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Conciencia y autoconciencia
 
Brarda, Gabriel
Centro de Terapia Cognitiva (CTC)
 

 

"La autoconciencia es nuestro don supremo, una joya tan preciosa como la vida misma. La que nos hace propiamente humanos. Pero lleva el más alto costo de todos los costos: la herida de la mortalidad."
Irvin D. Yalom (2009)

 

"Solo sé que no sé nada", asevera Platón en el Menón acerca de lo expresado por Sócrates, para referirse a que su maestro no está diciendo que no sabe nada, sino que no se puede conocer algo con absoluta y total certeza. Aquella seminal aseveración ateniense nos detiene a reflexionar acerca de la naturaleza del conocimiento, pero también sobre cuál es el proceso mismo de ese conocer. No cabe duda de la ironía que conlleva su célebre frase, la que condensa la referencia a una particular destreza, quizás la más importante habilidad de que disponemos los seres humanos: la capacidad de evaluar a las propias capacidades: Auto referirse (Zelazo, 2007).

A lo largo de la gran tradición filosófica, el término conciencia ha tenido múltiples significados. Desde el conocimiento gnóstico-objetivo del mundo, pasando por el reconocimiento que el hombre tiene de sus propios estados como aspectos subjetivados, hasta la actitud de retorno a sí mismo como auto implicado. El sujeto siente, sabe y conoce. Es por ello que muchos filósofos, consideran que la filosofía no es otra cosa que el análisis de la conciencia. En Descartes, la conciencia del pensar será la "auto" evidencia de su existir. Para Kant fue imprescindible distinguir la conciencia discursiva de la conciencia intuitiva, a fin de intelegir el conocimiento de lo inmanente del conocimiento de lo trascendente. Posteriormente la filosofía post Kantiana diverge en múltiples caminos, pero jamás abandona su consideración; Hegel con el desarrollo del espíritu como autoconciencia, los fenomenólogos privilegiando a "lo vivido", Bergson pensando la noción de conciencia como un principio creador de la realidad, etc.

Fue un procedimiento iniciado por Freud que él denominó Introspección Psicoanalítica, el que permitió al ciudadano corriente indagar acerca de su propia conciencia, inaugurando lo que posteriormente terminó consolidándose como praxis psicoterapéutica. Así, muchas han sido las técnicas que se fueron incorporando desde entonces. Solo por mencionar algunas diseminadas: el insight, el "darse cuenta" gestáltico, el registro diario de pensamientos automáticos y su reestructuración cognitiva propia de la Terapia Cognitiva Conductual. Todos conceptos labrados en diferentes metateorías, pero que, no obstante, aluden al mismo mecanismo: la capacidad de reflexionar sistemáticamente sobre los propios procesos mentales. Es por ello que podemos afirmar hoy día, que toda Psicoterapia trabaja con procesos metacognitivos y que dichos procesos son una función fisiológica del Sistema Nervioso Central humano: la conciencia reflexiva o autoconciencia.

Etimológicamente conciencia proviene del latín: cum; con, scio; conozco, y cumscio, "conozco junto a…". Es importante distinguir en el idioma inglés, así como en el alemán los términos: Conscious (Gewissen), como estar consciente de adquirir experiencias, del otro término: Consciousness (Bewusstein), referido al entendimiento, la conciencia reflexiva y al "sí mismo como objeto de conocimiento". Locke fue quien se refirió a la self-consciousness como conciencia de la propia identidad, cómo uno es el objeto de la propia observación. Diferente es el uso de la expresión: self awareness, referida a la percatación de sí mismo corporalmente, del siguiente: aware of awareness, o sea concibiéndose uno mismo como sujeto consciente de la experiencia. La habilidad de reflejar la propia percatación, en tanto una percatación de segundo orden, sería el fenómeno denominado autoconsciente (Beitman, 2004).

¿Por qué tanta profusión terminológica? Los registros históricos más antiguos demuestran el gran interés que la humanidad ha tenido en sí misma. El proceso de auto-reflexión inevitablemente conllevó el cuestionarse acerca del origen de la condición humana, la esencia de la humanidad como un colectivo y por supuesto, su singular destino reservado. Se sabe gracias a la antropología, que el Homo Sapiens Sapiens eligió la cooperación solidaria para sobrevivir. El poder ayudarse entre congéneres potenció su adaptabilidad, ya que su constitución, carente de recursos defensivos como lo son los grandes caninos, unas garras o una cornamenta, requirió el entrar al alma del prójimo, conocer sus sentimientos e intenciones. Ello solo pudo ser gracias al desarrollo de un sistema nervioso altamente complejo en aptitudes sociales, y que, entre otras cosas, posibilitó desarrollar el altruismo y la compasión.

Nuestro antecesor, el Homo Erectus, fue quien con su aporte en el dominio del fuego pudo expandirse "fuera de África", probablemente sofisticando su conciencia exploradora. A la vez que dejaron el legado a sus descendientes, los Homo Sapiens, la facilidad para la adquisición del lenguaje, con su enorme potencial para desplegar abstracciones. Estos últimos supieron manejar su conciencia basal y percatarse de la finitud de la vida. Se presupone este saber, pues enterraban a sus muertos. Fue la gran capacidad comunicativa la que conformó una nueva dimensión de la realidad, el universo simbólico. Esa dimensión simbólica retro-actuó, en y con las mismas funciones mentales superiores de estos primates antropoides, complejizándolas para dar lugar a la capacidad que caracterizamos como autoconsciente. Advino entonces el último gran salto evolutivo en la serie de los homínidos hace 40.000 años, The Great Leap. El Homo Sapiens Sapiens ya meditaba, especulaba, embellecía y se preguntaba ¿Qué y cómo es el conocer? Poseía conciencia sopho-estética, es decir conocimiento.

 

Bases cerebrales de la conciencia

En 1990, cuando se declara la década del cerebro, la comunidad neurocientífica estipula que el estudio de las bases cerebrales de la conciencia pasaba a constituirse en <La última frontera del conocimiento humano>. Ello se debía, por un lado, al desarrollo de recientes y sofisticadas técnicas de generación de imágenes del S.N.C, R.M.N funcional, S.P.E.C.T, etc.; y, por otro lado, porque estudiantes educados en la década del 60, alcanzaron puestos de poder en los distintos departamentos de ciencia cognitiva y habían explorado en su propia corporalidad estados alterados de conciencia.

Ni el más acérrimo dualista se atrevería en la actualidad a refutar el hecho de que la conciencia en tanto vivencias referidas al cuerpo, la identidad, el control y la localización corporal no depende de un sustrato material, el Sistema Nervioso Central, y de la integridad de su funcionamiento biológico (Baars, 1993, 1998).

Su adecuado funcionamiento supone siempre la involucración del tálamo y de la corteza hemisférica, así como también de las vías neuromoduladoras troncales interactuando conjuntamente en el sistema activador reticular troncal extendido.

La conciencia conforma fenomenológicamente en vigilia, una unidad en función continua (no se vivencia en sucesión discontinua) abierta y selectiva. Si bien se alterna con el dormir, se deben distinguir entre sí, tres fenómenos muy diferentes ligados a ella. La vigilancia, como estado intransitivo que, variando en grados, oscila en intensidades diurnas. La atención selectiva, por el otro lado, que selecciona acorde a un filtrado diferenciador, los contenidos y objetos de conciencia. Y por último el acceso consciente propiamente dicho, en tanto toma de posesión, o como solemos expresarlo verbalmente, "el tener en mente" el objeto/contenido en cuestión.

Es una actividad integrada, en tanto excitaciones reverberantes sincrónicas neuronales tálamo-corticales, que se organiza como un sistema altamente complejo y auto organizado con múltiples módulos y vías interactuantes a partir de bucles de retroalimentación. Masiva, propagada y distribuida, la conciencia posee una función integradora de la información en el tiempo, organizada en rangos de jerarquía. Funciona en dinámica no lineal, ya que cambia sus contenidos con diversidad y en diferentes grados de libertad. A mayor complejidad, mayor repertorio de estados posibles.

Como mencionamos anteriormente, la conciencia funciona como un todo integrado en múltiples niveles de actividad, mediada en red y con centros o hubs de tránsito de información. Subconjuntos de redes que coalesen en un único complejo. Es por ello extremadamente lábil y muy perturbable por noxas o estímulos desmesurados.

El desarrollo de marcadores empíricos de esta capacidad sincrónica y coherente fue un notable avance de la ciencia, con implicancias clínicas y neurológicas importantísimas. Como fue por ej. la detección electrofisiológica de la onda P300 (Dehaene, 2014) que nos permitió medir cuánto tiempo toma un episodio discreto de conciencia: 500 mseg.

Así es como finalmente surge esta majestuosa aptitud que podemos reportar verbalmente. La que nos posibilita "ver", "identificar", "reconocer" una realidad dada o mejor dicho un modelo del mundo. Porque la conciencia, no deja de ser un fenómeno emergente de todas estas dinámicas enumeradas, y como tal, un proceso creativo de reconstrucción de la realidad, que da lugar a la experiencia subjetiva referida en primera persona.

Para expresarlo de un modo gráfico y poder comprender metafóricamente a la conciencia, podríamos representarnos al tálamo como un "proyector de imágenes", o sea, un umbral sincronizador que permanentemente proyecta sus imágenes en "una pantalla iluminada" representada por la corteza cerebral. Claro que, con una particularidad: también es el cortex el que procesa información detallada y que retro actúa con el mismo tálamo en loops reverberantes. Configura una onda que barre continuamente y ensambla de forma anteroposterior a cada hemisferio, posibilitando de esta manera la integración funcional de ambos: el complejo tálamo-cortical. A la que se denominó frecuencia gamma en el registro electroencefalográfico (Llinás, 2002).

En la actualidad se plantean dos grandes teorías en el estudio de las bases cerebrales de la conciencia. La Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global (Dehaene, Changeaux, Naccache, Sackur y Sergent, 2006) y la Teoría de la Información Integrada (Tononi, 2012).

La Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global explica cómo el contenido de conciencia se hace globalmente disponible como percatación consciente. Comienza con el procesamiento entre sí de conexiones de micro-configuraciones iniciales que están codificadas en diversos módulos. Luego pasan por patrones que, desconectados en tanto procesadores, se van activando débilmente pero de forma progresiva, hasta adquirir una fuerte activación que los hace pre-conscientes. Finalmente se realiza una selección de información relevante que, con activación significativa, se amplifica y disemina al resto del SNC, poniéndola a disposición compartida con el resto del cerebro. La información entraría en un área de almacenamiento específico, que se pone a disposición del resto del cerebro, una selección de acción que se comparte. Es selección de un subconjunto de procesadores, y luego, una diseminación flexible de esa información. En definitiva, es una inteligencia colectiva como resultado de un amplio intercambio de mensajes entre diferentes áreas cerebrales.

La Teoría de la Información Integrada postula que los estados conscientes son extremadamente ricos en información y se constituyen en una entidad única e integrada con un gran repertorio de estados diferenciados. La fortaleza de sus postulados permite medir el tamaño/unidad de ese repertorio vinculado a una red de interacción causal. Se puede anticipar de esta manera una hipótesis testeable: a mayor integración, mayor sinergia combinatoria y, por ende, mayor conciencia.

El objetivo buscado no es menor. Se intenta determinar si una persona se encuentra en un estado clínico denominado Estado de Conciencia Mínima que permite diferenciarlo de un estado vegetativo (Unresponsive Wakefullness Syndrome) u otros estados comatosos (Koch, 2017). La importancia clínica de esta distinción es muy relevante.

Pero ¿cómo medir la conciencia? Para ello se estimula el cerebro con pulsos electromagnéticos gracias a un magnetoencefalógrafo (MEG) y luego se mide la actividad eléctrica despertada con un EEG de alta densidad que mide de 10 a 100 electrovolts a las neuronas piramidales corticales en conducción volumétrica. En un registro de EEG, la conciencia se evidencia con señales fluctuantes de alto y bajo voltaje, pero desincronizadas. Técnicamente, se cambia de canal con estimulación magnética transcraneal que hace reverberar a la corteza durante 200 pulsos y luego se registra la nueva actividad en un EEG de alta densidad (con 256 electrodos secos).

Si el SNC está despierto (conectividad intacta) muestra un patrón de alta complejidad y esa diversidad se captura con una medida matemática que es la que se usa en un algoritmo de compresión (ZIP): el índice de perturbación de complejidad (PCI). Si el PCI tiende a 1, luego es máxima la complejidad registrada. Si el SNC no reacciona a los pulsos magnéticos es porque la actividad cortical esta suprimida, luego el índice tenderá a cero.

Se estableció de esta manera un nivel de corte, el umbral crítico. La mínima medida de actividad cerebral compleja, que soporta conciencia: un PCI de 0,31. Por debajo de este umbral se puede reportar con un buen índice de confiabilidad que una persona no está conciente (Casarotto, et al., 2016). Las implicancias clínicas que se derivan de estas investigaciones son trascendentales en relación a la estimación de los pronósticos y los tratamientos que se ofrezcan y realicen los neurólogos a sus pacientes.

 

Neurodesarrollo de la conciencia

Cuando se considera el despliegue progresivo del neurodesarrollo de la conciencia, se puede constatar que la primera y fundamental distinción es la realizada entre el propio cuerpo y el entorno circundante. Vemos como entre los 3 y 6 meses, el control de los movimientos corporales marca su ritmo y todo lo que brinda un feedback sensorial será experimentado subjetivamente como "no del cuerpo" y por ende perteneciente al mundo exterior. Es la clásica etapa sensoriomotora claramente descripta por Piaget.

Al año y medio, el niño que ya deambula y posee alguna competencia lingüística, tiene expresiones simples de estados globales conscientes prenómicos (Preoperatorios). Tiene la aptitud del reconocimiento corporal en el espejo, pero ello es una auto-percatación corporal especular (body self awareness) no una verdadera autoconciencia.

A los 18-24 meses, encuentra equivalencias entre las propias acciones y sus claras contingencias y ello le posibilita una estructuración del pensamiento en la que comienza a descubrir las relaciones causa-efecto, más por intuición que por proceso reflexivo. Se trata de una conducta autodirigida. No obstante, las consecuencias que se generan en los otros por su personal accionar, todavía el niño no las evalúa adecuadamente.

Entre los dos años y los dos años y medio, el lenguaje ya fue adquirido y realiza una utilización de los pronombres personales muy precisa, el "yo" diferente del "mi". Es el comienzo del lenguaje reflexivo y la posibilidad de nombrar sentimientos sociales, como lo es, por ejemplo, la expresión "yo tengo vergüenza". Se vivencia él mismo como expuesto a la reprobación del otro, a ser observado o descubierto por un otro judicativamente.

Por entonces es que comienza la segunda distinción fundamental en el campo de la consciencia: entre "el propio cuerpo material" y lo vivido como "una realidad mental inmaterial configurada". Es la experiencia fenoménica de dualismo, propia de la psicología cotidiana del individuo. La psicología popular expresaría esto como la presencia de una auto-conciencia incipiente.

Para los 3 años y durante los tres siguientes, el niño ya responde en base a los estados internos de los otros, habiendo adquirido una Teoría de la Mente plena (Premack y Woodruff, 1978). Al decir de Baron Cohen, el Módulo de la ToM o sea el conocimiento de estados mentales para predecir estados mentales de otros, está bien desarrollado y configura claramente representaciones triádicas: uno, tú y la representación que tienes tú de él (Baron Cohen y Lombardo, 2013).

Neurobiólogicamente según Damasio, hay que diferenciar aquella conciencia nuclear o primaria, "el sentir lo que sucede", de una conciencia extendida o secundaria. La nuclear es cuando se procesa un acoplamiento sensorio motor objetivador y se modifica el estado corporal. La extendida implica una objetivación lingüística y autobiográfica. (Damasio, 2000).

La conciencia nuclear se gesta desde un arousal activador troncal, que mediado por vías no especificas del Sistema Activador Reticular Ascendente termina involucrando extendidamente a los tálamos y en particular a sus respectivos núcleos reticulares. Este sistema funciona como un "reóstato" y es el que nos despierta y nos marca el ciclo rítmico sueño-despertar provisto por el fotoperíodo circadiano. Es la conciencia que evalúan clínicamente los neurólogos en sus pacientes con la escala de Glasgow, en 15 grados diferentes de niveles, desde la somnolencia hasta el coma profundo. Cualquier lesión que involucre al S.A.R.A.E.T afectará su funcionamiento, al igual que lesiones en el tegmentum pontoencefálico del diencéfalo. También, esta conciencia nuclear estará afectada si la lesión fuera bilateral y localizada en ambas cortezas cinguladas anteriores.

La consciencia extendida o secundaria (Edelman y Tononi, 2001) es un procesamiento netamente cortical que involucra tanto la cara medial hemisférica como la dorsal. Desde la corteza cingulada anterior, las spindell cells de Von Economo de las capas II y III, se proyectan a distancia para modular la integración de las emociones. Simultáneamente las diferentes memorias (semántica, episódica, etc.) se ensamblarán en la memoria de trabajo situada dorsalmente en cada hemisferio, manteniendo la continuidad vivencial y el diálogo interior gracias al lenguaje lateralizado. Es esta consciencia, la que nos posibilita vivirnos con una identidad, una historia y una vida propia y singular.

Es necesario hacer una salvedad: la conciencia y la atención son dos funciones cerebrales superiores independientes. Los estudios llevados a cabo con el diseño -Split Brain- permitieron determinar que la conciencia volitiva es independiente en cada uno de los dos hemisferios. Involucra una competición entre ambos con control preferencial lateralizado en el izquierdo. Si bien la identificación de objetos es independiente en cada uno, la atención es común y no se puede dividir en mitades. La atención es unitaria y unifocal, claro que con recursos limitados (Gazzaniga, 2013). En el diseño experimental del cerebro hendido, se puede afirmar que es posible disociar la conciencia en dos, y cada una de ellas no se dará cuenta de que la otra falta. Con la particular singularidad de que no se "extrañará" al contenido al que no tenemos acceso. Estos experimentos llevaron a Gazzaniga a postular su noción de "intérprete", localizado lateralmente en el hemisferio izquierdo, que nos brinda una regularidad de patrones y de hipótesis congruentes. Un narrador que reconstruye una historia plausible para justificar las acciones. Es el intérprete el que nos ajusta a la realidad, elaborando una <historia en contexto>, el que nos coherentiza en una unificación consistente (Gazzaniga, 2012).

 

La autoconciencia

Se denomina con este término al conocimiento que tiene la conciencia de sí misma. Conciencia de conciencia. Darse cuenta de la propia actividad conciente y por consiguiente de sí mismo, siendo conciente con capacidad de auto-monitorearse. En esta definición queda subsumido, que se trata pues de una función recursiva en referencia a los propios estados mentales, gracias a la recursividad que nos posibilita el lenguaje simbólico. Funda la experiencia de un self como consciente de sí-mismo (Hofstadter, 2008).

La autoconciencia es una composición en tanto propiedad emergente, que se ensambla desde procesos modulares subyacentes distribuidos. No reside en ningún lugar particular, sino en el feedfoward encadenado a lo largo de la alerta consciente y que se activa volitivamente cuando un sistema evaluativo deviene su propio evaluador.

Debe distinguirse conceptualmente la autoconciencia (self consciousness) de la conciencia de poseer un cuerpo o percatación corporal en tanto esquema corporal evidenciable en el test de auto reconocimiento en el espejo (self awareness). Este test ha sido también demostrado en primates antropomorfos, elefantes y delfines. No se trata de simple atención focalizada en la propia corporalidad, ni de mera auto percepción como descripción de características corporales personales. La autoconciencia como proceso auto referencial probablemente sea característico y propio del ser humano. Es esencial para el despliegue de las funciones ejecutivas centrales: la toma de decisiones; la anticipación de consecuencias en el juzgamiento de múltiples escenarios alternativos simulados, el comparar resultados potenciales; la estipulación selectiva de metas y sus contingencias recompensantes; la inhibición de impulsos y el ensamblado de complejas jerarquías de desempeño para evitar el ensayo y error conductual.

Pero es, sobre todo esta aptitud auto-consciente, la que podemos emplear como estrategia para poder considerar nuestras propias creencias por encima de los procesos ejecutivos superiores. La clásicamente descripta capacidad de reflexión y su singular habilidad para posibilitarnos un cambio de perspectiva. El poder reflexionar sobre los propios procesos cognitivos o el pensar sobre los propios pensamientos, es una habilidad precisamente metacognitiva (Normann y van Emmerik, 2014). Todos estos, fenómenos autoconcientes o metaconcientes formulados por la High Order Theory de D. Rosenthal (Rosenthal, 2006).

 

El self

Todos espontáneamente nos reconocemos como "sujetos" de nuestra experiencia mental consciente y automáticamente asumimos que ese estado es propio y privado, confinado a un "yo" poseedor de dicho estado. Lo que en psicología referenciamos como "subjetividad". Pero esta realidad, que llamamos subjetiva, es una construcción unificada y multidimensional que percibimos como un teatro cartesiano, al decir de Dennet y que tiene una audiencia "única" y muy significativa: el self (Dennet, 1992).

En ciertas ocasiones uno puede verse a uno mismo observándose mientras se despliega el mundo. Observándose, observar de cómo es que se observa al mundo.

No estamos refiriéndonos a un homúnculo cerebral en regresión infinita, sino a un particular efecto de desdoblamiento de perspectiva. Una perspectiva más abarcativa de la consciencia y que funda la noción de self (Leary, 2007).

El self como una unidad dinámica, es constituyente del individuo en tanto consciente de su propia identidad y de su relación con el medio. Es pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos, psíquicos y relacionales. Un self, que es al mismo tiempo agente de perspectiva y objeto de percepción, un "Yo" consciente que tiene a un "Mi" como objeto de conciencia. Fenómeno ya advertido por William James en 1901, el knower "I", del known "Me". Cuando el "Yo" se refleja sobre sí mismo, remite nuevamente a la experiencia sujeto/objeto, donde el "Yo" juega el rol de sujeto y "Mi conciencia" el rol de objeto.

El self es de naturaleza dialógica, con referencia interpersonal subsumida, creado bajo la forma de narraciones imaginarias y coherentes que el mismo self se cuenta a sí mismo. Da sentido de identidad y continuidad temporal gracias a una estructura narrativa que le da sustento (Gazzaniga, 2013). Es por ello que puede afirmarse que el self es un subproducto tanto de lo corporal, lo conceptual, lo narrativo, como también de lo social. El self se vive en "un eterno presente rememorado" (Edelman y Tononi, 2001) donde las unidades de conciencia salientes son a su vez contrastadas con acoplamientos pasados de memorias episódicas y narrativas adquiridas en nuestra vida de relación.

Esta experiencia de una agenciación activa, brinda una "sensación" o vivencia subjetiva que guía la acción. Es necesaria para que haya un control complementario bottom-up y top-down simultáneo, con unificación de comando y control. Devenir autoconsciente es ser uno objeto de la propia atención/conciencia. Es tener consciencia de conciencia para procesos cerebrales internos elevados, es pensar sobre el pensar, es percatarse uno de las propias operaciones mentales superiores. Tener libre albedrío.

La subjetividad como proceso experiencial es la construcción de una perspectiva de la consciencia que nos hace sentir que "estamos a cargo" de nuestro accionar, y no que existe una causación descendente ex-nihilo. En todo lo anteriormente expuesto no se está describiendo una realidad fragmentada de la conciencia, sino un efecto consecuente de la recursividad propia de ella. Es esta particular disposición la que determina la experiencia psicológica de dualismo que, operativamente en nuestra vida de relación, sentimos todos: la de poseer una mente funcionante y diferencial que "habita" dentro de un cuerpo (Sigman, 2017).

La conciencia hunde sus raíces en estructuras neurales arcaicas, el tronco cerebral superior, pero su expansión hacia un nivel más elevado y complejo de funcionamiento se lo debemos fundamentalmente a la extensión que nos dan los distintos tipos de memorias: la memoria semántica y la episódica o autobiográfica de Tulving. En especial la memoria de trabajo sita en el lóbulo frontal.

La working memory es un set preparatorio de procesos mentales que sostienen información temporal limitada, al servicio de la cognición. Acorde a lo investigado por Baddeley, conforma tres aspectos: 1) una coordinación central ejecutiva, 2) un block borrador visuo-espacial y 3) un bucle fonológico (Baddeley y Hitch, 1974, Baddeley, 2000).

Este tercer elemento descripto, nos remite al lenguaje, que es procesado lateralmente en general por un solo hemisferio, el izquierdo en los diestros. Decir que el lenguaje humano es simbólico, es expresar que el lenguaje nos provee del recurso representativo. Sostener una representación de aquello ausente. Por ej., en el caso de la utilización de pronombres personales, ellos no tienen valor por sí mismos, sino representativo. Su identidad está dada por el sustantivo al que se refieren en cada caso. Los pronombres son palabras o morfemas cuyo referente no es fijo, sino que se determina en relación con otros que normalmente ya se han nombrado. En vez del nombre, "por el nombre" o "en lugar del nombre". Necesitamos precisar cómo estas dos capacidades, conciencia primaria y loop fonológico, se combinan para entender el surgimiento del fenómeno auto-consciente. Por un lado, tenemos un loop de retroalimentación tálamo-cortical que conecta el núcleo anterior talámico con el lóbulo frontal, como parte de la onda gamma que recorre cíclicamente al hemisferio. Por otro, y en segundo lugar, debemos identificar un loop ántero-posterior o parieto-frontal de índole lingüística y que nos provee la recursividad simbólica. Ambos bucles convergen funcionalmente en la anteriormente mencionada working memory izquierda. La que gracias a su coordinación centralizada puede simultáneamente sostener una representación en línea del curso de la conciencia y ofrecérsela en tanto contenido como una copia eferente a la atención focalizada. Configura de esta manera una recursión de segundo grado. El foco atencional selectivo ofrece un punto de referencia nuevo y descentrado, una perspectiva, cual punto de fuga en la perspectiva de las artes visuales. Desde ese foco como punto de vista supramodal y respecto del espacio fenoménico vivido, la conciencia puede volcarse sobre sí misma. El "observador" deviene en este proceso "auto-consciente" de su campo fenoménico de conciencia. Caracterizamos a esta función como una función auto-reflexiva de la autoconsciencia. La misma se vivencia por el individuo como un distanciamiento del contenido del pensamiento y de las emociones, un mayor reconocimiento de los propios juicios y hasta una claridad expresada como "expansión de la conciencia" sin que por supuesto así sea. Se trata solo de una auto referencia perceptiva que nos permite ser conscientes de los propios estados de consciencia o "de sentimientos de estar con consciencia". Las continuas reentradas de la memoria episódica también gracias a la working memory, finalmente generan un self autobiográfico de experiencias pasadas, así como también de proyecciones futuras, reordenando la temporalidad como tiempo subjetivo. Dicho de una manera más coloquial, se sostiene un símbolo verbal de la persona: el "Mí", que pueda referirse a un agente capaz de accionar: "el Yo".

 

El director de la orquesta

La consciencia de conciencia es, quizás, la más alta de las actividades cerebrales. Es una emergencia suprasistémica auto-organizada de un global working space. Posibilita el auto-monitoreo para evaluar consecuencias futuras del accionar. Compone siempre un modo de organización, un modelo de sí mismo y un modelo del mundo. Es capacidad de instrumentar la propia acción con control cognitivo en situaciones multi tarea o multi respuesta, a fin de poder tomar decisiones más acertadas. Esta función provee la ilusión de un aparato mental, dando la impresión de un "fantasma en la máquina" o de un "desdoblamiento cuerpo-mente". Como lo expresa Damasio, ella es nuestro excepcionalismo, "Cuando la mente adquiere un punto de vista, -un punto de vista subjetivo, esto es- cuando la consciencia comienza propiamente" (Damasio, pag:143 2018).

Si nos aproximamos a describir la autoconciencia fenomenológicamente, ella se caracteriza como un esfuerzo mental no automático sino deliberado, asistida por gran control atencional. Siempre toma mucho más tiempo el poder seleccionar información relevante y por ello se requiere de una atención selectiva sostenida para una disposición ejecutiva diferenciada. No obstante, la autoconciencia decae rápidamente y es difícil de sostener en el tiempo, si no se la entrena. Temporalmente sería adecuado decir que pulsa, que se organiza en episodios secuenciados y limitados volitivamente.

Anteriormente se ha expresado que gracias a la autoconciencia poseemos la facultad metacognitiva, como representación de representaciones que nos posibilita ni más ni menos que el razonamiento mismo. También lo es la construcción de un self auto-biográfico, en tanto representación de la experiencia subjetiva vivida en el pasado y actualizada en tiempo presente. Simultáneamente con una capacidad cronoestésica proyectada: el poder relacionar el self con el futuro y proyectar el sí-mismo a un mañana simulado. Viajar mentalmente en el tiempo y predecir con anticipación y previsión el futuro.

Esta vivencia de un sí-mismo persistente como una entidad continua en el tiempo es condición de posibilidad de otro fenómeno: la auto-noesis. Se entiende por auto-noético el conocimiento que tiene una persona de sí misma, la inclusión del self en un espacio de conocimiento. Cómo un "yo" objetiva a su "mi" en un mismo sujeto. Un sistema cognoscitivo que quiere entenderse, cómo es que funciona en tanto sistema de conocimiento.

Ahora bien, en relación con la práctica psicoterapéutica ¿Qué ventajas tiene una persona autoreflexiva?, ¿Por qué la capacidad autoconsciente es esencial y significativa en las diversas practicas psicoterapéuticas, independientemente de sus teorías referenciales?

En primer lugar, porque facilita una mayor objetivación en el reconocimiento y la formulación de metas. El delimitar, precisar, discriminar y co-definir objetivos terapéuticos alcanzables. También el desarrollar la atención selectiva, flexibilizándola volitivamente con amplitud y variación de cambios atencionales.

En segundo lugar, porque nos permite el reconocimiento de dos modos de procesamiento diferenciados y así poder optimizar un distanciamiento cognitivo operativo (Kahneman, 2013). Lograr la pausa necesaria para un desacople de emociones automatizadas (Ayduk y Kross, 2010); afrontar experiencialmente emociones para poder reevaluarlas al realizar re-appraisal cognitivo. También el observar los pensamientos sin valorarlos como acontece con el entrenamiento en conciencia plena o mindfulness.

En tercer lugar, para un descentramiento o reflexión de perspectiva consciente. Una mayor examinación o indagación y cuestionamiento de creencias nucleares. Generación de disonancias cognitivas. Exploración de diversas explicaciones para un mismo suceso y eventualmente combinarlos creativamente. La re-estructuración cognitiva o reformulación conceptual planteada por la T.C.C y que apela a modificar las cogniciones problemáticas.

Todo ello con la misma finalidad compartida por toda praxis psicoterapéutica: la promoción de hábitos y cambios saludables en la creación de nuevas categorías o significados y que otorguen valor a una ejecución pragmática y responsable. Si la conciencia cambia, el cerebro cambia, entonces uno cambia, luego la realidad cambia.

Una paráfrasis final. S. Freud nos invitaba a "Hacer conciente lo inconciente", pero tampoco debiéramos olvidarnos de la importancia de "Hacer autoconciente, lo conciente". Que ello no nos remita simplemente a sentir y saber de la propia existencia. Tampoco a creer que la única certeza con que contamos es la conciencia de finitud. También disponemos de la creatividad que nos ha permitido ser quienes somos.

 

Referencias

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