ISSN 2618-5628
 
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Políticas públicas    
Psicología cognitiva    
     

 
Intervención de la psicología cognitiva en el diseño de políticas públicas
 
Krawchik, Raquel
Fundación SEMAS
Universidad Provincial de Córdoba (UPC)
 

 

A modo de introducción

Al decir del Dr. H. Fernández Álvarez (2011) el sufrimiento es una experiencia inherente al ser humano, sin embargo no todo sufrimiento humano requiere de la intervención psicoterapéutica. Tendríamos que estar frente a un sufrimiento disruptivo, discordante con las expectativas de la persona, interferente y con pocas herramientas para resolverlo.

Podemos decir que las personas tenemos la posibilidad de obtener muy diversas formas de intervención que alivien ese padecimiento, que puede ser clínico psicoterapéutico, inclusive farmacológico, religioso, político, comunitario, etc. etc.

Dado que el origen del trabajo en psicología fue clínico, (observación y tratamiento de los padecimientos individuales), siempre se sostuvo sobre premisas subjetivas. El sufrimiento de las personas y sus propias herramientas para aliviarlo, a veces eficaces, otras veces no. A veces en soledad con su terapeuta, otras veces con todo el grupo familiar o parte del mismo, o quizás con otros grupos. Siempre en la búsqueda del alivio de su sufrimiento.

Diversos marcos conceptuales entre los que el psicoanálisis tuvo un fuerte impacto como modelo psicopatológico y que fue gradualmente compartiendo con otros paradigmas, como es natural frente a la complejidad y diversidad del ser humano mismo, fueron investigando los factores que más frecuentemente dieron origen al padecimiento humano en sus diferentes etapas de la vida.

De esa manera la psicología incursionó gradualmente en todo aquel escenario en el que la persona actúa: Factores de riesgo social en la infancia y adolescencia, adicciones y consumo de sustancias tóxicas, traumas masivos, el desempeño en general, el rol social, etc. permitieron diseñar nuevos modelos de aplicación, nuevos procedimientos (Fernández Álvarez, 2011, p. 18).

El modo de entender los comportamientos de los diferentes grupos poblacionales ante situaciones sociales disruptivas, tiene más que ver con los marcos culturales en los que se producen que con una explicación causal procedente de teorías emanadas de diferentes concepciones psicológicas.

De tal manera desde este punto de vista, no es la teoría un marco explicativo si no se construye a la luz de la diversidad de comportamientos que las experiencias vividas producen.

La psicología debe incursionar con una mirada dirigida hacia los otros y no desde sí misma, intentando comprender, compadecerse, empatizar y llevar esa mirada a las situaciones más diversas.

 

De las políticas públicas a la psicología

"La carga cultural se hace sentir de manera muy intensa en el andamiaje científico y al mismo tiempo los desarrollos científicos se hacen sentir de una manera muy potente sobre la sociedad Y generan sesgos y confusión sobre los supuestos hallazgos" (F. Alvarez, 2011, p. 19).

En ese sentido y bajo influencia de "modas teóricas o científicas" el Estado percibe los problemas desde una perspectiva impuesta por el pensamiento científico de "moda".

Esto puede conducir a dar prioridades asistenciales o a determinados procedimientos que influyen directamente sobre los presupuestos asignados.

Si la pobreza (económica) determina un concepto de clases sociales y se la asocia con la delincuencia, se aumentarán los presupuestos otorgados a la seguridad (seguridad ante el delito). Si la escolarización se asocia a la disminución del delito, se aumentarán los presupuestos en educación.

Podemos decir, en base a la experiencia sociopolítica, que las políticas públicas se van diseñando en función de las percepciones y miradas de la sociedad misma y sobre todo desde los sectores sociales de mayor influencia económica y no desde una evaluación más profunda intentando entrar en los factores del padecimiento social, analizarlos, diseñar modelos explicativos y sobre esa base, modelos de intervención. Con una mirada académica y científica, en la que la psicología tiene tanto para decir (Puello Socarras, 2007).

Por otra parte y en función de la necesidad de sostener el poder político, las políticas públicas se van diseñando con fines electorales sobre la base del clientelismo.

Tomando esta variable, se puede entender por qué se asocia "seguridad" a necesidad de controlar el delito que afecta sobre todo a a los sectores sociales de mayor poder económico y de mayor influencia en la economía de los países y no se toma la "educación" como un factor fundamental de movilidad social y disminución del delito. Se debe tener en cuenta que en general se asocia muy rápidamente y de modo naturalizado el delito a la pobreza, entendiendo que el pobre delinque para obtener bienes materiales que de otra forma no tendría.

También se asocia el delito al consumo de drogas. En un silogismo fácil, el pobre se droga y por eso delinque. Porque está drogado o para obtener drogas.

Ya no son bienes materiales, sino la droga el motivo del delito. Se cierra el círculo.

En las sociedades capitalistas se explica la presencia de la pobreza con afirmaciones de tipo individualistas (pobre es el que no trabaja o no tiene deseos de superación) o del tipo sociales (pobres hubo siempre). Desde este punto de vista la pobreza no es el resultado de la desigualdad social, sino de las acciones y de la responsabilidad del mismo individuo pobre (Kreimer, 2010).

El concepto pobreza varía en relación a los marcos ideológicos del equipo gobernante. En las sociedades capitalistas, la pobreza no se mide por cantidad de bienes mínimos para mantenerse con vida sino en relación de los bienes que posee un individuo con respecto al promedio de los bienes que posee la población del contexto que habita. (Kreimer, 2010)

De modo que en el diseño de políticas públicas el marco conceptual de referencia que otorgue herramientas para significar las situaciones problemáticas, tiene crucial importancia en la búsqueda de caminos de solución y cambio.

Un paradigma en términos de Kuhn son "las realizaciones científicas universalmente reconocidas que durante cierto tiempo proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica" (Kuhn, 1962, p. 14.). Edgar Morin opina: "(...) nos acercamos a una revolución considerable" que hasta el momento no se asomaría consistentemente en la politología (Morin, 1996, pp. 83-84.)

En contraste, la "toma de conciencia radical" sobre la complejidad sería apostar –en términos de Morin– por una ciencia con conciencia; una invitación hacia la "aventura de la inteligencia humana" que a partir de la reflexión tradicional en la política no es posible interceder en tanto se continúe a la sombra del carácter común y habitual que termina en un modo mutilante de organización del conocimiento, incapaz de reconocer y aprehender "la complejidad de lo real.

Así las cosas, complejizar no es tampoco complicar pues, parafraseando a Morin, se trata de tener la cabeza bien puesta, pero nunca llena (Morin, 1996).

¿Se puede acercar una línea de entendimiento entre "hacer ciencia" y "hacer política a través de las políticas públicas?" Este argumento puede ser expresado a la inversa: la comprensión de la realidad social está inextricablemente vinculada a la de la consciencia reflexiva.

La dimensión cognitiva es justamente lo que los análisis de los procesos de decisión pública y políticas públicas han querido omitir sistemáticamente.

Por tanto, proponer una perspectiva cognitiva en las políticas públicas parece no solo una alternativa plausible de análisis sino que, ante todo, se traduce en la exigencia de promover una reflexión compleja de la política (politics) y de lo público (en tanto public policy), y en la "necesidad de mejores teorías" –como ha reclamado insistentemente en este tema Paul Sabatier (1999) incluso bajo la presión actual que suscita el pensar en una ciencia de la política, no en caricatura, sino por fin realmente auténtica.. Igual Müller (2003) anota: "(…)….l'analyse des politiques publiques a montré –de manière sans doute définitive– que les fonctions de gouvernement sont irréductibles aux processus de représentation politique, et que l'on ne peut pas "déduire" le contenu et les formes des activités gouvernementales (en tant qu'activités spécifiques) des caractéristiques de la 'politique électorale'" ( p. 2.).

.el análisis de las políticas públicas mostró sin lugar a dudas, de manera definitiva, que las funciones de gobierno son irreductibles a los procesos de representación política y que de las actividades gubernamentales (actividades específicas), no se pueden deducir características de política electoral…(Müller, 2003).

Pierre Müller– sería portador de una idea específica y distintiva de un problema (el problema agrícola, de la exclusión, del empleo, etc.); de una representación de un grupo social que permite su existencia pública (la modernización de los agricultores, la visibilidad de los excluidos, la favorabilidad al empleo o hacia los desempleados, etc.); y de una "teoría del cambio social". Teniendo en cuenta este último elemento, resultaría lógico pensar que para responder al entorno cambiante, ya sea este económico, político o social, buena parte de la capacidad de los gobernantes depende de la existencia de "un gran conjunto de ideas y propuestas".

Las políticas públicas contribuyen, entonces, por un lado, a la configuración de un "espacio de sentido" (público, desde luego) que proporciona una mundo-visión y, por el otro actúan, en últimas, a la manera de un "sistema de creencias" que guía las conductas públicas (Surel, 2000).

Las políticas (policies) aparecen como fruto de "las interacciones sociales que dan lugar a la producción de ideas, representaciones y valores comunes". Jobert, de manera mucho más precisa, propone que el proceso de elaboración de políticas estaría determinado sustancialmente por las creencias más comunes de los actores públicos y privados involucrados en los subsistemas de acción pública (Jobert, 2004).

Los marcos cognitivos y normativos definirían así cómo los actores entienden, enfrentan y solucionan los problemas públicos mediante respuestas que se ajustan a un conjunto determinado de percepciones.

En este sentido, los procesos de producción y elaboración de políticas serían fruto de "creencias compartidas" en el terreno público o, si se quiere, de una construcción pública de la realidad social, mediada ideológicamente.

Los marcos cognitivos definen las visiones del mundo que animan, a su vez, los principios de la acción pública y las metodologías prácticas que convergen en un sistema estructurado de instrumentos conceptuales y analíticos, legítimos a la hora de justificar e interpretar las relaciones sociales, y el manejo de los asuntos públicos y las políticas en un dominio particular de acción en la esfera pública. De este modo, determinan en buena parte las posibilidades para el cambio social.

Las políticas públicas sirven paralelamente para construir la realidad y para definir los modelos normativos de acción sociales.

Modelos normativos que en definitiva surgen de las creencias, valores y representaciones que los mismos actores políticos comparten o disputan en el campo social.

A partir de allí se despliegan, aunque sin constreñirlos por completo, los demás estratos normativos. Siempre bajo la mirada de las necesidades electorales para la consolidación del poder político.

Los trabajos de Jobert y Müller han desarrollado la noción de "referencial" para explicar cómo los sistemas de ideas sirven de guía para la acción pública en el seno de un subsistema de política (o sector) y entre las relaciones sectoriales y la sociedad global.

Desde sus primeras elaboraciones, han insistido en la invocación de variables ideológicas para el estudio de las políticas públicas con el fin de observar de qué manera "la definición social de la realidad" constituye a los mismos actores y predetermina, en buena parte, sus marcos de acción.

El problema de la elaboración de una política pública "se reduce a construir una representación, una imagen de la realidad sobre la cual se quiere intervenir" y así el manejo de las políticas se ejerce a través de un sistema de representaciones sociales (Jobert, 2004).

Claramente la constitución de foros para el diseño de políticas públicas, permitiría a los políticos en uso del poder gobernante, representar la realidad social en un sistema teórico y normativo que les permita construir estrategias de intervención. Lo que interfiere en este tipo de acciones es indudablemente la variable electoral como una "norma selectiva de acciones" que impide el desarrollo de políticas de estado permanentes que son el verdadero factor de cambio social.

La dimensión intelectual del Estado y de las políticas públicas "definen e imponen" un tipo de representaciones socioeconómicas comunes y, formas de regulación sobre las relaciones de fuerza desplegadas alrededor del proceso mismo de intervención pública. Es decir, las políticas públicas construyen la realidad social y definen "modelos normativos de acción sociales" con referencia a "creencias, valores y representaciones" que los actores comparten (o disputan) en el campo social (Rodríguez, 2014).

"Los intereses sociales" son "construcciones sociales" que movilizan creencias y representaciones. Esto no es otra cosa que la situación de adopción de un referencial (Jobert, 2004).

Estos 'referenciales' personifican "recetas o repertorios estratégicos" que tienden a institucionalizarse en instrumentos de políticas públicas; formas de ver el mundo, su orden y organización que no se quedan simplemente como meras ideas, sino que se concretan en diversos espacios macro y microsociales y se realizan e institucionalizan, sobre todo, en los procesos de la política y de las políticas (politics-policy-polity). Este aspecto, muchas veces eclipsado en los análisis, es un poderoso instrumento para desatar los desafíos de la política, la gestión y el manejo público actual.

No hacer un análisis de las variables cognitivas que están en la base del diseño de estrategias específicas para el desarrollo de políticas públicas, es dejar este diseño exclusivamente en el marco del sistema de ideas y creencias que los políticos tienen, ya sea concordantes con variables ideológicas que fundamentarán sus objetivos, ya sea concordantes con sus necesidades electorales con el fin de sostener el poder.

En todos los casos, se naturalizan pensamientos, representaciones, atribuciones y creencias que sostienen las acciones políticas sin llegar a ser un factor real de cambio social.

Tomemos el ejemplo del análisis de la pobreza: Si hay un argumento que sostiene a los políticos para el diseño de políticas públicas es modificar la situación de pobreza. En este sentido es corriente escuchar insistentemente mencionar factores como la "exclusión", la "marginalidad", la falta de escolaridad o el abandono de la misma, la drogadicción y sin solución de continuidad se llega a la delincuencia, cerrando un círculo que termina en la necesidad de trabajar sobre el "sistema de seguridad" entendiendo la misma como refuerzo policial para "atacar la delincuencia" que es considerada la base de la "violencia social" (Kreimer, 2010).

Este modo de percibir la pobreza es reforzada por los "reclamos de seguridad" de amplios sectores sociales, que no pueden dejar de mirar el delito como una realidad amenazante, causa y consecuencia de "la pobreza". Así se llega desde la política a formular diferentes programas de acciones diversas que logren el "apoyo" de estos amplios sectores que serán uno de los principales ejes de los programas electorales.

Mientras tanto a los pobres, que viven en zonas excluidas se los atiende con "planes sociales" que no hacen otra cosa que sostener el círculo de la pobreza.

Basta realizar una escucha rápida de los discursos políticos y se podrá comprobar que se define la pobreza como una situación en sí misma aparentemente creada por la misma población pobre.

Se escuchará hablar de la "pobreza estructural", "generaciones de familias criadas en la pobreza", "necesidades básicas no satisfechas", aspectos que separan la "línea de la pobreza" de la "línea de la indigencia", poblaciones que habitan "zonas urbano marginales" que inmediatamente evocan a las villas de emergencia, cuando en realidad estas zonas solamente ubican una región geográfica. Visto de este modo los countries también se sitúan en zonas "urbano marginales" sin embargo a ningún habitante de un country les gustaría que lo señalen de este modo.

Así es como una localización determinada, forma parte de un sistema de representaciones específicas en el imaginario social.

Este mismo imaginario, no se detiene en "imaginarse" o sea poner en imágenes el modo de vida de este sector, cada vez más amplio de la población: Por ejemplo poder ponerse en la situación de este modo de vida. Vivir en construcciones muy precarias, donde no se puede resguardar del frío ni de la lluvia. No tener un baño adecuado. Vivir en hacinamiento. No tener dinero para poder adquirir la comida diaria. No poder acceder a todo aquello que los diferentes sistemas de publicidad señalan como factores de éxito social: zapatillas de ciertas marcas, autos, casas, etc. Imaginarse pasar 48 horas en esa situación, dormir allí, comer allí, higienizarse allí.

Visto así no es difícil adherir al concepto definido por la UNESCO: la pobreza expresa la "población sobrante" de una sociedad, la que queda privada de sus derechos humanos, que no son solo económicos (derecho al trabajo y a un nivel de vida adecuados), sino también sociales(derecho a la asistencia médica y a la educación), políticos (derecho a la libertad de pensamiento, de expresión y asociación) y culturales (derecho a mantener la propia identidad cultural y a participar en la vida cultural de la comunidad). Esta definición expresa una propuesta de la UNESCO que fue ganando terreno en el sentido que la pobreza implicaría la violación de derechos humanos básicos que deben ser respetados para garantizar la dignidad de las personas. (Kreimer, 2010, p. 99).

Si se siguen escuchando los discursos de los políticos se podrá fácilmente reconocer que en realidad se alejan de la definición arriba citada y no de una manera ingenua, sino que claramente se refieren a la población pobre, como una población "vulnerable" que no lo es. Porque construyó un entramado social que le permite sobrevivir en condiciones de extrema carencia. No son vulnerables. Es una población VULNERADA, de todos sus derechos. Es una población que no tiene una vida digna. Que si la definimos como vulnerada, la responsabilidad se pone sobre las acciones de gobierno para la restitución de derechos. Si es vulnerable requieren ayuda. Requieren asistencia. Políticas asistenciales. Que son factores de sostén de la pobreza, a lo sumo con algún alivio, pero no son factores de cambio social.

De alguna manera sin embargo, fueron cambiando los criterios de definición de pobreza. El Dr. Martín Maldonado describe por lo menos ocho tipos de pobreza y dependiendo de los criterios que se tome, serán los porcentajes de población pobre que se encuentre (Maldonado, 2015).

Si se define la pobreza por los servicios habitacionales, muy probablemente no carezcan de luz, agua, artefactos domésticos, conectividad.

Si se define por las posibilidades de desarrollar sus capacidades y por el respeto a su identidad y valores culturales, probablemente el número aumente. La pobreza también puede considerarse relativa con respecto a las diferencias adquisitivas entre una población y otra. No es una dimensión única y menos aún universal. Sin embargo, claramente es la consecuencia de una vulneración de sus derechos como ciudadanos constitucionalmente garantizados.

Desprendimientos de diferentes discursos políticos muestran con claridad como en diferentes gestiones de gobierno en países de América Latina y con diferentes marcos ideológicos hay temas en las campañas electorales que atraviesan sus consideraciones programáticas:

Problemáticas de Género, ambientales, drogadependencias, dependencias a diferentes formas de consumo, seguridad (entendida como acciones que tiendan a disminuir la existencia de hechos delictivos), violencia social, problemas habitacionales, disminución de fuentes de trabajo, etc. es decir, problemas vinculados a la pobreza.

En la otra punta, se refieren a aumento de las riquezas de los países, generación de créditos para empresarios, disminución de cargas tributarias para alentar al desarrollo productivo, etc.

Marcando las diferencias con respecto a cuál población se dirigen y casi siempre con fines electorales.

La Psicología cognitiva y social comunitaria, el trabajo en redes, los modelos económicos alternativos como opción de inclusión y movilidad social, las posibilidades de analizar y comprender a través del pensamiento crítico los factores de cambio y conocimiento real de las poblaciones ocultas (Maimone y Edelstein, 1998) permitirían un diseño científico de las políticas públicas, basado en marcos conceptuales de la psicología moderna, la sociología y la antropología. Sin embargo no son consultadas, quedando todo en manos de las ideas, creencias, convicciones y atribuciones de los políticos en carrera electoral.

No obstante se puede ver una luz de esperanza con el involucramiento cada vez mayor de los espacios académicos en el análisis de las problemáticas sociales que ponen en riesgo la fortaleza del entramado social.

 

Referencias

Fernández Álvarez, H. (2011). Paisajes de la psicoterapia. Modelos, aplicaciones y procedimientos. Buenos Aires: Polemos.

Jobert, B. (2004). Representaciones sociales: controversias y debates en la conducta de las políticas públicas. En Estado, sociedad, políticas públicas, pp. 91-110. Santiago, Lom Editores. (Trabajo original publicado en 1992).

Kreimer, R. (2010). Desigualdad y Violencia Social. Análisis y propuestas según la evidencia científica. Buenos Aires: Anarres.

Khun, T. S. (1962). Estructura de las revoluciones científicas. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Maimone, M. C. y Edelstein, P. A. (1998). Acerca de la dignidad en el proceso educativo. Buenos Aires: La Crujía.

Maldonado, M. (2015). De qué hablamos cuando hablamos de pobreza. La Voz del Interior. Recuperado de https://www.lavoz.com.ar/suscripciones?limit=true&msg=adblocker

Morin, E. (1996). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Müller, P. (2003). L'analyse cognitive des politiques publiques. Vers une sociologique politique de la action publique. Séminaire Mutation de l'État dans la société post-industrielle, Paris, 4 de noviembre de 2003.

Puello Socarras, J. (2007). La dimensión cognitiva en las políticas públicas. Interpelación politológica. Ciencia Política, 2(3), 30-57.

Rodríguez, P. G. (2014). Los modelos de intervención en un enfoque cognitivo para el análisis de las políticas públicas. Ponencia presentada en el XI Congreso de Antropología social. Rosario, Santa Fe.

Surel, Y. (2000). L´intégration européenne vue par l´approche cognitive et normative des politiques publiques. Revue Francaise de Science politiques. 50(2), 235-254.

 
 
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