ISSN 2618-5628
 
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Maternaje
 
Oiberman, Alicia
Universidad de Buenos Aires (UBA)
CIIPME-CONICET
 
Paolini, Cynthia I.
CIIPME-CONICET
Universidad de Palermo (UP)
 

 

Proceso de la maternidad y maternaje: fundamentación teórica

Madre proviene del latin Mater y, según el diccionario de la Real Academia Española, significa hembra que ha parido, hembra respecto de su hijo o hijos. Sin embargo, en el ser humano, el fenómeno de la maternidad excede el hecho biológico y tiene un significado, no solamente a nivel social y cultural sino, de manera importante en el nivel psicológico. La maternidad y paternidad son crisis vitales y evolutivas, que conllevan un cambio psíquico en la mujer y en el hombre que van a ser padres. La forma en que madres y padres atravesarán esta crisis depende de una multiplicidad de factores. Históricamente se ha producido un pasaje desde el concepto de maternidad impuesta a la maternidad elegida. La contracepción, surgida a partir de los años '70, le ha dado a la mujer la posibilidad de poder postergar su maternidad, así como también decidir no quedar embarazada. Sin embargo, en nuestras sociedades actuales, el tener un bebé revela a la vez una elección y una imposición social y biológica. Numerosas presiones implícitas determinan a la mayoría de las parejas a reproducirse con el sentimiento de haber procedido a una libre elección. Esta presión normativa tendría por principal efector a la generación precedente, sin embargo no parecería estar ligada a cuestiones religiosas, pero no obstante podría ser otra fuente independiente de incitación o de exigencia a procrear.

Diversos autores han descrito la existencia de procesos psicológicos presentes en la madre que afectan los cuidados que brinda a su hijo recién nacido.

Therese Benedek (1983) plantea que la maternidad no es secundaria, ni un sustituto del pene que falta, ni es impuesta por el hombre a la mujer al servicio de la especie, sino que es la manifestación del instinto de supervivencia del niño, este instinto, que todo lo impregna, es el organizador primario de la pulsión sexual de la mujer, y por ello también de su personalidad.

Los atributos específicos de la femineidad se originan, entonces, en esa cualidad inherente a la psique de la mujer que es manifestación y resultado de la organización central de las tendencias receptivas y retentivas del impulso reproductor, el cual se convierte en la fuente de la "cualidad maternal" (motherliness).

Afirma Benedeck,

Ya sea que la mujer goce plenamente su embarazo o sea ambivalente hacia su maternidad, la tarea integrativa del embarazo y la maternidad- en lo biológico, en lo psicológico y en la vida real- es mucho mayor que cualquiera que haya emprendido jamás una mujer. (Anthony y Benedek, 1983, p.148)

Erikson es quien conceptualiza la Parentalidad, equivalente a la maternidad -como un estadio del ciclo vital. Erikson (1959) afirma. "Es en el segundo trimestre, cuando el feto da sus primeras señales de vida, es para muchas mujeres una etapa de satisfacción y deleite" (Erikson, 1959, p.222). Erikson la llama "la relevancia del interior productivo, un sentimiento de potencia vital interior" (Erikson, 1959, p.222). Confirma este autor "que en la experiencia femenina hay un espacio interno en el centro de la desesperación y a la vez en el centro mismo del cumplimiento potencial (Erikson, 1959, p.222).

La mayoría de los autores, utilizan la palabra parentalidad para referirse a este concepto de maternidad y maternaje. El termino Parentalidad es una palabra utilizada desde hace algunos años por los profesionales de la temprana infancia. Surge a partir de que Paul Claude Racamier (especialista en psicosis puerperales) reagrupo los términos "maternalidad" y "parentalidad" bajo esta apelación. Para Lebovici una definición de la parentalidad es: "como el producto de la paternidad y el fruto de la parentalizacion de los padres" (Solis-Ponton, 2004). Sin embargo, este término no expresa en su totalidad la singularidad del aspecto femenino del concepto de maternaje. Recuperar este concepto permite profundizar en los sentimientos que surgen en la mujer durante el proceso de embarazo, parto y puerperio.

Sabemos que algunas mujeres vivencian el feto de manera ambivalente fluctuando entre la bienaventuranza y el resentimiento contra el intruso.

Como ejemplo, Lewis (1950) describe este sentimiento con la siguiente expresión:

Oh Dios, la furia negra que cae sobre mi a veces, en especial por las noches, ¡la desfachatez, la impudicia de esta criatura que plácidamente toma el alimento de mi cuerpo sin haber sido siquiera invitada " (Lewis, 1950, p.222).

La maternalidad representa un paso importante en el desarrollo humano, más allá del nivel de maduración genital. Implica una pugna entre identificación y diferenciación en relación con los padres o con la imagen de los padres inserta en el ideal del yo, pero ambos conceptos implican que por debajo de las apariencias se ocultan conflictos más profundos.

La cualidad maternal es una función del aparato psíquico humano que, por evolución, se ha desarrollado hasta volverse capaz de modificar patrones pulsionales, sobre todo por medio de la integración de huellas mnémicas en organizaciones de la personalidad y funciones yoicas. Esto da razón de las diferencias en cualidad maternal entre mujeres que pertenecen a la misma civilización o grupo social, o aun dentro de la misma familia (Anthony y Benedek, 1983). Otros autores como Jessner, Weigert y Foy (1970), plantean que no hay camino de retorno cuando se está por ser madre.

Hay también un sentimiento siniestro, un vago reconocimiento de que la satisfacción perfecta de este anhelo podría significar la muerte del individuo. Freud ha interpretado esta nostalgia como el anhelo familiar, aunque siniestro de retornar al vientre materno, de reunirse con la Madre Tierra.

Es decir según los autores mencionados, decidirse a ser progenitor, desencadena, sobre todo en la mujer una nostalgia, por revivir en la unión con el futuro hijo, una inversión de la simbiosis original que, como hijo o hija tenía con su madre. La alegría ante la perspectiva de la maternidad encubre angustias inconscientes.

Por su parte para Helene Deutsch (1977), la maternidad es una cualidad inherente al carácter femenino, aún en la mujer que nunca ha dado a luz un hijo.

La maternidad provee una oportunidad para desarrollar esta cualidad femenina, incluso en mujeres que previamente habían escapado hacia una fingida masculinidad por el temor de ser más vulnerables como mujeres.

Laplanche y Pontalis (1971) en el Diccionario de psicoanálisis plantea que la maternalización es una técnica de psicoterapia de la psicosis, especialmente de la esquizofrenia, que tiende a establecer, entre el terapeuta y el paciente, de un modo tanto simbólico como real, una relación análoga a la que existía entre una buena madre y su hijo.

Para Freud, en relación al concepto de amor maternal, escribe que la madre adquiere una importancia única, inalterable y permanente, y deviene, para los dos sexos, el objeto del primero y más importante de todos los amores, prototipo de todas las relaciones amorosas ulteriores (Freud, 1967). Él consideraba el amor de una madre como el único sentimiento en el mundo que no es ambivalente.

Sin embargo contra el optimismo freudiano, Winnicott (1947) demuestra la ambivalencia del sentimiento maternal, principalmente en los primeros meses de la vida del niño, la madre siente que su bebé la requiere a cada instante, la distrae de su vida sexual, no la tiene en cuenta como una persona diferente sino como una extensión de él mismo. La corriente agresiva que todo esto genera en la madre, es natural, pero aún cuando estos sentimientos aparezcan como los más evidentes, no son en general, los más fuertes.

Racamier afirma:

En fin, este resentimiento de fondo, puede resonar más fuerte cuando la madre es, para su bebé, la persona que siente, no sin razón, el gran poder de vida o muerte sobre el otro. (Racamier, 1984, p.45).

Winnicott (1947) propone la hipótesis de que la madre odia al bebé antes de que él pueda odiarla, y antes de que él pueda saber de que su madre pueda odiarlo. Por otra parte, también Winnicott (1956) conceptualiza la capacidad empática de la madre para entender y responder oportunamente a las necesidades del bebé como " Preocupación Materna Primaria". >Esta condición psicológica de la madre, caracterizada por un estado de sensibilidad extrema, le permite identificarse plenamente con las necesidades del bebé y así poder satisfacerlas. Para ello, la mujer debe estar sana, lo que supone no sólo su estado psíquico sino también incluye el ambiente social y familiar. Este estado psicológico materno se complementa con la situación de dependencia absoluta del bebé, siendo los cuidados pacientes y continuos de la madre los que permiten que el desarrollo se inicie sin que se comprometa la unidad ¨cuerpo-mente¨ del bebé.

En consecuencia, la función del cuidado materno en estas épocas tempranas será especialmente el sostenimiento. La falla ambiental, entendiendo como ambiente a la madre y a los intercambios que provee, provocará la conformación de una experiencia de vulnerabilidad máxima, afectando así el desarrollo biopsicológico del recién nacido.

Bion (1962) hace referencia a la "Reverie Materna" como la capacidad de la madre para aceptar, alojar y transformar las angustias y los estados altamente desestructurantes del bebé, recibiendo sin pánico lo que él transmite en una atmósfera de urgencia y catástrofe, actuando como modulador del dolor en su respuesta transformadora. Pero si la madre fracasa en esta tarea, el lactante, desde su vulnerabilidad deberá ser quien haga frente a esos estados.

Racamier plantea que la maternalización es el conjunto de procesos psicoafectivos que se desarrollan e integran en la mujer en ocasión de su maternidad, y que, por lo tanto es un fenómeno psicobiológico. Es necesario tomar en cuenta las siguientes nociones:

- El amor maternal es ambivalente. En efecto, el amor maternal no es, de ninguna manera puro e ideal, un sentimiento simple y sin conflicto como siempre aparece representado en el imaginario colectivo. Por el contrario, es un sentimiento ambivalente, complejo y ambiguo, donde se mezclan estrechamente el amor y la agresividad, el investimento y el reconocimiento del otro y la confusión con él (Racamier, 1984).

- La maternidad es una fase del desarrollo psicoafectivo de la mujer: los procesos que se desarrollan en esta etapa, encuentran su sentido en las relaciones conscientes e inconscientes de la madre con su niño. A su vez, estas relaciones se basan en las que ella tuvo con sus propios padres. La realidad corporal del bebé hace emerger la historia de la misma como hija.

Parece evidente que el proceso de maternalización se desarrolla al producirse la primera maternidad. Pero a veces no sucede de ese modo, pues no porque haya una maternidad habrá necesariamente un proceso de maternalización, este último puede quedar diferido o escamoteado por los mecanismos de defensa de la mujer.

La maternidad, como fenómeno psicobiológico, y como crisis evolutiva, reactiva conflictos del pasado y potencia las problemáticas presentes, sobre todo las relacionadas con los vínculos con los otros.

Así como el niño se desarrolla de etapa en etapa, su madre también debe pasar por una serie de fases del desarrollo. Cada una de estas etapas, confronta a la madre con nuevos desafíos que debe superar, valiéndose de sus propios recursos internos y externos.

La Maternidad representa, entonces una crisis evolutiva que afecta a todo el grupo familiar. La madre atraviesa esa crisis en función de:

Su historia personal, la estructura de su personalidad, su situación presente, conyugal, familiar y social, las características del temperamento del bebe y la ubicación de ese niño en el encadenamiento histórico de su familia.

En el sentido Eriksoniano, el maternaje representa en la madre una crisis de identidad y de la personalidad en el sentido amplio. Comparándola con la adolescencia se encuentran varios puntos comunes con ella:

- Una transformación corporal y hormonal.
- Un cambio de status social.
- Importantes fluctuaciones pulsionales.
- Reactivación de conflictos infantiles, en particular aquellos que se relacionan con las primeras etapas.
- La disolución y reconstrucción de identificaciones precoces, en particular, la identificación con la propia madre.
- Una transformación de la imagen corporal en dos tiempos: primero al producisrse el embarazo, y luego, después del nacimiento del bebé.
- Una transformación del sentimiento de identidad personal.
- Los sistemas defensivos que anteriormente estaban organizados, están a veces fragmentados o violentamente reforzados.

Al igual que en la adolescencia, el estado de crisis confiere a las situaciones reales una pregnancia reforzada: tanto el Yo es más sensible a las realidades externas como es más flotante en su intimidad. Determinados sucesos que, en otro momento pasarían sin otorgarles mayor relevancia, en esta situación cobran un sentido inusitado.

Las etapas de la evolución del bebé se reflejan en la realidad psíquica de la madre.

La lactancia le va a permitir a la mujer seguir unida al bebe en cierta forma. Pero, el destete posterior, va a significarle una ruptura, al igual que el inicio de la locomoción, puesto que el niño ya puede desplazarse por sus propios medios del cuerpo materno.

Se observa que los logros evolutivos del bebe que lo llevan a una mayor independencia, tienen su correlato en la psiquis materna.

En cuanto al vínculo, Spitz (1965) postula que son las experiencias afectivas que se hallan en el primer año de vida las que actúan como un tractor roturador en los desarrollos posteriores, el establecimiento del precursor del objeto libidinal inicia el proceso de relacionabilidad con las cosas.

De ello se desprende la importancia del establecimiento temprano de un vínculo afectivo saludable entre una madre y su hijo, puesto que impactará positivamente en el desarrollo del niño. Monique Bydlowski fue una de las primeras psicoanalistas que realizo aportes teóricos de la mujer embarazada. Ella trabajó directamente en la maternidad con una presencia sistemática. Trabajó junto a obstetras y contribuyó a la comprensión de los orígenes de la vida de todo ser humano, aportando dos conceptos originales: la transparencia psíquica del embarazo y la deuda de vida para comprender la maternidad y su desarrollo psicoafectivo. Escribe:

...el don de la vida, a la vez promesa de inmortalidad y de muerte, induce que una deuda circula de madre a hija… esta deuda de existencia, deuda simbólica que el niño viene a encarnar remite al hecho confirmado por la observación clínica en la crianza especialmente del primer hijo, una mujer cumple su deber de gratitud con su propia madre. A menudo observamos que las mujeres dan por un tiempo a su primer hijo para ser criado por su madre. (Bydlowski, 2010, p. 163).

La deuda de vida: la aptitud para transformarse en madre, según Bydlowski implica el reconocimiento de gratitud hacia quien inicialmente le otorgó la vida a esa mujer. La deuda de vida o deber de gratitud es un tema de la literatura poética o folklórica que se encuentra en forma metafórica de la sombra o del doble narcisismo.

Dice la autora que en el poema de von Hofmannsthal, Die Frau ohne Schatten (La mujer sin sombra), la cuestión de la sombra está directamente ligada a la fecundidad y a la filiación femenina. La heroína no posee sombra y no puede engendrar. Ella comprende que poseer una sombra significa poder transmitir la vida porque es proyectando mas allá de ella su propia sombra, que se puede entregar a la tierra su deuda de existencia. La sombra es así una metáfora poética del niño deseado proyectado más allá del sí mismo, promesa de pasaje de un cuerpo ya sin posibilidades de engendrar a un cuerpo fértil que contiene el niño por nacer.

Esta deuda de vida, deuda simbólica que la sombra viene a representar y que el niño viene a encarnar, es confirmada por la observación clínica, a través de relatos donde la mujer expresa su deber de gratitud hacia su propia madre que la trajo al mundo.

A menudo las mujeres cerca del alumbramiento buscan tener al niño cerca de donde residen sus propias madres.

Bydlowski considera desde el punto de vista psicológico, que inversamente abortar es a menudo matar a la madre en el interior de ellas mismas. Y en nombre de un odio maternal declarado, necesario para poder instalar el sentimiento de gratitud que hace falta reconocer. De esa forma el aborto puede ser el precio de la sangre a tirar para poder convertirse ella misma en mujer.

Otro concepto aportado por la misma autora que permite enriquecer y comprender el sentido del maternaje es el concepto de transparencia psíquica.

Al igual que otros autores ya mencionados, plantea que el acceso a la maternidad acarrea una crisis vital, que actualiza vivencias infantiles y se acompaña de conflictos infantiles. Esta reminiscencia de afectos sin contenido representativo consciente están en un primer plano y son fácilmente movilizables en el sujeto con buena salud psíquica.

Esta transparencia psíquica es un aspecto del funcionamiento mental durante el embarazo. Consiste en el establecimiento de una relación transferencial entre el terapeuta y la paciente, donde hay un acceso al preconciente, se observa asociaciones libres mas ricas y espontaneas, especialmente alrededor de la infancia y de las relaciones con imagos parentales con una cierta forma de inhibición. Este funcionamiento permite mejor comprender el interés de las psicoterapias en ese periodo pues consiste en una verdadera aceleración del proceso terapéutico. En efecto, durante el embarazo se transforma la vida mental, su conflictualidad, su dinámica. Además está comprobado que las modificaciones hormonales que aparecen con una temporalidad específica modifican el comportamiento maternal especialmente la socialización y la cognición. La mujer que está embarazada, como lo ha demostrado la literatura científica, sufre una serie de regresiones y de evoluciones que la conducen a identificarse con su propia madre, madre todo poderosa de los primeros años de cuidado y de identificaciones con el bebé que ella misma ha sido. Este mecanismo es calificado como regresivo y la particularidad del fenómeno del embarazo consiste en que está puesta en tensión la identidad, que incluye importantes modificaciones corporales en poco tiempo, solo nueve meses. Eso también conlleva a una modificación de los mecanismos de defensa y de los investimentos. Este fenómeno de identificaciones con su propia madre, como al niño que ella misma a ha sido, puede ser fácilmente trabajado durante el proceso de transferencia con un terapeuta.

Pues ella, en esos momentos está dispuesta a ser cuidada, a acudir a la ayuda de una persona que la sostenga emocionalmente, y que la ayude en sus cuidados y comprenda sus necesidades en tanto madre.

Dayan, Andro y Dugant (2014) afirman que el reaseguro narcisista asociado al estado de embarazo favorece el levantamiento parcial de la represión y permite un abordaje más fácil de la conflictualidad interna y de los puntos de fijación.

Sin embargo, no siempre el concepto de transparencia psíquica es operable fácilmente. Existen casos de mujeres embarazadas donde podemos asistir a mecanismos que tienden a alejar las representaciones desfavorables y aparecen en el lugar de la transparencia psíquica, otros mecanismos: el clivaje, la denegación, el pensamiento operatorio y a menudo las psicosis funcionales. Aclara que los motivos de tal anticipación pueden ser diversos: puede ser lo social, lo físico o sin fundamento real, que la representación de transformarse en madre sea intolerable para ella o demasiado conflictivo, o que la estima de sí misma sea insuficiente para sostener el proceso de la maternidad.

También, que los mecanismos de defensa ordinarios sean insuficientes para hacerse cargo de la perdida de control sobre su cuerpo o de las transformaciones del estatus social. Entonces la transparencia psíquica es reemplazada por una "gran opacidad que seduce y fascina todo lo alrededor". (Dayan et al., 2014, p. 45).

En resumen, la maternidad implica para la mujer atravesar una sucesión de diversos procesos: la pubertad, la fecundación, el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza, la educación y la separación. Sabemos que la mujer que entra a esta aventura nunca esta sola: desarrolla su experiencia individual dentro de una comunidad. Sin embargo transformarse en madre es un viaje interior que realiza una mujer. Se va realizando etapa por etapa y podemos decir con certeza que es un secreto infantil.

Las mujeres al ser madres inician el viaje de la maternidad. ¿Por qué utilizar la palabra viaje? Porque una madre no nace, se hace:

"…es un largo camino, que reencuentra un tesoro dejado de lado en la infancia pero construido durante la infancia. La madre es un secreto de infancia…es un asunto del inconsciente" (Delassus, 1998, p.31).

Por ello, es necesario diferenciar la maternidad del maternaje, siendo este último el proceso psicoafectivo que puede o no acontecer en la mujer cuando tiene a su bebé.

Y son los psicólogos perinatales quienes en el siglo XXI permitieron la inclusión de la palabra en el embarazo, parto y puerperio.

La psicología perinatal recupera un espacio perdido: el de la palabra en el momento del nacimiento. La palabra inaugurada por el nombre de una mujer y de un niño. Por el nombre que entrega en el compromiso solidario del encuentro intimo con un hombre que da el apellido.

La psicología perinatal intenta devolver la identidad en el acto de parir, fortaleciendo un espacio simbólico al acto de nacimiento, acto solemne y a todos los que rodean en la actualidad tal acontecimiento, incluyendo el saber médico, e introduciendo la palabra ya no mágica de antaño, sino la que es capaz de elaborar la psicología actual para dar respuesta a una necesidad ancestral: la de toda mujer de sentirse escuchada, respetada acompañada y sostenida ante la llegada de un bebe en el inicio de la vida de su hijo.

 

Referencias

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1ra Edición - Diciembre 2018
 
 
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