, no podés sentirte segura, aumenta el terror que Daniel no puede percibir ni, por lo tanto, protegerte".

    9. Si cada uno estuviera más atento a cuidar al otro por lo que hay detrás de ese enojo, se lograrían otras cosas. También si en vez del enojo, pueden mostrar eso que hay atrás, favorecerían eso.

    10. Dice Patricia: "Yo no percibí que Daniel se sentía solo tras esa postura de tan poderoso".

     

    LO QUE YO PRECISO A VOS TE ASUSTA

    Una pareja de 5 años, sin convivencia cotidiana, sino alternante en casa de ella o de él, durante algunos días por semana. Carlos es soltero y nunca ha estado en una pareja conviviente ni menos aún casado, y no tiene hijos. Alejandra es separada, desde hace más de 10 años, con dos hijos adolescentes y varones. Ambos están alrededor de los 50 años. Tienen una relación apasionada desde el comienzo, con muy buena conexión en lo sexual. Cuidan mucho su figura y su estado físico. Alejandra es más intelectual, más reflexiva, mientras que Carlos es más práctico, expeditivo y concreto. También consultan por la frecuencia y el tenor alto de sus discusiones. Carlos defiende mucho sus tiempos y espacios individuales, propios, congruentemente con la construcción de su vida amorosa: nunca ha convivido en familia. Alejandra, por su parte, sueña con volver a una convivencia familiar, con él y sus hijos, como una forma de reconstruir la familia original que se desarmó con su divorcio y nunca pudo volver a lograr. Carlos propone ir muy despacio y no lo entusiasma la idea de vivir con Alejandra y sus hijos. Para él los deseos de ella son una presión, mientras que para ella los de él son una falta de amor, sobre todo en relación a como cuida sus espacios propios, que no la incluyen. Alejandra reclama mayores demostraciones afectivas por parte de él, tanto en acciones como en palabras; reclamos que Carlos resiste justificándose y pidiéndole que reconozca todo lo que él le ofrece. Ante los reclamos de ella, él siente que nunca podrá satisfacerla y esa sola idea lo espanta y aumenta su distancia. A pesar de esto, Carlos le asegura que la ama y que está muy comprometido con ella en su proyecto de pareja. Alejandra necesita un poco más de confirmación de eso, ya que fácil y rápidamente tiende a percibir lo contrario.

    En una entrevista les propongo a ambos, alrededor de una de las tantas y habituales discusiones que tienen, que piensen sobre cuál cree cada uno que fue su propia contribución para que se diera el intercambio de esa forma. La lectura que venían haciendo, implicaba la idea de que cada uno respondía a la acción del otro que era el "responsable del conflicto". Carlos piensa que su ironía y sarcasmo hacen que Alejandra se sienta muy descalificada en lo que percibe y siente y que eso genera que ella se enoje y defienda su posición. Ella por su parte, piensa que su carácter reactivo, casi intransigente, también contribuye a que él se sienta presionado y sostenga el enfrentamiento.

    Luego les propongo reflexionar con ellos sobre el sentido de esa respuesta a partir de este enunciado: ¿Cómo me estoy sintiendo que me lleva a actuar de esa forma? ¿Qué estoy queriendo lograr? Carlos manifiesta que se siente muy presionado y teme perder su independencia si cede, si comprende o accede a algunos de los reclamos de Alejandra, e intenta detenerla y poner una distancia, aunque sea a través del enojo de ella. Alejandra por su lado, dice que siente que, si no defiende lo suyo, él la avasallaría y terminaría sometida a sus deseos e imposiciones.

    Ambos defienden un territorio, ya sea para conquistarlo, en el caso de Alejandra, o para no perderlo, en el caso de Carlos. Ambos tienen miedo a quedar sometidos al otro, que representa un peligro. La pareja estable y permanente es un espacio anhelado, pero al mismo tiempo muy riesgoso. La agresividad encubre el temor de cada uno. Ella no percibe el miedo de él, sino su rechazo y alejamiento que, al intentar acercarse los aumenta y, al aumentarlos sin que perciba su participación en ello, aumenta también su temor a no lograr su deseo- lo cual implica quedar sometida- y redobla la apuesta. Él por su parte, no percibe el miedo de ella ante su estilo frío e irónico, sino sólo su exigencia de acercamiento y demostraciones; esto aumenta su temor y refuerza dicho estilo como forma de no perder su independencia amenazada.

    También les propongo reflexionar sobre qué actitud hubiera sido mejor en esa situación y en cada uno, para que el intercambio hubiera podido ser más productivo. Pensar en una alternativa. Luego les propongo que piensen en cómo se hubieran sentido de haberla desarrollado.

    Alejandra siente que una alternativa en ella puede ser no presionar para desarrollar esa conversación que Carlos suele evitar, pero piensa que se sentiría muy sometida al silencio de él y eso no puede tolerarlo. Es buena parte de lo que la enoja tanto. Carlos piensa que su alternativa puede ser plantearle su deseo con tranquilidad y amablemente, retirando la ironía y el sarcasmo. Si lograra hacerlo, se sentiría muy bien con él mismo, porque se vería contribuyendo a la armonía de la relación y produciría un beneficioso efecto en Alejandra.

    La pareja vuelve a la costumbre de inculparse y entonces les pregunto cómo se sintieron cuando, a mi pedido, habían tomado un camino diferente al pensar cada uno en su propia responsabilidad. Ambos dicen que se sintieron muy bien. Aunque ambos no encontraron una alternativa satisfactoria, vemos que si Carlos desarrolla la suya, colabora con que Alejandra también haga lo propio, ya que bajaría el temor de ella a la descalificación de él, que termina viviendo como agresión.

    A esto sigue la propuesta de que cada uno reflexione alrededor de una pregunta hacia sí mismo: ¿Cómo puedo yo hacer para que él/ella no sienta miedo a ser dominado/sometida? Esto implica que cada uno no se ocupe del malestar de sí mismo ni de defender lo propio, sino del malestar del otro, conectando con la propia responsabilidad en ello.

    Las discusiones y enfrentamientos, en esta pareja como en tantas otras, aparece también como resultante del hablar infructuosamente. "Hablamos, pero no llegamos a nada" dice Carlos, refiriéndose a que siempre arriban al punto muerto de las peleas. Los contenidos no cambian, las comprensiones tampoco. La impotencia entonces se impone, ya que quieren resolver algo que nunca logran resolver. Se proponen entonces ayudarse a interrumpir esas escaladas interminables antes de que se eternicen y, luego de que eso se produzca, reflexionar sobre la responsabilidad de cada uno en el mantenimiento de ese circuito y en el fracaso de salir del mismo: "Si mañana volvemos a conversar este tema: ¿qué puedo yo hacer de diferente para que esto sea distinto?". Esta medida meramente paliativa, se sostiene sobre otro nivel más profundo de reflexión de la relación, expresado en la siguiente pregunta: "¿Aquello en lo que yo estoy transformando esta pareja, es lo que yo quiero que sea esta relación?".

    Ante un accidente no grave que sufre Carlos, en el que no le avisa a Alejandra hasta que llega a su casa y le cuenta, ella le pregunta por qué no lo hizo antes, si no sintió la necesidad de hacerlo, de contar con ella y escucha, recibe, los argumentos –o sea, la visión del mundo- de él. Esto permite que Carlos reciba la expectativa de Alejandra como una invitación a poder sentir necesidad de cuidados, de saber que puede acudir a ella, que no debe ser un hombre de acero tan fuerte que se las arregla solo, pero de una manera amorosa y no como una imposición. Alejandra comprende que si se lo hubiera dicho como un reproche a la actitud de él, no estaría entendiendo la construcción de Carlos, sino que estaría reclamando por un lugar que ella pretendía y no obtuvo: ser más necesitada por él, le da más seguridad en la relación. Pero de ser así, o de llegar este mensaje, Carlos siente que debe perder su propia autovaloración para estar con ella. Para él, precisar de otro es un signo de debilidad que lo atemoriza. Al recibir la propuesta de Alejandra como un acto amable de parte de ella, Carlos pudo valorarlo y no rechazarlo como algo amenazante.

     

    REFLEXIONANDO...

    En los cuatro ejemplos de parejas que describí, aparece el mismo síntoma, la misma expresión del sufrimiento que padecen: los enfrentamientos a partir de desacuerdos en posiciones que parecen incompatibles con el bienestar que precisa una relación afectiva y de mutua elección. Enfrentamientos continuos, crecientes, desgastantes, frustrantes.

    Son parejas en diferentes momentos de la vida de sus integrantes, en diferentes momentos del ciclo vital de la relación, en diversos contextos, con distintas formas de estructurarse y con distintas expresiones y contenidos del conflicto.

    Algunas parten de relaciones armadas desde un deseo de acompañamiento complementario, en el que cada uno ofrece al otro lo que éste precisa y, a su vez, recibe lo que espera obtener. Esto conjuga un encuentro ideal que luego, con el correr del tiempo y la aparición de otros personajes y circunstancias, se va modificando y pierde la perfección del principio.

    Vemos a Patricia peleando un lugar más simétrico con Daniel que, a su vez, también sufre la soledad de un lugar de poder. Por otro lado, tenemos a Gerardo que no termina de encontrar su nuevo lugar en la relación con Sonia que ha desarrollado su propia seguridad y, a partir de ahí, puso en jaque la de él. Parejas entonces que, partiendo de una diferencia, fueron virando, por un mayor desarrollo de uno de sus integrantes en relación con el otro, hacia la necesidad de una nueva estructuración. No casualmente son las mujeres las que la precisan, las que la buscan y hasta pelean por conquistarla, como reflejo en un par de parejas, del movimiento que se viene desarrollando en casi todo el mundo. En cuanto a los contenidos, estas parejas son diferentes: mientras Patricia y Daniel van desplegando su trama a través de diversas y cambiantes temáticas, Sonia y Gerardo permanecen entreverados en torno a un tema central, como es su empresa compartida. Pero más allá de estas diferencias y en un plano más abarcativo, ambas tienen que redefinir, para subsistir, sus acuerdos originarios.

    Por otra parte, tenemos la pareja de Pedro y Viviana por un lado y la de Alejandra y Carlos por otro que, aún en momentos vitales distintos, transitan sus enfrentamientos de una forma más igualitaria desde un comienzo. Las crisis sobrevienen cuando esa igualdad no es alcanzada o cuando es percibida por alguno de sus integrantes, como un sacrificio excesivo para el logro de la relación. Parecerían estar, a diferencia de las anteriores, mucho más frecuentemente al borde de la ruptura definitiva.

    Luego de este brevísimo resumen de lo expuesto y desarrollado más arriba, voy a compartir aquellos aspectos que, a partir de mi práctica, fui encontrando esenciales en el trabajo con esta temática de los agotadores y recursivos enfrentamientos. Algunos de ellos ya han sido expuestos en las viñetas clínicas.

     

    ¿Y AHORA QUIÉN PUEDE AYUDARNOS?

    Habitualmente somos convocados por las parejas, como terapeutas, para definir quién es culpable o inocente en sus reyertas. Tienden a contarnos cada uno su versión, en busca de que bajemos nuestro martillo y condenemos o absolvamos por partes iguales. Cada uno quiere exponer lo razonable y lógico de su pensamiento, posicionado en la "supuesta" verdad.

    A través de una lectura relacional, aquellos terapeutas que ya tenemos muchas horas de vuelo en este mettier, logramos ir disolviendo esa fantasía o pretensión y construyendo, con la pareja, una comprensión donde ambos son responsables de la trama que padecen.

    Para esto desarrollamos las ya tradicionales preguntas donde cada uno es interpelado por la responsabilidad del otro en su accionar: cómo el integrante A logra o contribuye a que el integrante B sea precisamente como A se está quejando de que sea. O sea, le estamos diciendo a A: cómo logra B que tu seas tan poco amoroso/a con él/ella? De esta forma estamos diciéndole a B: Tu te quejas de que A no es amoroso/a contigo, pero eres responsable, al menos en parte, de eso.

    Y ahí empezamos a decirles, tácitamente: "No nos creemos ninguna de esas dos historias opuestas que Uds tienen, sino que las relacionamos y armamos una tercera, entre los tres".

    Esta forma de preguntar e interesarnos por el drama de ellos, tiene otra variante, que se ha podido ver en las viñetas anteriores y que corresponde a la pregunta directa a cada integrante sobre su propia responsabilidad en lo que al otro le sucede y expresa en su queja. Me parece que algo ventajoso de esta forma, es que se le puede plantear a ambos al mismo tiempo, con lo cual la respuesta de uno no está condicionada o influida por la del otro: "Les propongo que ambos reflexionen sobre esta pregunta: ¿Qué responsabilidad tengo en el enojo de mi pareja?" o "¿Cómo contribuyo al enojo de mi pareja?".

    De esta forma cada uno pasa de focalizarse en la responsabilidad del otro en su enojo, definiéndose así como víctima del mismo, a centrarse en su propia participación.

    En un próximo paso, podemos preguntarle a cada uno cuál sería una intervención diferente que no generaría ese enfado o enojo en su partenaire. Y a continuación, preguntamos también a cada uno cómo cree que se sentiría en esa actitud diferente.

    Previamente a este intercambio podemos preguntarles si creen que están en esta relación para producir permanentemente esos enojos; como la respuesta es en su totalidad que no, les preguntamos cómo se sienten al lograr esto y no aquello que sí seguramente era lo que deseaban vivir. Las diferentes respuestas aluden a un sentimiento de fracaso y dolor, que subyace en los enfrentamientos.

    Un paso más aún, es preguntarles a ambos cómo se sienten más allá del enojo, qué hay detrás o subyacentemente a esa demostración más superficial. Suele aparecer la identificación de sentimientos como tristeza, dolor, soledad, inseguridad y temor.

    Preguntamos entonces si desean estar en esa relación para lograr eso en el otro. Como la respuesta también es no en todos los casos, volvemos a encontrarnos con la desilusión y el desencanto en cuanto a sí mismos y a sus proyectos como pareja.

    Aparece después de este recorrido, la vinculación de lo que cada uno logra en el otro como el factor que impide obtener lo que realmente quiere. Si cada uno ofrece al otro lo que éste precisa o espera, recibe a su vez lo que está queriendo conseguir. O sea, se logra más recibir lo deseado otorgando lo del otro, que reclamando lo propio. Puede esto verse claramente en la pareja de Patricia y Daniel.

    En estos procesos recursivos, se va logrando la conexión con sentimientos que no son expresados en el fragor de las batallas y que, al ir apareciendo, favorecen y permiten la empatía entre ambos o, al menos, recuperar algo de ella que siempre se encuentra en la base afectiva del vínculo.

    Otro elemento que me parece importante considerar en estas situaciones, es el grado de satisfacción personal de cada integrante de la pareja, más allá de la que siente en la relación. Es decir, diferenciar bien si el malestar en la pareja se origina en ese contexto y no está presente en el resto de su vida, o es reflejo de una situación de malestar consigo mismo que también se percibe en la relación.

    A veces, se requiere que la pareja sea un bálsamo de los sufrimientos que causan otras relaciones y, si esto no se logra, la frustración se traslada a aquella con el consecuente grado de agresión y resentimiento. Puede que la pareja, en un primer momento, se ubique en esa posición e intente comprender, acompañar y estimular al miembro que está en baja consigo mismo, pero luego ante el fracaso del intento y la postergación de sus propias necesidades, sobreviene el estallido como una forma de liberarse del peso sostenido durante ese tiempo.

    Por estos motivos, recomiendo definir bien entre ambos niveles de operatividad: lo relacional y lo particular o individual y evaluar, con la pareja, la relevancia de cada uno y su interjuego.

     

    ALGUNAS PALABRAS MÁS...

    Quiero concluir estas reflexiones compartidas con la cita simplemente de algunas palabras que estuvieron presentes en este escrito o se desprenden, al menos para mí en este momento, de él. Y los invito a que también encuentren las suyas.

    Beligerancia. Enfrentamiento. Enojo. Rencor. Lo encubierto. Sentimientos. Miedo. Defensa. Ataque. Frustración. Desilusión. Dolor. Expresar. Escuchar. Recibir. Defenderme. Comprensión. Empatía. Favorecer. Propiciar. Proponer. Nuevos caminos. Transformaciones. Competir. Protegerme. Sentido. Trascender. Recuperar. Equipo. Curiosidad. Responsabilidad. Reconocimiento. Aceptación. Novedad. Y pueden surgir muchas más…

     

    Referencias

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    8va Edición - Junio 2022
     
     
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