ISSN 2618-5628
 
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Psicología positiva    
Psicoterapia    
     

 
Psicología positiva y sus cielos para beneficiar la práctica psicoterapéutica
 
Kelmanowicz, Viviana
Grupo Awe: Bienestar en Desarrollo
Universidad de Belgrano (UB)
 

 

La psicología positiva tiene 20 años de desarrollo. Su vastedad e inclusión de temáticas varias, así como su constante y creciente avance convierte a este cuerpo científico en una tarea como mínimo, difícil de aprehender. Este capítulo se propone entregar algunos conceptos centrales que faciliten su incorporación en la práctica clínica, así como también tener presente la dificultad que conlleva su implementación. Incluir la psicología positiva en la clínica o en la vida cotidiana es una tarea compleja: no significa tener un pensamiento positivo ni repetir autoafirmaciones positivas, no implica un humor elevado permanente ni evitar el conflicto y la negatividad. Integrar la psicología positiva implica incluir la búsqueda del bienestar de un modo sistemático y consciente, guiando la atención hacia los elementos de la experiencia y los procesos de funcionamiento cognitivo que favorecen dicho bienestar. ¿Para qué introducir la  psicología positiva en nuestra práctica? Dos respuestas posibles y complementarias: 1) para encontrar "aquello que nos salve" y 2) para transformar poco a poco nuestras comunidades con el fin de vivir más cooperativa, solidaria y empáticamente.

Se intentarán dilucidar un par de cuestiones:

¿Qué tenemos que saber sí o sí acerca de la psicología positiva?

¿Posee el cuerpo científico de la psicología positiva elementos para enriquecer nuestra práctica? Si así fuere, ¿cómo incorporarlo?

...El alma abrió una mano para que todo
[quepa,
la alegría, los miedos del deseo,
lo que será, lo siempre, lo nunca.
Juan Gelman

Este capítulo, no intenta ser un compendio o resumen de psicología positiva, básicamente porque la diversidad de temáticas lo impide. Más importante aún es que sería una tarea estéril e incompleta. Por tanto, dejo al profesional interesado la investigación profunda sobre la psicología positiva, y me dedicaré a lo que llamo "los cielos" que este cuerpo científico puede ofrecernos para la práctica psicoterapéutica.

Antes de comenzar con lo que sí o sí tenemos que saber para ingresar a dichos "cielos" se hará una breve introducción.

Las intervenciones tradicionales se han ocupado históricamente de "solucionar o mejorar" aquello que funcionaba mal, focalizan en la disminución del sufrimiento (fundamental tarea). En cambio, las intervenciones encuadradas dentro de la psicología positiva, se dedican o integran sistemáticamente dentro de sus modelos teóricos, intervenciones tendientes a optimizar aquello que funciona bien en las personas, y en las instituciones.

La psicología positiva describe rutas de acceso al bienestar validadas empíricamente. Sus conceptos podrían ser utilizados y pensados como luces que permitirían a las personas y sus contextos escapar de pequeñas peceras, laberintos, y mandatos tradicionales acerca de lo que es "esperable hacer". En palabras de Barry Schwartz (2004), la sobreoferta en el mundo globalizado actual nos invita con multiplicidad de opciones, con relatividad moral y con supuesta libertad de elección (cada vez más sabemos cuán manipulados estamos por la poca privacidad a la que nos somete la tecnología y la big data) a padecer los efectos de la insatisfacción, de la ansiedad por tamaña incertidumbre y de la parálisis. La psicología positiva ofrece un cuerpo científico que enseña qué es "valioso y vale la pena" para recuperarnos, "salvarnos" y generar comunidades más empáticas y solidarias (Kelmanowicz, 2015).

La psicología positiva es la ciencia que se dedica a entender los aspectos que generan bienestar. Es el estudio científico acerca de cómo la gente detecta, utiliza y optimiza sus fortalezas en pos del bienestar. Tal Ben Shahar (2016) lo expresa muy coloquialmente, "la ciencia de la felicidad no te hace más feliz, no ahuyenta el dolor, lo que hace es fortalecer el sistema inmune psicológico. Esto significa que si la aplicaras, podrías enfermarte menos, te recuperarías más rápidamente, te volverías más resiliente". Albert Camus (1954) condensa más poéticamente un principio básico de los avances recientes de la psicología positiva de la Segunda Ola, en donde lo positivo y lo negativo aparecen como conceptos entrelazados y no diametralmente opuestos, y el bienestar como un constructo más dialéctico. "En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible".

Felicidad e infelicidad no pertenecen a un mismo continuum. Los mecanismos que llevan a uno u otro polo están relacionados, pero no son idénticos. No son simplemente uno el contrario del otroEs crucial prestar atención a ambos procesos: Cultivar lo positivo y Disminuir lo negativo.

Según la International Positive Psychology Association la psicología positiva es el estudio científico de lo que permite prosperar a los individuos y las comunidades. Su objetivo es impulsar un cambio que permita equilibrar la balanza y fomentar la investigación y el desarrollo de lo positivo en el ser humano. Heredera de muchas corrientes de investigación previas, su plus radica en haber unificado e impulsado (a partir de la elección de Martin Seligman, en 1998, y su discurso inaugural como presidente de la APA, [Seligman, 1999]) lo que habían sido desarrollos teóricos y de investigación aislados, muy valiosos, pero desconectados entre sí. La Psicología Positiva intenta explicar cómo se aprenden, mantienen y desarrollan las fortalezas, habilidades y estilos de vida positiva (Costa y López, 2008), y cuáles son las condiciones y procesos que llevan a estados subjetivos, sociales y culturales que caracterizan una vida plena, haciendo hincapié en la rigurosidad del método científico (Lindley, Joseph, Harrington y Wood, 2006, citado en Castro Solano, pag. 19). Diferentes estudios han encontrado que cultivar fortalezas de carácter se encuentra asociado con mejor rendimiento académico, mayor resiliencia, optimismo, mejor calidad de vida y altos niveles de bienestar entre otros (Park, Peterson y Seligman, 2006).

Podríamos sostener que la Psicología Positiva se propone promover el diseño de "contextos favorecedores" de afectividad positiva que permitan construir en el presente y en el futuro comportamientos activos hacia la búsqueda del bienestar. ¿A qué nos referimos con afectividad positiva? Sin lugar a dudas, a una percepción de bienestar o satisfacción con la vida. El bienestar implica tres componentes, 1) un juicio cognitivo positivo sobre la vida o satisfacción vital, 2) un balance del afecto positivo frente al negativo que implique una vivencia de felicidad y 3) atributos de buen desarrollo y ajuste al medio. Pero la apreciación del bienestar tiene su complejidad. En general, en la cotidianidad, nos es complicado discernir las causas del bienestar estable de fondo, nuestro sistema cognitivo se centra más en detectar los picos de emocionalidad positiva, que son bastante más transitorios. A la hora de evaluar el bienestar, es la frecuencia de emociones positivas por sobre las negativas lo que marca la diferencia, dado que aquellas personas que experimentan intensamente la emocionalidad negativa, también lo hacen con la positiva. Es la alta frecuencia de experiencias positivas y no la intensidad, la responsable del bienestar percibido, tanto para sentirnos satisfechos como abatidos (Castro Solano, 2010). La manera en que percibimos el bienestar y el malestar es más complejo aún, ya que también está sesgado por nuestra percepción. Kahneman (2012) señala en su peak- end theory que las personas juzgamos las situaciones en base a nuestra atención selectiva a la última sensación y a algún pico de intensidad vivido en algún momento de la experiencia. Esto es, percibimos el evento con este sesgo y no valoramos la experiencia en su totalidad. Y con este recuerdo, emitimos nuestros juicios valorativos en la mayoría de las situaciones recordadas. Nuestra atención es determinante para nuestro estado emocional. En general prestamos atención a momentos seleccionados y olvidamos lo que sucede en otros. A este error cognitivo se le llama "ilusión de focalización". En efecto, el estado emocional se debe generalmente, a lo que atendemos, y normalmente es la actividad del momento y el entorno inmediato (Kahneman, 2012).

Cabe entonces la pregunta, ¿es posible generar contextos en dónde se pueda guiar la atención hacia los aspectos luminosos de la experiencia? ¿Cuáles son algunas de las variables que comparten características que nos lleven a funcionamientos cognitivos que subrayen lo positivo? ¿Cómo llevar la atención para que sea selectiva a los elementos positivos de la situación? ¿Cómo intervenir para que la memoria sea más proclive a la evocación de experiencias positiva? ¿Cómo guiar mecanismos para que el pensamiento se incline a la resolución de problemas, al trazado de metas y objetivos claros, a procedimientos cognitivos y creencias metacognitivas positivas? ¿Cómo ayudar a instalar autodiálogos efectivos o un estilo explicativo optimista?

¿Nuestras intervenciones psicoterapéuticas pueden guiar hacia allí a nuestros consultantes? ¿Son parecidos los mecanismos si lo intentamos con niños, jóvenes o adultos? La respuesta es fuertemente positiva, podemos diseñar intervenciones que ayuden a guiar la atención hacia los elementos positivos de la experiencia y claramente no es igual en niños, adolescentes y adultos. Si tomamos la frase de Frederick Douglas "es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos", podemos afirmar que las posibilidades para sembrar intervenciones que incluyan mecanismos de autocuidado, la construcción de "aquello que nos salva", y la mirada hacia un encuentro más solidario y compasivo es no sólo una prioridad, sino que podría ser más sencillo en lo que respecta a los niños. Las políticas educativas y las pautas de crianza debieran diseñarse con la consciencia de innovar en sus prácticas para generar este objetivo. Los adultos tenemos la responsabilidad y la oportunidad de generar en los niños/jóvenes una actitud activa hacia la búsqueda del bienestar individual y con su entorno. Es posible intervenir para generar emociones positivas en niños. Como ejemplo, la investigación que se llevó a cabo con Grupo Awe en dónde la estimulación de emociones positivas de optimismo y gratitud redujo la presencia de relaciones interpersonales negativas en niños de 9 años en un 41% (Czar et al., 2017, Lozada et al., 2017).

Qué debemos saber entonces como un pre-requisito para poder intervenir en pos de estos mecanismos positivos de funcionamiento superior cognitivo? Tres cuestiones fundamentales: 1) cuáles son los factores que inciden en la experimentación de la felicidad, 2) PERMA o las rutas de acceso al bienestar, 3) la dificultad para cambiar, aprender y mantener hábitos positivos.

Se desarrollará brevemente cada uno de estas cuestiones básicas:

1) En primer lugar, cuáles son los factores que intervienen a la hora de evaluar cómo las personas experimentamos la felicidad. Las investigaciones de Sonjya Lyubomirsky (2008) recorrieron el mundo explicando sus tan aclamados estudios con 225.000 personas acerca de este tema. Sostiene que el rango en que experimentamos felicidad es en un 50% hereditario, sólo el 10% está definido por las circunstancias que atravesamos (si las necesidades básicas están cubiertas) y se enumeran situaciones como el estado civil, el nivel socioeconómico, entre otras. Y el 40% restante, generará más o menos bienestar en función de lo que hagamos y pensemos en forma intencional para producirnos mejores estados de ánimo, o mayor bienestar. ¿Es sencillo desplegar ese 40%? Dependerá de los genes, del temperamento, del carácter, la vitalidad, la sociabilidad, la regulación emocional, entre otras cosas. Estos rasgos, junto con nuestro modo de percibir las circunstancias vitales influyen también. Hay circunstancias muy dolorosas que influirán grandemente y temporalmente (a veces no tan temporalmente) en nuestra percepción. Pero claramente, se han investigado determinadas actitudes que pueden enseñarse, aprenderse y entrenarse y que harían más sencillo el despliegue de ese 40% descripto por Lyubomirsky. Se puede afirmar, que no depende sólo de la voluntad individual, aunque esta sea una condición necesaria, más necesaria aún, si el 50% hereditario no acompaña. La adversidad aparece en cada consulta psicoterapéutica y en la vida, la idea es diseñar intervenciones que incidan en nuestras actitudes para que no permanezcamos presos de nuestro temperamento. Lyubomirsky y su equipo (2017) se encuentra estudiando bajo qué condiciones las estrategias para aumentar el bienestar resultan más o menos eficaces, cuándo podrían tener un efecto negativo, y cuál es el "dosaje" y variación óptima para cada actividad (gratitud, actos de amabilidad, actos dirigidos hacia nosotros o hacia otros, etc.). Hanson (2013) propone estrategias para lograr que el bienestar sea cada vez más incondicional y no dependiente de situaciones externas.

2) Para lograr en cierto modo esta "independencia de campo", es necesario conocer cuáles serían las rutas descriptas por Seligman (2011) para el acceso al bienestar y dedicarse a transitarlas de alguna manera. La experimentación consciente, activa, con esfuerzo, y dedicación (Lyubomirsky, 2008) de estas rutas podría servir para aumentar la actitud intencional, aún a sabiendas de lo difícil que es hacerlo con la sistematicidad que se requiere. Las rutas descriptas por Seligman y condensadas en el acrónimo PERMA se refieren a cinco posibilidades para experimentar mayor calidad de vida. Son las emociones positivas (P. Positive Emotions), el flow o experiencia óptima (E. Engagement), las relaciones auténticas y saludables (R. Relationships), el sentido del propósito o significado en la vida (M. Meaning), y los logros (A. Accomplishment). Ninguno de estos cinco caminos define por sí solo el bienestar, pero cada uno de ellos contribuye a alcanzarlo. Numerosas investigaciones describen los beneficios de experimentar emociones y relaciones positivas, de vivir con sentido del propósito, de comprometernos en lo que hacemos y de lograr lo que nos proponemos (Seligman, 2011). Se describirá brevemente cada una de estas cinco rutas:

Las EMOCIONES POSITIVAS son 10 según Fredrickson: diversión, gratitud, alegría, entusiasmo, esperanza, serenidad, orgullo, inspiración, asombro, y el amor que nuclea a todas y que es concebido como resonancia positiva, compartir positividad. (Fredrickson, 2013). La autora sostiene que las personas encarnan las emociones que sienten y que las emociones positivas cambian la manera en que nos movemos en el espacio y pueden además, crear fisiología diferente en el cuerpo (Fredrickson, 2017). Describió lo que ha llamado la teoría de la ampliación y la construcción, en la que distingue los efectos que la experimentación frecuente de emociones positivas genera en las personas. En cuanto al efecto de la ampliación, aumentan el foco de atención y pensamiento, permiten ampliar las conexiones asociativas y nos ayudan a limitar los prejuicios. Con respecto al efecto de construcción, ayudan a descubrir y desarrollar Recursos Personales: a) Cognitivos (saborear, optimismo, atención plena), b) Psicológicos (tranquilidad, resiliencia, aumento de percepción de dominio sobre desafíos del ambiente) (Tugade, Fredrickson y Barret, 2004), c) Sociales (habilidad de dar y recibir soporte emocional, relaciones más cercanas e íntimas), d) Físicos (barrera contra el resfrío y enfermedades). Fredrickson sostiene también, que las emociones positivas pueden "deshacer" los efectos fisiológicos que generan las emociones negativas (Fredrickson, 2009) y advierte acerca del mecanismo de "adaptación hedónica", esto es, la rápida habituación que nos generan estas emociones. En palabras de Hanson (2013), las emociones negativas se nos quedan pegadas como velcro, y las positivas resbalan como si fuésemos de teflón. Esta adaptación hedónica que como humanos generamos, es la responsable de que nos cueste identificarlas y demos por "garantizadas" situaciones que debiéramos atender y valorar más.

Czikszentmihalyi (2000) describe el FLOW como aquellas experiencias en las cuales 1) las personas se encuentran inmersas con concentración focalizada e intensa. 2) Se genera el fenómeno de pérdida del yo como actor social. 3) El reto externo es elevado y al mismo tiempo fluye el control de las acciones presentes y futuras (inmediatas).

Existe en el estado de flow un equilibrio entre la acción y el conocimiento que implica que el nivel de habilidades es el óptimo para la complejidad de la tarea. Este equilibrio es frágil, si el desafío comienza a exceder las habilidades generará vigilancia y luego ansiedad y si las habilidades exceden la complejidad de la tarea se experimentará relajación que culminará en aburrimiento. Cuando el equilibrio es óptimo aparece distorsión del tiempo (el tiempo pasa "volando") y motivación por el proceso (intrínseca). La experiencia óptima puede aparecer en variadas actividades cotidianas como el trabajo, el estudio, el ocio, el deporte, la religión, y en conversaciones. Tienen que darse determinadas condiciones para su aparición: el reto de la tarea tiene que requerir de la persona concentración, dedicación y generar satisfacción por el uso de las competencias personales (aspecto cognitivo), así como variables emocionales y motivacionales que variarán dependiendo del ámbito de aplicación, de la importancia de las metas para el sujeto y del deseo que genera en el corto plazo esa actividad. Algunos consideran a la experiencia de flow como la "brújula psicológica" de los sujetos a lo largo de sus vidas (Delle Fave, Massimini, 2009)

¿Qué características deben poseer las RELACIONES que nos permitan acceder al bienestar? Los estudios revelan que las relaciones personales ocupan un lugar fundamental en la percepción de felicidad. Seligman (2003) colocaba a las relaciones interpersonales positivas como el cuarto pilar de la psicología positiva en su primera teoría sobre la felicidad. El beneficio del contacto frecuente con personas con las cuales nos sentimos cómodos, libres, que valoramos y nos valoran, con las cuales se desarrolla un sentimiento de pertenencia es prioritario en una "buena vida". Las características centrales de estas relaciones se expresan en un apego saludable y un sentido de confianza y autenticidad. Son relaciones que aumentan la satisfacción de las necesidades básicas emocionales, incluyen la capacidad para resolver problemas y para reparar malos entendidos y dolores. Nos permiten o estimulan nuestra evolución y nuestros logros satisfactorios, y empujan a una buena relación con nosotros mismos y a una sana autoestima (conocerse, aceptarse y valorarse). Fundamentalmente y a pesar de contener momentos de desazón, las relaciones positivas nos llevan a vínculos orientados a la alegría, la armonía y la prosperidad, minimizando el miedo, el conflicto y la escasez. Cristopher Peterson (2006) acuñó la frase "otras personas importan" ("other people matter") para enmarcar la importancia que las relaciones tienen para la psicología positiva. Carol Gilligan (1982) desarrolla la idea de que lo moral es cuidar al otro. "Pobre es el que no tiene comunidad" subrayan los indios Aymara.

¿Qué le da sentido a nuestra vida? El SIGNFICADO EN LA VIDA se refiere al sentimiento que la gente tiene acerca de que sus experiencias tienen sentido e importan. Peterson y Seligman (2004) afirman que para promover una vida con sentido, trascendente se deben identificar fortalezas y virtudes y utilizarlas para pertenecer y servir a algo que es más "grande" que uno mismo. El asombro, la sorpresa, la esperanza, el optimismo, la capacidad lúdica, la apreciación de la belleza y la excelencia, así como la gratitud se hallan vinculados con el significado en la vida. En general, las personas perciben significado en sus vidas cuando se sienten conectados con algo superior, y parte de proyectos y actividades que aporten algo a los demás. El contacto con la naturaleza, la espiritualidad, la religión, la familia, las artes, las actividades prosociales en las que "hacer el bien nos hace bien" son algunas actividades que generan sentido del propósito. (AWENTURA. App para desarrollar empatía y comportamiento prosocial, ver awentura.net)

Tener sentido del propósito se relaciona con mayor bienestar, mayor satisfacción con la vida, menor sentimiento de depresión y ansiedad y mayor satisfacción en el trabajo. Hay evidencia que sostiene que un buen porcentaje de las diferencias en como las personas experimentan el significado en la vida es debido a causas genéticas aunque otros estudios señalan que las actividades que emprendemos en forma cotidiana influyen también en esta percepción (Steger, 2017).

En los últimos años se profundizó el estudio sobre el sentido en la vida, Steger (2017) sostiene que la mayoría de las personas lo tiene, y que existen diferentes tipos de significado: 1) Big: la certeza que pertenecemos al universo, a un TODO, 2) Medium: se relaciona con el dominio de nuestra propia vida. Está emparentado con el valor que le damos a ciertas cosas, con la coherencia para entendernos y sostener nuestros objetivos que se convierten en nuestro propósito, 3) Little: nivel de dominio relacionado en general, con el lugar de trabajo, 4) Fluid: relacionado con la construcción de significado en el crecimiento post traumático.

¿A qué se refiere Seligman (2011) cuando habla de LOGROS? Claramente, a concretar lo que nos proponemos, a cierta libertad y autonomía para llevar a la realidad nuestros objetivos. El bienestar desde esta ruta se relaciona con la esperanza y la sensación de control (autoeficacia), esto es la transformación de la primera en un plan de acción para achicar el gap entre intención y acción. Dado que las intenciones son inestables, es preciso diseñar planes concretos. Los conceptos de autoeficacia y esperanza estrechamente vinculados al optimismo y la confianza, muestran de qué modo es plausible achicar esa brecha, perseverando ante la aparición de obstáculos y manteniéndose en el camino diseñado.

La autoeficacia es la capacidad para orquestar destrezas y desafiar y transformar los sucesos (Bandura, 1982). La autoeficacia no es una habilidad percibida. Es lo que considero que puedo hacer con mis habilidades en ciertas condiciones. Es producción de resultados (Maddux, 2002, citado en Nakamura y Csikszentmihalyi, 2005). La esperanza (fortaleza de carácter que nos ayuda a planear el futuro) es la guía. Aunque algunos crean que es simple ilusión, las investigaciones muestran que está íntimamente relacionada con la claridad del camino a seguir para conseguir una meta (Snyder, 2000). Crece cuando sé cómo hacer lo que imaginé.  El primer componente de la esperanza es pensar en el futuro. Aquí entran sueños e ilusiones, fundamentales para crear el estado interno que guie hacia la acción. El paso para convertir los sueños en metas precisas es central, y para ello, se necesita claridad, compromiso, motivación y persistencia. Snyder (2000) desarrolló una teoría psicológica en la que explica a la esperanza como expectativas claras dirigidas a metas. 
¿Qué se pone en juego cuando aparece la esperanza? a) La agencia personal (capacidad para lograr lo imaginado, autonomía, percepción de autoeficacia). La persona tiene la determinación y la creencia que los eventos deseados son más probables si realiza acciones específicas. b) Los caminos (pathways), descriptos por Snyder como la creencia que pueden generarse estrategias y planes exitosos para lograr las metas. Existe una relación directa entre la claridad del plan (evaluación contextual e influencia personal posible) y la autoeficacia.

3) ¿Qué más debemos saber sí o sí? Que para tener mayor bienestar el camino es arduo y complejo. La dificultad para cambiar, adquirir, aprender, mantener hábitos e incorporar nuevas rutinas es grande. Es posible, pero como se decía en un comienzo, es imprescindible el trabajo decidido, sistemático, frecuente y consciente con respecto a lo que se desea incorporar o modificar. No es fácil "ser feliz".

Davidson (Davidson y Begley, 2012) afirma que el cerebro es adaptable, cambia en respuesta a la experiencia, cambia en respuesta a nuestras acciones. Enfatiza en la posibilidad y responsabilidad para rediseñar el cerebro, esto es para cambiar su estructura y funcionamiento de manera significativa. Sostiene que los condicionantes biológicos gozan de gran plasticidad. A través de la actividad mental (pensamientos e intenciones) se puede modificar en forma intencional el cerebro, ¿cómo? fortaleciendo o debilitando conexiones entre diferentes zonas cerebrales e incrementando o reduciendo la actividad en circuitos específicos. Sostiene que las intervenciones comportamentales y psicológicas son biológicas, y pueden generar más cambios en el cerebro que el que generan los fármacos.

Hanson (2013) plantea a su vez, que podemos dirigir la instalación de rasgos neuronales activando estados emocionales específicos, utiliza la idea de neuroplasticidad dirigida, de neuroplasticidad dependiente de la experiencia, y sostiene que lo que se experimenta importa por: 1) lo que se vive en el momento y 2) por el rastro duradero que cada experiencia deja en el cerebro. "El cerebro adopta la forma de aquello en lo que reposa" (pag.30). El cerebro se formatea con las rutinas mentales. Las sinapsis activas se hacen más sensibles con lo que se repite (experiencias, pensamientos, sentimientos). Hanson (p.p. 31) afirma "tu atención es foco y aspiradora"

Barbara Fredrickson (2017) investiga cómo se producen los cambios en el estilo de vida para aumentar el bienestar y la salud de modo perdurable. Y sostiene que no es a través de la voluntad y el esfuerzo cognitivo, debido a que estos pueden perderse a lo largo del día. Sostiene que la perdurabilidad para la adquisición de hábitos está más ligada a la irrupción de pensamientos automáticos positivos con respecto a la actividad que se desea incorporar. Las personas o situaciones placenteras permanecen más tiempo en nuestra percepción, sobresalen del contexto, generan una especie de magnetismo perceptual y te invitan a re-experimentar esa situación. En cada encuentro se suceden una serie de mecanismos en niveles no conscientes que generarán aprendizaje a largo plazo. No se trata únicamente de conducta deliberada. Sucede. Lo que se disfruta y apasiona, capta, toma la atención y genera pensamientos espontáneos positivos. Es por esto, que se hace imprescindible en psicoterapia, guiar a los consultantes en la búsqueda de hábitos que sintonicen con sus valores y maneras naturales de disfrutar. Lo realmente importante es la adherencia a lo que nos proponemos, el ingrediente activo y central para que se mantenga una nueva conducta es la experimentación de emociones  positivas. A mayor emoción positiva mayor adherencia a la conducta elegida. El circuito que permite comenzar algo no es el mismo que permite mantenerlo. Tal Ben Shahar (2010) afirma que si se desea mantener un cambio en el tiempo es aconsejable diseñarlo con rutinas y rituales. Sostiene que construir rituales requiere definir comportamientos precisos y realizarlos en momentos específicos, y esto facilita la acción y el mantenimiento de la nueva conducta.

La psicología positiva es vasta y se ocupa como se enunciara anteriormente, de una variedad de temas. Este capítulo se propuso hasta aquí, describir someramente un esquema básico para comprender conceptos centrales con el fin de ofrecer una propuesta a tener en cuenta a la hora de diseñar un abordaje general en la práctica clínica.{ver figura 1}

¿Cuáles son los elementos que pueden servir para el diseño de intervenciones positivas? ¿Cuáles son esos "cielos" que la psicología positiva le ofrece a la práctica para rediseñar la experiencia psicoterapéutica?

Básicamente, un esquema de abordaje de la realidad (que se integra a otros modelos para intervenir en la resolución de los problemas) que utiliza vocabulario y conocimiento empíricamente validado asociado al bienestar, por tanto, incorpora información y condiciones que iluminan un modo de aprehender las cuestiones humanas y moverse en el mundo. Un abordaje que fundamentalmente apunta a la construcción y adherencia a hábitos positivos. Hábitos que estimulen la aparición de un funcionamiento cognitivo en el que la atención se fije en elementos positivos de las situaciones vividas. La atención es el primer paso para que se desencadenen otros mecanismos cognitivos positivos (memoria, autodiálogos, autoevaluación). Los procesos atencionales forman las experiencias personales. Aquello en lo que me detengo moldea mi mente (Csikszentmihaly, 1998, Hanson, 2013).

Entonces, ¿cómo crear un diseño de experiencia psicoterapéutica en la cual los consultantes encuentren y construyan "aquello que los salva"?

Los "cielos" o "el aquello que salva" tiene dos características: la de proveer una experiencia interna e individual de recuperación, de pausa, y la conexión con otros. Se trata de encontrar la congruencia entre la construcción individual de hábitos reparadores y la posterior mirada hacia el entorno.

¿Cómo guiamos la atención para que aparezca "aquello que salva"? Si bien el cuerpo científico de la psicología positiva describe una gran cantidad de caminos para acceder a experiencias con mayor bienestar, hay un elemento central que por sus características, provee la potencialidad de "salvar". Es el flow o experiencia óptima. Tener claro cómo funcionan los principios del flow reorienta una porción de la práctica psicoterapéutica hacia la construcción de intereses y fortalezas, hacia el crecimiento de habilidades, confianza y motivación intrínseca. El objetivo es ayudar a los consultantes a identificar e invertir su tiempo y atención en actividades que "los salven" (deportes, artes en general, innovación científica, conversaciones, prácticas contemplativas, etc.). Estas actividades se caracterizan por la satisfacción y el estímulo que genera el uso de destrezas personales (autoeficacia). No se habla aquí de tareas simples o repetitivas que raramente se asocian al flow. Sí se tiene en cuenta que en el flow se ponen en juego componentes cognitivos en general estables (concentración elevada y control de la tarea), y componentes emocionales y motivacionales que variarán de acuerdo al deseo que genere a corto plazo la actividad y el valor que se de a las metas de largo plazo. Por ejemplo, las actividades de ocio y las interacciones sociales conjugan ambas características emocionales y motivacionales. No suele suceder así en las actividades productivas en las que se le daría importancia a las metas a largo plazo y no necesariamente existiría tanto deseo en la tarea a corto plazo (dependerá de la actividad). En estas experiencias "salvadoras" la existencia de elementos positivos asociados al estado de presencia y atención favorece el esfuerzo de la práctica y la inversión de tiempo. Se genera así un círculo virtuoso en el que la dedicación invertida genera mayor habilidad y este incremento en la habilidad empuja hacia mayores retos, mayor concentración focalizada e incremento sostenido de la satisfacción. Poco a poco la implicancia activa e intencional y el control de la tarea crece y la experiencia se va complejizando y sofisticando. La persona se abstrae del mundo, del reconocimiento exterior, y se sume en una experiencia en la cual la satisfacción está dada por la manera en que se ponen en juego sus fortalezas, por la atención en ese proceso y por alejarse momentáneamente de los resultados

¿Cómo guiamos a los consultantes hacia la construcción de experiencias óptimas? ¿Cómo los ayudamos a percibir oportunidades de "salvarse" en sus actividades cotidianas? ¿Qué es necesario observar e incluir para el diseño de una vida en donde las experiencias óptimas sean un lugar de recuperación, reparación y estén disponibles para fortalecer a las personas cuando vuelvan a salir al entorno? ¿Qué debemos averiguar junto a nuestros consultantes?

1) La predisposición biológica y los talentos específicos

2) Los factores de personalidad como ser extraversión o introversión, apertura a la novedad, necesidad de autonomía y vinculación, entusiasmo, vitalidad, proactividad

3) La percepción de autoeficacia con respecto a destrezas específicas personales

4) Las interpretaciones personales acerca del valor de posibles experiencias a elegir, tanto en el eje individual como en congruencia con el valor que se les otorgue en el nivel social y comunitario. (Delle Fave, Massi, Massimino. 2009)

5) El análisis detallado de cada una de estas variables permitirá identificar y construir en las sesiones un abanico de experiencias "salvadoras" que generen motivación intrínseca, pensamientos automáticos positivos, y que puedan ser experimentadas sistemáticamente en la vida cotidiana como un modo de construir una base segura y una referencia a la cual acudir en momentos en que la persona lo requiera. Es imprescindible dedicar preguntas y tiempo a buscar experiencias óptimas pasadas, presentes o futuras. Se podrá llegar antes o después, pero en general, se puede afirmar que se encuentran o construyen a lo largo de la experiencia psicoterapéutica. Hay que saber preguntar. Hay que saber buscar. Hay que saber construir. Las experiencias de flow son la clave para encontrar reparación y equilibrio.

 

Agradecimientos:
A la Lic. Laura Macias, y a la Dra. Florencia Roitstein

 

Referencias

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Figura 1
 
 
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