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Género y psicología: un análisis discursivo sobre las conceptualizaciones en torno a la mujer entre 1880-1930
 
Rossi, Lucía
Universidad de Buenos Aires (UBA)
 
Freijo Becchero, Fedra S.
Universidad de Buenos Aires (UBA)
 

 

Introducción

Enmarcado dentro de los estudios de la Historia de la Psicología, el trabajo aborda las conceptualizaciones presentes en el discurso médico y social sobre las conceptualizaciones en torno a la mujer entre los años 1880 y 1930. Teniendo en cuenta la periodización de G. Germani (1990) y la lectura realizada según el acceso al sufragio por parte de la ciudadanía (Rossi, 2001) se delimitarán en esto años dos periodos: un primer periodo hasta 1916 conservador, seguido de un período de democracia de participación política ampliada hasta 1930.

Para el presente trabajo se han indagado fuentes de diferente naturaleza con el objetivo de alcanzar conclusiones sobre las concepciones sobre la mujer presentes en dos tipos de discursos: el discurso médico y el discurso social. El interés de abordar ambos escenarios radica en la intensión de corroborar si el discurso médico, de especial interés para el campo de la psicología, se encuentra también presente en el discurso social de la época.

El discurso de los documentos se plantea como un espacio que expone las huellas del ejercicio del lenguaje por parte de los sujetos que nos permite dar cuenta de regularidades significativas (Narvaja de Arnoux, 2007). Rastrear las fuentes originales nos aporta la posibilidad de realizar comparaciones, buscar coincidencias, similitudes, paralelismos y diferencias entre los diversos materiales. Se analizaron los cruces transversales, comparando lógicas intradiscursivas y los diseños de las diferentes fuentes seleccionadas. Se busca así indagar sobre las causas y explicaciones singulares sostenidas sobre la mujer en este contexto histórico.

 

Conceptualizaciones sobre la mujer presentes en el discurso médico

En un contexto de escasas investigaciones en la temática en Argentina y Latinoamérica (Araya Ibacache, 2006), hemos seleccionado como fundamentación teórico-metodológica el análisis del diseño y contenido de historias clínicas relevadas principalmente en las siguientes investigaciones: "Psicología en Argentina (1900-1957): criterios psicológicos e indicios de subjetividad en registros formales de documentos: historias clínicas, fichas, informes, según contextos políticos y áreas profesionales" (UBACYT 2008-2010, Directora Prof. Dra. Lucía Rossi) y "Protocolos en Psicología (fichas, historias clínicas, casos) en contextos institucionales y coordenadas psicológicas y sociales de subjetividad. Argentina 1900-1957 (UBACYT 2011-2014, Directora: Prof. Dra. Lucía Rossi). Como así también en el Proyecto de Extensión "Instituto Frenopático de Buenos Aires: su historia documental. Construcción de un archivo virtual" (Res. (CD): N° 1346/17).

El abordaje del estudio de las historias clínicas sitúa al relato patográfico en el marco del pensamiento y la mentalidad médica de la época. Las historias clínicas, entendida como relatos patográficos o expedientes clínicos complejos, se constituyen, así como documentos provenientes directamente de la práctica médica y cuyo análisis permite acceder a aspectos funcionales de las instituciones y de la praxis clínica de un determinado contexto social (Huerta, 2001; Laín Entralgo, 1949, 1950). El estudio sobre estas fuentes primarías como exponentes del discurso médico de la época nos permite contrastar con otros discursos sobre la temática en el mismo período.

El trabajo de recolección de fuentes hasta la fecha ha permitido caracterizar el diseño de las historias clínicas y el análisis de contenido de historias clínicas de mujeres del Hospital Nacional de Alienadas entre 1900 y 1930 (Rossi, Falcone, 2010; Navarlaz, Jardon; 2010) y del Instituto Freonopático de Buenos Aires entre 1885 y 1930 (ver www.psi.uba.ar/institucional/historia/instituciones/instituto_frenopatico/historias_clinicas.pdf).

El análisis comparativo del material de archivo de ambas instituciones resulta de relevante interés en tanto son instituciones psiquiátricas que atienden pacientes mujeres con importantes diferencias estructurales. El Hospital Nacional de Alienadas es creado en 1854 a pedido de la Sociedad de Beneficencia al Gobierno Nacional debido al informe presentado por la inspectora del Hospital General de Mujeres Tomasa Vélez Sarsfield. Mientras que el Instituto Frenopático de Buenos Aires se destaca por ser la primera institución privada de estas características de la República Argentina al ser fundada en la década de 1880.

En el material de archivo recolectado en el Hospital Nacional de Alienadas encontramos en un primero momento los Cuadros Nosológicos que posteriormente darán paso a las Historias Clínicas. En el caso del Instituto Frenopático de Buenos Aires encontramos dos tipos de libros: uno solo de admisiones y otro de Historias Clínicas.

En relación a los diagnósticos, sobre una base de 50 casos relevados en el Hospital Nacional de Alienadas, se presentan dos categorías principales: Demencia (56%) (demencia precoz 28% y demencia vesánica 28%) y Locura (24%) (locura moral 4%, locura neuropática/fondo histérico 4%, locura puerperal 4% locura sistematizada/insuficiencia ovárica 4%, locura tóxico infecciosa 4%, locura transitoria 4%).

En el caso del Instituto Freonopático, en la extensión de las historias clínicas figuran en dos oportunidades asignados diagnósticos: en la admisión, en donde se especifican las causales de internación y al egreso. Aunque resulta importante resaltar que en los casos en los cuales se produce una nueva internación, al egreso de la misma se vuelve a establecer un diagnóstico (que en la mayoría de los casos difiere del anterior). Sobre la base de 72 casos relevados, el diagnóstico de egreso más recurrente es la Melancolía: (31,9%) (melancolía 12,5%, ansiosa 5,5%, estuporosa 4,17%, con ideas suicidas o de persecución 4,17%, histérica 1,39%, puerperal 1,39%, con ideas religiosas 1,39%, con ideas de ruina 1,39%); seguido de Manía (26,4%) y Locura (20,8%) (degenerativa 4,17%, periódica 1,39%, hipocondríaca 1,39%, intermitente 1,39%).

A través del análisis de otras fuentes, como publicaciones periódicas médicas, tesis y libros del campo de la medicina y la psiquiatría en Argentina en el mismo período en el que se relevaron las historias clínicas de mujeres, hemos podido encontrar una continuidad entre las conceptualizaciones sobre la mujer encontradas en las historias clínicas y el discurso médico de la época (Ingenieros 1903, 1910a, 1920, 1956, 1962; Mailhe, 2016). La psiquiatría identifica nociones diferentes en cuanto a género masculino y femenino para la definición de cuerpo. La maternidad y el cuidado del hogar se presenta como la "ley natural" para la mujer (Otero, 1915). Rechazar el embarazo y la crianza era una conducta "incomprensible y veleidosa, mezcla de enigma y de quimera, sin más razón aparente que su propio sinrazón" (Ingenieros, 1910b) y la aspiración maternal se constituía, así como "la base misma de la vida femenina" (Ingenieros, 1910b).

Al mismo tiempo encontramos características atribuidas exclusivamente a las mujeres: "sensibilidad extrema", imaginación muy viva, atención y reflexión más constante, etc. La diferencia anatómica de la mujer estructura su función como reproductora, ubicando a la mujer en el hogar y adjudicando la crianza de los hijos como función primordial. En contraposición el cuerpo masculino es entendido "como modelo y objetivo", quedando delimitado el cuerpo de la mujer como fuera de la norma (Gil Lozano, Pita, Ini, 2000). Encontramos las bases de este modelo de naturaleza femenina en argumentos religiosos, políticos, filosóficos y científicos, siendo la tesis central del argumento científico sostener la desigualdad biológica de la mujer y su disposición natural a la sensibilidad, la maternidad y el sufrimiento (Araya Ibacache, 2006).

Resulta importante resaltar en este sentido que el encierro de las mujeres puede ser interpretado como una práctica, política y disciplinaria, que organiza en el nivel social la diferencia sexual; encontrándose como "comportamientos socialmente aceptables" para las mujeres: la obediencia, la sumisión infantil, la educación moral, la bondad, la sexualidad pasiva, etc. El encierro con fines de "protección" o "estudio" se presenta como una práctica destinada al control social y a la reproducción de una determinada identidad de género. El eje del control se funda en el dominio del cuerpo y en la aplicación de políticas vinculadas a la sexualidad y la reproducción (Gil Lozano, Pita, Ini, 2000). Dentro de la temática podemos encontrar investigaciones sobre la evolución de la política manicomial en Buenos Aires entre 1880 y 1930 (Requiere, 2010), como así también sobre el recorrido histórico del significado de la limosna, la caridad y la beneficencia implementado en instituciones comprometidas con la atención de mujeres pobres y huérfanas en Buenos Aires (Ferro, Rodriguez Sturla y Kircha, 2014)

Resulta un dato relevante en este sentido plantear que hasta 1854 (Inauguración del Hospicio de la Convalecencia) Argentina carecía de instituciones dedicadas exclusivamente al tratamiento de la locura, resultado las cárceles y hospitales los lugares más comunes de reclusión. Con el inicio de la década de 1880 los discursos y prácticas sobre la locura fueron complejizándose; ponderándose la fuerza de la herencia patológica, la debilidad de las razas inferiores, la importancia de los aspectos morales en la producción de la locura. Al mismo tiempo que, entre 1882 y 1895 se cerraron las admisiones del Hospicio de la Convalecencia, impactando en las cárceles y asilos que volvieron a ser utilizados como ámbitos de reclusión de la locura (Gil Lozano, Pita, Ini; 2000).

Las conclusiones alcanzadas en el relevamiento de la discursividad médica en estas fuentes nos permitirán avanzar en un análisis comparativo con otros discursos.

 

El discurso legal como marco de control social

Una vez relevadas las historias clínicas, el entrecruzamiento con otras fuentes discursivas nos ha permitido contrastar las concepciones en torno a las mujeres presenten en diferentes discursos de la época; enfocándonos en este aspecto principalmente en el discurso legal y social.

Siguiendo los aportes de Michel Foucault, el análisis del discurso legal se fundamenta sobre la base de que las prácticas judiciales definen tipos de subjetividad, formas de saber y relaciones entre los individuos y la verdad, ya que "El derecho trasmite y funcionaliza relaciones de dominación" (Foucault, 1979). De esta manera, las mujeres constituyen un espacio sobre el que recaen las normas y los valores sociales de la época, a través de las prácticas de la ley que las enmarcan. Dentro de la normativa vigente resulta importante resaltar la Ley de Matrimonio Civil que se incorpora al código en 1882. En el artículo 55 declaraba la incapacidad relativa de la mujer casada y en el artículo 57, inciso 4, queda bajo representación necesaria del marido. De esta manera las mujeres casadas no podían ser sujetos de contrato sin licencia del esposo, lo que le permitía al mismo decidir sobre los trabajos, las profesiones y la administración de los bienes (Art. 1277, inciso 2). Queda legalizada una autoridad principalmente paterna y la inhabilitación civil y política de las mujeres. El Código de Dalmacio Vélez Sarfield agravó la inferioridad femenina, al incorporar a la legislación el discurso dominante fundado en la diferenciación biológica entre el hombre y la mujer: "La certeza sobre la inferioridad biológica de las mujeres determinó la necesidad de sujetarlas jurídicamente al poder de sus maridos" (Gil Lozano, Pita, Ini; 2000). El comportamiento social y moral de las mujeres aparece controlado, modelado y disciplinado (Di Liscia, 2003; Torrado, 2003). Los cuerpos de las mujeres resultan de interés para la ley ya que ellos son el sitio de la reproducción biológica y, por ente, de dilemas legales (herencia, ilegitimidad, adulterio, etc.) (Gil Lozano, Pita, Ini, 2000).

 

Presencias discursivas de las mujeres en el contexto social

La ausencia o escasa presencia de las mujeres en el discurso de la primera parte del periodo analizado nos permite sacar conclusiones sobre su exclusión en el discurso social preponderante (Iturriza, Pelazas; 2000). Será en este contexto, que años después, florece el discurso feminista, ubicándolo en el período de democracia de participación política ampliada de 1916 a 1930 como consecuencia de la revolución de las urnas de 1912 con la promulgación de la Ley Sáenz Peña del voto secreto obligatorio y universal que permite la renovación política del país. Con la finalización de la primera guerra mundial se genera un movimiento mundial humanista que cuestiona la racionalidad beligerante propiciadora de guerras y enfrentamientos y propicia nuevas perspectivas humanistas espiritualistas de afectos y valores que le confieren un nuevo rol a la mujer: voz y participación en la defensa de la vida; y el reclamo por sus derechos civiles y políticos.

A nivel económico-educativo, la inclusión de la segunda generación de inmigrantes a los sectores medios urbanos y el ascenso social asegurado en la movilidad laboral, encuentran su clave en la educación pública primaria masiva que asegura la alfabetización a través de la Ley 1420 en 1884. En sintonía con la calidad de la enseñanza secundaria e industrial, pero sobre todo por el fluido acceso a las Universidad desde la Reforma de 1918, se democratiza su estructura.

En este dinámico proceso de socialización, la familia es la noción clave. Si la familia asegura la socialización primera; la cuestión femenina y el lugar adjudicado a las mujeres se vuelve relevante y ocupa el centro el debate. Y ahí el "feminismo" encuentra una centralidad que venía perfilándose en casos excepcionales: la escultora Lola Mora, la poetisa Alfonsina Storni, la médica Elvira Rawson y la socialista Alicia Moreau de Justo.

El análisis discursivo de las fuentes primarias se centró en: la "Encuesta Feminista Argentina" de M. Font en 1921; el Boletín de la Liga de Profilaxis Social publicado entre 1921 y 1931; y materiales diversos producto de las asociaciones feministas, revistas femeninas y partidos políticos. Encontramos en los mismos una insistencia en el argumento de lo "natural". Así "la diferencia natural" entre hombres y mujeres, la "naturaleza femenina", el "lugar natural de la mujer"; el "acto natural de gestar", serán estos los adjetivos que describen y caracterizan a la mujer, al punto de considerarse prácticamente equivalentes: mujer y naturaleza.

De su naturaleza y de la responsabilidad a la que obliga la naturaleza, surge como consecuencia la caracterización psicológica de las mujeres: sus rasgos psíquicos espirituales y morales: debilidad constitutiva, (definición de Janet: las mujeres, débiles constitucionales) con vulnerabilidad económica y moral. Por lo cual el ámbito de ejercicio de esa responsabilidad natural y social: ser mujer es ser madre, debe cumplirse en un ámbito social específico: la familia, sostenida por un hombre.

Quedan delimitadas las esferas: del lado de las mujeres la maternidad y la crianza; y del de los hombres como jefes de familia y sostenedores. Las mujeres jóvenes ambicionan casarse y marido, los hombres rehúyen ese peso hasta lo ineludible. Lo que no calza en ese modelo es causal de sanción social.

Socialistas, anarquistas, conservadores, católicos, radicales, criollos, inmigrantes, proletarios acomodados; coinciden en que el lugar natural de la mujer es la familia. Las esferas socialmente aceptadas para las mujeres se centran alrededor de la casa, la familia, lo doméstico, la crianza. El trabajo y el estudio aparecen como escenarios que le son ajenos (aunque comienzan a lograr el acceso en algunos casos excepcionales).

La familia merece descriptores específicos de la época: se trata de la familia ampliada romana que incluye los hijos, los ancianos, huérfanos y tías o tíos solteros además de personal doméstico (otra forma de socialización informal), adopción de madres soltera con sus niños que se incorporan en la familia. Todos contribuyen al sostenimiento y la madre es la administradora. Una escuela profesional de la época dirigida a mujeres era la escuela de economía doméstica, administración, nociones básicas de salud higiene y puericultura; corte y confección y gastronomía. Entre sus lemas se incluyen: "Como llevar una casa", "más que abanderada en la escuela, abanderada en el hogar". Llevar una casa es un trabajo complejo que abarca desde la higiene (programa de vacunas, cuidado de enfermos, ancianos, alimentación, limpieza, mantenimiento del hogar, asegurar la escolaridad, atenerse a la palabra del marido, etc.). La familia se organiza en torno a la casa.

Fuera del ámbito doméstico, el ámbito laboral significa "salir a la calle". Fábricas de escarbadientes, talleres de costura, trabajo doméstico son algunas de las posibilidades de la época. "La calle", "salir a la calle", en el caso de las mujeres, es un tema complicado. Frases como: "agarro la calle", "mujer de la calle", "le gusta la calle". Estos dichos delatan que salir del ámbito doméstico encierra un eventual peligro: la prostitución. Se encuentran sin embargo lugares intermedios: el patio del conventillo donde se descubren todos los matices de socialización informal, charlas, bailes, encuentros, juegos infantiles, lavanderas, planchadoras, zapateros. Luego, como espacio de transición a medida que se deja el hacinamiento del conventillo (conformado por una familia, una habitación, un baño y un lavadero) aparece la vereda, el barrio, los vecinos.

Por fuera de la vida cotidiana, para 1918, se relevan al menos 7 asociaciones a resaltar: Asociación Pro-derechos de la Mujer; el Consejo Nacional de las Mujeres que funciona desde 1900 y nuclea mujeres católicas y conservadoras de familias tradicionales; el Comité Socialista Pro-sufragio Femenino; la Unión Feminista Nacional, la Federación Libertaria Argentina; el Partido Feminista Nacional y en Uruguay el Consejo Nacional de Mujeres.

Lo femenino alcanza diversos tipos de agrupaciones muy heterogéneas. Algunas de estas agrupaciones destacan ser nacionales, algunas dejan la traza de la pertenencia política libertaria, socialista. Lo común es que refieran la mujer, al feminismo o al derecho de sufragio. Mujeres, feminismo y no menciones de género: tres matices que muestran posiciones diversas, según destaquen o desdibujen el tema femenino. Los temas destacados; derechos y sufragio, aparecen como temas que unen. Ninguno habla de liberación de la mujer de su escena. Todos coinciden significativamente en su lugar natural, su rol natural de socialización primera en la familia.

Mientras estos paradigmas se fuerzan e instituyen, hay mujeres que trabajan, madres solteras que trabajan y sostienen a sus hijos; empleadas de comercio, domésticas, maestras; el nuevo paradigma clase media, y por supuesto, prostitutas fuera de todos los inventarios. Pero la relación entre madre-mujer que trabaja sigue siendo complicada.

La Encuesta Feminista presenta textos que niegan el trabajo femenino, textos que lo denotan como atentatorio al orden doméstico familiar; textos que muestran la cantidad de trabajo femenino. La Ley 4.661 de Descanso Dominical presentada por Alfredo Palacios de 1905 regula el trabajo infantil y femenino a la par. Bialet Masse denuncia la explotación de mujeres y niños que trabajan en las estiba de cosecha transportando pesos inhumanos.

También se detecta el Congreso Feminista Internacional en 1910 y diversas publicaciones como: La voz de la Mujer (la más temprana de 1897), La protesta humana de 1904, Nuestra tribuna (1922-1925), Generación consiente 1924.

 

La incorporación de las mujeres a la Universidad

En el contexto de la Universidad de Buenos Aires encontramos las primeras egresadas y las primeras estructuras educativas universitarias en las que empiezan a incorporarse las mujeres, aunque sorteando importantes obstáculos.

Elida Passo es la primera egresada universitaria de América del Sur (Facultad de Farmacia, 1885), al recibirse de Farmacéutica. Posteriormente pudo inscribirse en la carrera de medicina a través de un recurso judicial, aunque falleció mientras cursaba quinto año a los 26 años. La primera mujer en terminar el doctorado en medicina fue Cecilia Grierson (Facultad de Ciencias Médicas, 1889). Ella también fundó la primera escuela de enfermeras en el país (1890) y se dedicó a la ginecología y obstetricia. En 1891 fue miembro fundador de la Asociación Médica Argentina y en 1892 fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios. Ejerció también la docencia como adscripta de la Cátedra de Física Médica y Obstetricia (1904 y 1905). En 1900 fundó el Consejo Nacional de Mujeres y Asociación Obstétrica Nacional.

Unos años después se graduó Elvira del Carmen Rawson Guiñazu (Facultad de Ciencias Médicas en 1892). Ella orientó su ejercicio profesional hacia las enfermedades femeninas. También fue profesora de Higiene y Puericultura e introdujo la Eugénesis en el país. Fue una de las fundadoras del primer centro feminista del país y en 1919 fundó la Asociación Pro-derechos de la mujer en donde luchó por el sufragio femenino.

La quinta mujer en recibirse de médica fue Julieta Lanteri (Facultad de Ciencias Médicas, 1907). Fue la primera egresada del Colegio Nacional de La Plata y tras recibirse de farmacéutica en 1898 optó por estudiar medicina, a lo cual pudo acceder a través de un permiso especial del Dr. Leopoldo Montes de Oca. Junto a Cecilia Grierson fundó la Asociación Universitaria Argentina. En 1910 organizó el Primer Congreso Femenino Internacional con sede en Buenos Aires. El 26 de noviembre de 1911, con autorización de un juez, votó en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, siendo el primer sufragio de una mujer en Sudamérica (muchos años antes de que se sancionara la Ley 13.010 de sufragio femenino en Argentina en 1947). En 1919 compitió por una banca como Diputada en el Congreso, convirtiéndose en la primera candidata argentina. Posteriormente fundó el Partido Feminista Nacional.

Otro caso para resaltar es el de Alicia Moreau de Justo, egresada de la Carrea de Medicina con diploma de honor (Facultad de Ciencias Médicas, 1914). Mientras se desempeñaba en el Hospital de Clínicas instaló un consultorio en la Ciudad de Buenos Aires donde atendía gratuitamente a mujeres de bajos recursos y prostitutas. En 1910 organizó, junto a Julieta Lanteri, el Primer Congreso Femenino Internacional. En 1918 fundó la Unión Femenina Nacional. Escribió numerosos artículos sobre educación y política en la Revista Socialista Internacional. En 1932 elaboró un proyecto de ley que establecía el sufragio femenino, el cual se concretó en 1947. Durante toda su vida se involucró en la lucha por los derechos de la mujer.

Las primeras mujeres en otras carreras de la Universidad se fueron sucediendo en los siguientes años: Derecho: Cecilia Tapias (1911); Ciencias Naturales: Juana Guillermina Dickman y Axa y Lía Acevedo (1912); Ingeniería: Elisa B. Bachoffen (1918); Ciencias Económicas: Ángela Bernasconi (1919); Arquitectura: Finlandia Elisa Pizzul (1927) (Ver www.uba.ar/historia/contenidos.php?id=2&s=55).

Al mismo tiempo que las primeras mujeres egresaban de la Universidad, algunos espacios comenzaban a contener esta demanda. Con la creación de la Facultad de Filosofía y Letras (1896) se permitió a las maestras normales matricularse con el único requisito de su título, ofreciendo la orientación en tres carreras: historia, literatura y filosofía. En la primera promoción (1901) de un total de nueve graduados, cuatro fueron mujeres: Elvira y Ernestina Lopez, María Atilia Canetti y Ana Mauthe.

La creación del Curso de Visitadoras de Higiene Social fue también un hito en este sentido. Impulsado en 1924 por el Dr. Manuel V. Carbonell, entonces profesor titular del Instituto y de la Cátedra de Higiene de la Facultad de Ciencias Médicas, su propósito era la prevención y extinción de las enfermedades. Las Visitadoras se conforman así como nexo entre el problema médico y el social. Los requisitos generales para el ingreso exigían el pago del derecho de inscripción, contar con una edad entre 20 y 40 años, certificado de educación primaria completa (o de "instrucción general satisfactoria", de buena salud y de buena conducta) (Rossi, 2006).

La creación de la Carrera de Asistentes Sociales del Museo Social Argentino es otro evento importante a resaltar en este contexto. El proyecto de creación de un Servicio de Visitadores y Asistentes Sociales, logró su aprobación en Diciembre de 1929 bajo la dirección del Dr. Alberto Zwanck al mismo tiempo que se producía la unión del Museo con la Universidad de Buenos Aires. La escuela reconocía como antecedente la creación de la Escuela de Visitadoras de Higiene, aunque con un perfil diferente estrechamente ligado a factores morales. Los requisitos de inscripción eran ser mayor de 18 años, tener un certificado de conducta firmado por dos personas de responsabilidad y haber completado el ciclo primario. El primer curso dictado en 1930 tuvo 58 inscriptos, de los cuales 35 fueron mujeres (Rossi, 2006).

 

Conclusiones

El análisis de los documentos seleccionados nos permite aproximar algunas conclusiones en relación a las concepciones sobre la mujer presentes en diferentes discursos. En el caso del discurso médico encontramos que las nosografías están fuertemente impregnadas por el cuerpo. La maternidad, los órganos sexuales, los embarazos, la descendencia sana, etc.; son el eje central sobre el que versan las conclusiones diagnósticas de las mujeres. Es en este sentido que podemos dar cuenta que el cuerpo en las historias clínicas de las mujeres está más presente que en las de los hombres. Es sobre el cuerpo femenino y sus vicisitudes sexuales sobre el que recae principalmente la psicopatología de la época.

Así mismo, encontramos el discurso médico y sus fundamentos sobre la mujer presentes en los otros discursos analizados. En el discurso legal, la inferioridad biológica de las mujeres las ubica en un lugar de tutela (del padre, del marido). Carecen de derechos civiles y son consideradas en los mismos términos que los niños.

En el discurso social, el control del espacio, la asignación de deberes maternales, la casa como el lugar "natural" de la mujer; aparecen como formas de disciplinamiento. Se estructuran sobre esta base las conductas socialmente esperadas de las mujeres. Aunque empiezan a aparecer las primeras mujeres que egresan de las escuelas nacionales, acceden a la universidad y asumen profesiones liberales (potestad exclusivamente masculina hasta el momento), aunque son solo casos muy excepcionales y que sortean importantes obstáculos.

La primera post guerra europea y sus efectos ponen en juicio estos discursos y se propicia un humanismo que resulta de la apreciación personal de la cual emerge la valoración. La razón, violenta y agresiva, que desencadena la guerra es puesta en duda. El sentir, el sentimiento, el afecto comienzan a encontrar un espacio en este escenario. Es en este contexto en donde el discurso feminista, encarnando estos valores, emerger. Se multiplican las asociaciones feministas y aparecer en el discurso la lucha por los derechos de las mujeres.

 

Referencias

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1ra Edición - Diciembre 2018
 
 
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