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Psicología comunitaria    
Intervención comunitaria, Salud mental    
     

 
Psicología comunitaria y salud mental. Complementariedad, simultaneidad y autonomía disciplinar
 
Lapalma, Antonio Ismael
Universidad del Museo Social Argentino (UMSA)
Universidad de Flores (UFLO)
 

 

Introducción

El contexto de origen de la psicología comunitaria es la década del 60, vinculado al movimiento de salud mental comunitaria en los Estados Unidos y a las críticas del modelo médico de atención, a la perspectiva individual orientada factores biológicos e intrapsíquicos, a las dificultades del acceso a los centros de atención por parte de la población, la ausencia de intervenciones orientadas a la prevención y el papel desempeñado por los hospitales neuropsiquiátricos entre otros. Surge así un movimiento orientado a la desinstitucionalización de los pacientes.

Los estudios sobre las consecuencias el síndrome del hospitalismo, el perfeccionamiento de las drogas psicoactivas que permitían el tratamiento de los pacientes con autonomía de los centros hospitalarios y en los espacios de la propia comunidad facilitan este proceso de desmacomialización. Sin embargo, este último aspecto parece vinculado a aspectos de carácter económico y administrativos, sin que se realizara una adecuada planificación de las alternativas para el tratamiento de los pacientes en la comunidad (Levine, 1982, citado por Sánchez, 1991).

En América Latina, la Psicología Comunitaria, ha enriquecido estos aspectos al incorpora la comprensión las consecuencias psicosociales que genera las condiciones de pobrezas (no sólo económicas) en el marco de relaciones de dominación y opresión. Al enfoque inicial en salud mental comunitaria se le suman los aportes de la Educación Popular la Psicología de la Liberación la Sociología Critica y en particular las contribuciones de Falls Borda con la Metodología de la Investigación Acción Participativa - IAP.

En la República Argentina, con escasa diferencia en el tiempo surgieron políticas públicas y un sinnúmero de experiencias vinculados a la psiquiatría social, y a una psicología en la comunidad. Lapalma (1993), Chinkes, Lapalma y Nicemboin (1995) y Fuks y Lapalma (2011), han intentado ordenar todas estas experiencicas lexperiencias que dan cuenta la diversidad cultural propia en la inmensidad del territorio argentino.

 

Algunos antecedentes. El enfoque comunitario en salud mental en Argentina

Bleger (1966) en la primera década de la psicología argentina define el rol profesional del psicólogo en el campo comunitario, que implica la transformación de un rol centrado en la enfermedad y la atención individual a un enfoque preventivo grupal y social, reconociendo que las intervenciones se realizan en "estructuras tan complejas que constituyen una verdadera constelación multifactorial integrada por todas las actividades, instituciones, normas e interacciones que se dan en una comunidad." (p 119).

Una experiencia significativa de la época, es la creación en el Hospital Gregorio Aráoz Alfaro en la localidad de Lanús, provincia de Buenos Aires un servicio de psiquiatría (1956) dirigido por el Dr. Mauricio Goldemberg, quien incorpora los principios de la psiquiatría social que se orientaban a la: a) Acción comunitaria como intervenciones masivas en el campo preventivo, la concientización de la población en problemas sanitarios, como así también la formación de promotores de la salud; b) en el ámbito de la educación, con acciones preventiva de salud en las instituciones escolares; c) la prevención materno infantil mediante la constitución de grupo de embarazadas y su seguimiento después el parto y d) la investigación que intento la planificación y evaluación de las actividades como así también y la elaboración teórica de los datos que surgían de las intervenciones (Chevalier et al., 1973).

Esta experiencia influyo en la formulación del Primer Plan de Salud de la ciudad de Buenos Aires (1969) que integraba tres niveles asistenciales según tipo de paciente y de la ubicación física de la demandan: a) Servicios de psicopatología en Hospitales Generales; 2 Centros de Salud con acción preventiva en la comunidad y b) equipos de salud mental integrados en los Centros Municipales de salud general (Hirsch y Rosario, 1967)

En la Provincia de Córdoba, el Centro de Investigaciones en Psicología Social, dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, crea el Programa Intercomunitario de Salud Mental de Córdoba, cuyo objetivo era ejecutar un programa integral de salud mental basada en: a) la sectorialización de la comunidad, b) determinación de los objetivos en salud; c) la descentralización operativa, d) determinación de los efectos multiplicadores, e) la creación de centros comunitarios, f) desarrollo de unidades de enseñanza programada por la comunidad y g) la transferencia de conocimientos.

En la década del 70 encontramos los trabajos de los psicólogos/as en el "Programa de erradicación de Villas de emergencias (PEVE) y el Plan de Núcleos Habitacionales Transitorios (NHT), que dan cuenta de las intervenciones psicosociales en familias y jóvenes en el marco de la efervescencia y de la participación política de la época. En este contexto es Nocetti (1974), es quién dará la primera definición de Psicología Comunitaria en Argentina.

En 1984 en la carrera de Psicología de la Universidad Nacional nace el Proyecto de Asistencia a la comunidad – CEAC, que se propone llevar adelante un modelo de prevención de la salud con participación comunitaria, la creación y transferencia de conocimientos y herramientas para que la comunidad pueda generar de autogestión de tales procesos.

Desde la perspectiva académica, promueve la producción de investigaciones y publicaciones que influyeran en la planificación en salud, educación y las políticas sociales. Ha sido un "factor decisivo para la construcción del CeAC… la inclusión - política y relacional – de los vecinos del barrio como co-constructores de la experiencia", (Fuks, 2015, p 18), condiciones que han garantizado la continuidad de la experiencia hasta el día de hoy.

Los aportes de Caplan (1989) en el campo el prevención en salud mental; el surgimiento de la antipsiquiatría y los premisas de Cooper y Laing (1969), las experiencias de las comunidades terapéuticas de Maxwell, (1970); la experiencia en Triestre (Italia) (1971-79) conducida por Franco Basaglia (1977) y los aportes al trabajo grupal en salud mental de la Clínica Tavistock de Londres influyeron en el surgimiento de las comunidades terapéuticas en Argentina (Fuks y Lapalma, 2011).

En el Hospital Neuropsiquiátrico "Antonio Roballos" de la Provincia de Entre Ríos, el Dr. Luis Cesar Guedes Arroyo, aportó su experiencia en psiquiatría comunitaria para generar la primera experiencia de comunidad terapéutica en un hospital psiquiátrico de Latinoamérica. Allí los miembros del hospital, familiares y líderes comunitarios/as del poblado discutían en asamblea los más diversos temas y tomaban las decisiones importantes acerca de la vida cotidiana de la institución y su entorno.

Estas experiencias se propagaron por distintos puntos del país; con Wilbur Ricardo Grimson, en el Hospital Psiquiátrico (hoy Hospital Interzonal) "José Estévez" de Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires); Julio J. Herrera en el Hospital Psiquiátrico "El Sauce" (Mendoza); Raúl Camino en Colonia Federal (Entre Ríos), la experiencia del Pabellón 3 del Hospital Psiquiátrico "Agudo Ávila" de Rosario (Santa Fe), son algunas referencias de corta duración que instalaron lo "social" y lo comunitario en el campo de la salud mental e influyeron en la manera de entender la función del psicólogo/a y su formación (Grimson, 1973).

A casi 50 años de estas prácticas, podemos señalar que fue posible una alternativa a la clínica psicológica y psiquiátrica tradicional sin embargo son antecedentes históricos que han desaparecido- ¿qué aconteció en la historia de la psicología y de la psiquiatría en Argentina, para que sea un relato histórico?

Chinkes, et al. (1995) proponen tres escenarios a tener en cuenta en el intento de comprender este proceso: 1) las sucesivas dictaduras para los cuales el abordaje comunitario resultaba básicamente sospechoso y frecuentemente subversivo; 2) la influencia del modelo médico-clínico instaurado en las carreras de psicología y 3) los esfuerzos del estudiantado avanzado y jóvenes graduados/as por construir y legitimar una identidad profesional orientada a la práctica clínica.

A partir de 1983, con el retorno a la vida democrática, merece especial mención Reforma de Salud mental de la Provincia de Río Negro, que inicia con el Plan de Salud Comunitaria, el cierre del Hospital de Psiquiatría en 1988 y la Sanción de Ley 2440 de promoción sanitaria y social de las personas que padecen sufrimiento mental, con un fuerte, enfoque comunitario.

Podríamos hacer un largo inventario de prácticas con enfoque preventivo en el campo de la salud mental, en todo el territorio; sin embargo son fragmentadas y poco sistematizadas que crecen a medida que se consolida la psicología comunitaria, la salud comunitaria y otros enfoques similares en las Universidades y cuya presencia creciente se puede verificar en los anales de los congresos profesionales. Cabe interrogarse ¿Este desarrollo es producto de nuestra historia? ¿Cuál es la condición de la salud mental en nuestro mundo contemporáneo? en relación con los aspectos hasta aquí mencionados.

Para dar un amplia respuesta apelaremos al Informe de las Naciones Unidas del año 2017 (Naciones Unidas, 2017) sobre la Salud Mental, en el cual se destaca que la diferencia presupuestaria entre los recursos asignados a la salud física y mental es cercana al 10 %, y en "esta inversión se canalizan para modelos de atención de larga duración en instituciones y hospitales psiquiátricos, lo que se traduce en una ausencia casi total para la promoción integración de la salud mental para todos" (p3),… el modelo biomédico reduccionista "ha generado la exclusión, el descuido, la coacción, y el maltrato a las personas con discapacidad intelectual, cognitiva y psicosocial, de las personas con autismo y de las personas que se apartan de las convenciones culturales, sociales y políticas predominantes." (p4).

Se identifican tres obstáculos para un cambio en el paradigma en salud mental: uno de ellos se refiere al predomino del modelo biomédico orientado a la medicalización con el apoyo de la psiquiatría y la industria farmacéutica, que modelan las prácticas y la proliferación de excesiva de características diagnosticas "que invade la experiencia humana hasta el punto que podría terminar reduciendo la aceptación de la diversidad humana" (p6). El segundo se refiere a la asimetría del poder que violan los principios de la atención integral y los derechos humanos de los usuarios y que se traduce en relaciones paternalistas con los servicios y los usuarios, y la desconfianza que ello despierta, y en tercer lugar la utilización sesgada de los datos empíricos de la salud mental, que cuestiona la eficacia de los medicamentos psicotrópicos como, así también, algunas intervenciones psiquiátricas biomédicas, fortalecida por el reduccionismo de la enseñanza e investigación a los componentes biológicos dela salud mental.

Saforcada (1999), define las dimensiones de este modelo en salud como una concepción individual – restrictiva basada en la enfermedad centrada en un organismo individual, sin considerar la influencia del entorno social más amplio. La consideración del ser humano como entidad biopsicosociocultural y económica y política dan origen al paradigma social expansivo.

Diversas Declaraciones y Pactos Internacionales, ha incluido en el campo de los Derechos el derecho a la integración y al tratamiento en la comunidad, abriendo las puertas a los procesos participativos de los usuarios, familiares y organizaciones de la sociedad Civil, acciones que pueden ser potenciados por la vigencia de las normar jurídicas tales como la Convención sobre los Derechos de Personas con Discapacidad; la Convención sobre la Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención sobre los Derechos del Niño. Todos estos instrumentos legales que son herramientas de incidencias públicas con capacidad para empoderar a los usuarios, a las organizaciones, a los profesionales y a los decisores políticos que formulan, planifican gestionan las políticas públicas. Así la participación, el empoderamiento, la interdisciplina y la intersectorialidad se transforman en herramientas sinérgicas y complementarias para el cambio deseado en el campo de la salud mental.

En Argentina la Ley Nacional de Salud Mental Nro. 26.657, reconoce "a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona".

En el marco de este trabajo se destacan Cap. VI. - Art. 7, d) establece el Derecho a recibir tratamiento y a ser tratado con la alternativa terapéutica más conveniente, que menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y comunitaria.; en el Cap. V. Art. 9 - El proceso de atención debe realizarse preferentemente fuera del ámbito de internación hospitalario y en el marco de un abordaje interdisciplinario e intersectorial, basado en los principios de la atención primaria de la salud. Se orientará al reforzamiento, restitución o promoción de los lazos sociales. Así también el Art. 11. – define que "La Autoridad de Aplicación debe promover que las autoridades de salud de cada jurisdicción, en coordinación con las áreas de educación, desarrollo social, trabajo y otras que correspondan, implementen acciones de inclusión social, laboral y de atención en salud mental comunitaria. Se debe promover el desarrollo de dispositivos tales como: consultas ambulatorias; servicios de inclusión social y laboral para personas después del alta institucional; atención domiciliaria supervisada y apoyo a las personas y grupos familiares y comunitarios; servicios para la promoción y prevención en salud mental, así como otras prestaciones tales como casas de convivencia, hospitales de día, cooperativas de trabajo, centros de capacitación socio-laboral, emprendimientos sociales, hogares y familias sustitutas".

Estas menciones están alineado con las recomendaciones a los principios de los Principios de las Naciones Unidas – para la Protección de los Enfermos Mentales y para el Mejoramiento de la Atención de Salud Mental, como así también, a las recomendaciones de la Declaración de Caracas de la Organización Panamericana de la Salud – OPS y la Organización Mundial de la Salud – OMS para la reestructuración de los servicios de psiquiatría y su reemplazo por alternativas comunitarias.

La Declaración de Montevideo, contempla la incorporación de líneas "estratégicas sobre la Atención Primaria de Salud, tales como el desarrollo de sistemas sanitarios basados en la inclusión social, la equidad, la promoción de la salud y la calidad de la atención" (Rodríguez y González, 2007).

Observamos la existencia de modelos conceptuales, interventivos y normativos internacionales como locales, y experiencias en políticas públicas significativas que expresan diferentes alternativas para desarrollar intervenciones desde la perspectiva comunitaria.

 

Enfoque comunitario y la psicología comunitaria

Las ciencias sociales han desarrollado un sinnúmero de modelos de intervención comunitaria, cada una de ellas fundamentadas disciplinar y metodológicamente. Fernandez- Alvarez (1998) señala dos enfoques comunitarios en el campo de lo que denomina la psicología clínica comunitaria: a) Intervenciones a la comunidad, orientadas al conjunto de la sociedad, a veces sin dar cuenta de la complejidad y el contexto cultural del interior de las comunidades. En general son campañas masivas, orientadas a la prevención, a la instalación o sensibilización de un tema en particular, con un impacto en los individuos y grupos; b) las Intervenciones en la comunidad: donde las actividades se realizan en un territorio, lo cual hace necesario una descentralización de servicios y de las decisiones.

Pueden identificarse tres modalidades en que se orientan las intervenciones; la primera dirigida a trastornos específicos (urgencia y detección precoz), la segunda orientada al asesoramiento, el estudio e investigación, y la tercera a la formación de redes de asistencia y prevención (grupos de autoayuda y el diseño e implementación de comunidades terapéuticas). Fernández-Alvarez (1998) Ello implica una actitud activa en intervenciones directas modificando la tradicional pasividad de esperar" la demanda".

Podemos identificar un tercer enfoque comunitario, que son las intervenciones con la comunidad; las personas, los grupos y las organizaciones comunitarias que los representan, actores sociales que transforman la realidad y que en la vida cotidiana coexisten con situaciones complejas que facilitan o quebrantan su estado de bienestar. Este enfoque incorpora la condición relacional, dialógica y colaborativa y es la que denominaremos Psicología Comunitaria. .

Montero (2005), establece cinco dimensiones que definen al paradigma de esta subdisciplina: 1) el reconocimiento de que se facilitan procesos de cambio conjuntamente con actores sociales en un escenario social situado históricamente, en el cual la población construye y trasforma su realidad y genera conocimientos, el cual debe ser considerado (dimensión ontológica); 2) La construcción del conocimiento de la realidad siempre se da desde una perspectiva histórica, y en esta realidad se crea una relación social entre la población y los equipos de base interdisciplinaria. La producción del conocimiento no es una relación sujeto -objeto, sino una interacción de mutua influencia (dimensión epistemológica) entre sujetos-sujetos; 3) la investigación acción participativa como metodología – IPA, orientada a la investigación en la acción para facilitar procesos de transformación participativa de las diferentes condiciones de vida la población garantizando la circulación de la información, retroalimentación permanentes, control de los procesos y transparencia en la toma de las decisiones, aspectos entre otros que definen esta dimensión (dimensión metodológica).

Estas tres dimensiones son clásicas del paradigma científico; pero es en relación con la población (con los otros) lo que da identidad a la psicología comunitaria. Estas tres dimensiones desde esta perspectiva con inseparables entre sí y su expresión práctica de traduce en el proceso de la IAP.

Dos dimensiones más específicas de la Psicología comunitaria lo son la dimensión ética al registrar a la población como autora de conocimiento, creadora de una diversidad cultural, otra es la dimensión política como espacio de ciudadanía vinculada con la participación, a la incidencia pública y a inclusión en los derechos de la sociedad en la cual habitan. Sin embargo, esta participación no es de caracter formal, sino que tiene un sentido reflexivo, movilizadora, concientizadora y transformadora y se inscribe en las relaciones de poder de toda sociedad.

Desde esta perspectiva Montero (2005) define a la psicología comunitaria como:

"la rama de la psicología, cuyo objeto es el estudio de los factores psicosociales que permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambio en esos ambientes y en la estructura social" (p.70).

Posteriormente la autora amplia esta definición al referirse como "una psicología de las relaciones creada para un modo relacional entre personas unidas por lazos identitarios históricamente establecidas, que a su vez construyen y delimitan un campo: la comunidad" (p.107).

Desde el contexto de origen la psicología comunitaria ha estado vinculada a la salud mental comunitaria, sin embargo, ha ampliado sus límites incorporando otros ámbitos de la salud, como así también, en la educación y el desarrollo comunal. Ha incorporado las contribuciones Latinoamericanas de la Psicología de la Liberación, la Educación Popular y la Sociología Crítica, interviniendo preventivamente en problemas psicológicos, psicosociales y en el desarrollo de contexto favorables (grupales, institucionales y sociales) que impactan en la vida cotidiana de la población y en su bienestar.

 

El escenario de la Intervención Comunitaria

Las estrategias de intervención orientadas por la perspectiva de la psicología comunitaria se llevan a cabo en el mundo real y éstas deben ser culturalmente apropiadas, es decir, estar basadas, en "los valores culturales básicos de un grupo, y deben incorporar la cultura subjetiva del mismo" (Marín, 1998: 283).

De este modo la intervención comunitaria se orienta a la facilitación de procesos intencionales de cambio situados territorialmente mediante procesos participativos conducente al desarrollo, fortalecimiento de los recursos físicos, psicosociales y socioculturales de una comunidad; al reconocimiento y potenciación de sus organizaciones representativas con el fin del incremento de las posibilidades de influencia y análisis crítico de su entorno. Estos procesos de acción colectiva tienden a la modificación de sus propias representaciones sociales y al reconocimiento del valor de sus propias acciones para la transformar aquellas condiciones que los desmovilizan, marginan y excluyen (Lapalma, 2012)

La intencionalidad de cambio implica métodos colaborativos entre decisores políticos, el sistema de servicios de salud, las corporaciones de profesionales, los usuarios, los familiares de usuarios, que generen de recursos físicos, humanos; que planifiquen procesos de descentralización en programas culturalmente apropiados que involucren a la diversidad de actores de la comunidad.

Estas relaciones se estructuran en un contexto histórico, político, económico, social y cultural que se constituye en un escenario social en el cual se articulan y complementan necesidades sociales, formas organizativas orientadas a satisfacerlas y la interacción con otros actores sociales, construyendo una turbulenta red donde se expresarán los procesos de participación comunitaria, ciudadana política y social. (Lapalma, 2003)

La participación es un proceso dinámico, complejo y situado históricamente, no se refiere a acciones individuales, sino colectivas, con una diversidad de formas organizativas que crean dispositivos de decisión o de influencia según la cultura a la cual pertenece. Sanchez (2000) reconoce en la participación

"el carácter interactivo de la participación se prefiere hablar de cooperación entre profesionales y comunidad para la formulación y puesta en práctica de programas sociales (Davis, 1982) o de proceso para alcanzar acuerdos entre decisores gubernamentales e individuos para la elaboración u ejecución conjunta de políticas (Draisen, 1983). No obstante, algunos autores como Gow y Van Sant (1983), enfatizan la autonomía que la comunidad debe mantener respecto del agente gubernamental para poder hacer sus escogencias o proponer alternativas en función de sus propias necesidades." (p. 33).

A pesar a la diversidad de definiciones, de la creciente bibliografía y modelos operativos sobre participación como acción colectiva en salud es mínima, Una investigación realizada por ISALUD (2008) en cuatro países (Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) los resultados para nuestro país indican que la población entiende a la participación como la accesibilidad a los servicios cuando está enfermo y a una buena calidad de atención; los equipos técnicos refieren a la participación como transparencia en la accesibilidad y a la deseabilidad democrática de las relaciones; y los decisores políticos priorizan el control de las relaciones de poder que se ponen en juego en la participación.

En la investigación se reconocen una diversidad de formas de participación, que van desde el altruismo (población, operadores comunitarios), hasta el funcionamiento de una diversidad de Consejos Consultivos. Sin embargo, participación, como una de las dimensiones de la gestión de la Salud es caracterizada como una "tecnología blanda".

Otra de las dimensión del escenario de la intervención comunitaria en la Gestión de la Salud es la intersectorialidad (Castell-Florit -Ferrate, 2007) entendida como la:

"Intervención coordinada de instituciones representativas de más de una sector social, en acciones destinadas total o parcialmente a tratar los problemas vinculados con la salud, el bienestar y la calidad de vida y se orienta estratégicamente a aquellos problemas, donde las actividades de otros pueden ser decisivas" (p. 33)

La viabilidad de la intersectorialidad requiere de decisión política, planificación y descentralización de recursos para su eficiencia y eficacia y es una dimensión estratégica en los enfoques comunitarios en salud mental. Veamos el siguiente ejemplo:

En un Consejo Consultivo Municipal, los integrantes discuten sobre la reinserción social de tres pacientes adolescentes que han sido dado de alta en el tratamiento por adicciones, Estos desean dedicarse al deporte como proyecto de utilización del tiempo libre en el club social y deportivo cercano a sus domicilios. Participan el delegado municipal, la inspectora de educación, integrantes de la una ONG (sede donde se realiza la reunión), autoridades el club, representantes del sistema de salud del área programática, un pastor y un sacerdote integrantes de dos Iglesias locales y un directivo de la Escuela Provincial de Salud Pública. Todos acuerdan que es un proyecto adecuado y el club acepta ser parte y armar un plan de trabajo coordinado por el área de salud. Sin embargo, uno de los participantes da información sobre la comercialización de estupefacientes por un sector de la "barra brava" del club. Confirmada esta situación, los jóvenes son incorporados a otro plan deportivo.

Los datos empíricos y las teorías acerca de los programas deportivos y su aplicabilidad en la vida en el tratamiento de las adicciones se puso a prueba en situaciones concretas la vida cotidiana (relevancia externa) y en este proceso de interacción entre actores sociales significó la incorporación de una "relevancia emancipadora" (Palmonari, A; Zani, B,1990) al ampliar el debate sobre las adicciones, su lugar con el deporte y en la economía y no tomar los datos de manera acrítica y descontextualizada, generando un nuevo nivel de conciencia sobre la problemática.

La psicología Comunitaria ha generado un conjunto de dispositivos relacionales y colaborativos capaces de desencadenar y afianzar la intersectorialidad a nivel grupal, institucional, comunitario y en la sociedad. Los psicólogas/as en el territorio participando de programas que surjan de un diagnóstico realizados en y con la comunidad no es una decisión conceptual y operativa disciplinar, sino fundamentalmente un definición política.

La psicología comunitaria se ha visibilizado en el ámbito académico y paulatinamente se consolidan experiencias concretas; existe en Argentina una Ley de Salud Mental que explicita la importancia del enfoque comunitario en salud mental, sin embargo la norma jurídica está atravesada por los intereses disciplinares, de formación y económicos que invalidan su principios rectores. Desde la dinámica histórica podemos observar que el modelo de salud individual restrictivo y el social expansivo están influidos por ciclos políticos conservadores con perspectiva biomédica centrada en la enfermedad, frente a periodos reformistas que acentúa la importancia de los las condiciones medioambientales, sociales, cultuales y políticas como determinantes de la salud mental. (Levine, 1970, citado por Heller y Goddard, 1998).

Así la construcción de conocimientos y su aplicabilidad están entrecruzados por la relaciones de poder de una sociedad y se expresa como modos de gestión política, en este caso la salud mental.

La Psicología comunitaria no está libre de las tensiones y contradicciones al modelar su crecimiento conceptual y operativo en un espacio histórico, multicultural complejo, turbulento, conflictivo. Dos autoras realizan una excelente caracterización al referirse a la psicología comunitaria como un "área paradigmática de conocimiento científico comprometido" (Sawaia, 1998, p 175), como así también "como un conjunto de estrategias psicológicas tendientes al afianzamiento de un verdadero ejercicio de la libertad" (Videla, 2009, p 20).

 

Referencias

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