ISSN 2618-5628
 
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Epigenética    
Desarrollo fetal, Estrés    
     

 
Influencia del estrés prenatal en mujeres gestantes sobre la epigenética en el desarrollo del feto
 
Guiragossian, Susana A.
Universidad de Buenos Aires (UBA)
CIIPME CONICET
 
Vega, Edith
Fundación Aiglé
Universidad de Buenos Aires (UBA)
Asociación de Psicoterapia de la República Argentina (APRA)
 

 

Introducción

El presente trabajo intenta explicar -desde la psicología del desarrollo- una de las bases que justifica la exploración de la relación entre el estrés prenatal de mujeres gestantes y la manifestación de sus efectos en el crecimiento del feto a través de los conceptos de la epigenética.

La intervención temprana en el estado de salud emocional de la mujer gestante con signos de estrés prenatal tiene cada vez más razones para ser considerada una cuestión de política de salud pública. Numerosos estudios evidencian los cambios epigenéticos en los niños con consecuencias sobre su propia salud.

 

Ciencias y procesos de desarrollo

Como menciona Valsiner (2004) la ciencia del desarrollo se orienta hacia algunas direcciones interesantes compartiendo una idea de lo complejo de los procesos con la biología del desarrollo, que hace foco en la flexibilidad de los organismos para preadaptarse. La ciencia del desarrollo trata hacia el futuro de preservar el tiempo en las unidades de análisis, de renunciar a la noción de variables para orientarse al estudio dinámico de la transformación de las estructuras y al análisis de casos únicos como origen de datos básicos dentro del concepto de muestra. El complejo de ideas del desarrollo intenta revelar las leyes de la emergencia de la novedad en un tiempo irreversible. Esta novedad emerge a través de la transformación estructural de los sistemas psicológicos durante la vida humana en paralelo con la biología del desarrollo.

El estudio de los procesos mismos permite la integración de los niveles de desarrollo humano. La psicología del desarrollo como ciencia emerge sobre las bases de la embriología y del pensamiento evolucionista orientándose a posteriori hacia una separación de la psicología del desarrollo. Considerando las direcciones futuras que toma la ciencia del desarrollo para innovar las prácticas de investigación de la psicología del desarrollo: preservación del tiempo, estudio de la trasformación de las estructuras y el estudio de caso único –de una persona en su proceso de negociación en un escenario particular-, puede decirse que se está ante la posibilidad del estudio del desarrollo humano desde una cosmovisión más integradora.

El creciente trabajo sobre la epigenética en general, sobre la epigenética social y sobre la epigenética y el desarrollo infantil refuerza fuertemente el reconocimiento de que los genes y el medio ambiente, la naturaleza y la nutrición están involucrados en complejas interacciones y transacciones, en lugar de actuar como fuerzas opuestas (Keating, 2016).

La consideración del desarrollo como construcción de formas nuevas (Valsiner, 1988) en un tiempo irreversible a través de los procesos de intercambio entre organismo y ambiente propone que el mismo se da en un sistema abierto. Cada organismo bio-psico-social sólo se desarrolla en función de sus relaciones permanentes de intercambio con su medio ambiente. Así, los modelos que explican los procesos de desarrollo son aquellos que consideran la dinámica de intercambios.

 

Epigenética y sus implicaciones en la salud

La epigenética está comenzando a brindar la oportunidad de revolucionar la comprensión del rol de la genética y el ambiente para explicar del comportamiento humano como refieren Lester, Conrad y Marsit (2016).

La epigenética puede definirse como los cambios heredables en el ADN e histonas que no implican alteraciones en la secuencia de nucleótidos pero modifican la estructura y condensación de la cromatina afectando de este modo la expresión de los genes y el fenotipo. Estas modificaciones se producen a través de dos procesos llamados, metilación de ADN y modificaciones de las histonas. Los mecanismos epigenéticos adquieren cada vez mayor relevancia debido a la creciente asociación con enfermedades complejas y otras más comunes, así como la influencia en la salud transgeneracional y evolución humana. (García Robles et al., 2012).

En el trabajo de Naumova y colaboradores (2016) se ofrece evidencia inicial de una asociación entre el ambiente social temprano y el epigenoma. Dicho de otro modo, entre el epigenoma de la descendencia y las diferentes facetas de la crianza de los hijos. Esto podría sugerir que los cambios en el rechazo parental percibido tienen una asociación más fuerte con el epigenoma de la descendencia que las medidas de las dificultades maternas en la crianza. Actuaría como factor de ajuste ante las condiciones ambientales de crianza.

 

El estrés prenatal materno

La exposición al estrés afecta de manera diferente los tejidos de la gestante y el feto, incluso dependiendo de la etapa del embarazo. Cuando ocurre en una etapa muy temprana de la vida da forma a la actividad del eje hipotalámico-pituitario-adrenocortical y el cerebro en formación. En la etapa prenatal los glucocorticoides pasan a través de la placenta hacia el feto como impactos postnatales en el desarrollo del cerebro, el peso al nacer y el funcionamiento del eje HPA (Kertes et al., 2016). El cortisol maternal elevado se asocia con una respuesta de cortisol infantil mas grande y un retraso conductual en la recuperación de la tensión dolorosa en las tomas de una muestra de sangre del talón. Las hormonas prenatales del estrés y el estrés materno son u mecanismo potencial para la programación fetal de los desórdenes psiquiátricos.

Es bien sabido como demuestran estudios recientes (Grizenko et al., 2015) que niños con sintomatología relacionada con déficits atencionales e hiperactividad tuvieron como uno de los factores asociados a su desorden, madres que sufrieron estrés durante el embarazo. Diversas son las circunstancias que hayan originado el mismo, como ser, abuso físico, desventajas psicosociales, complicaciones obstétricas, molestias diarias, eventos significativos de vida durante el embarazo y tabaquismo. Una de las medidas claves es la manifestación de elevada ansiedad específica al embarazo.

Recientes estudios longitudinales hacen notar que el número y el momento de factores de estrés experimentados durante el embarazo influyen en el desarrollo motor en la etapa tardía de la niñez y en la adolescencia (Grace, Bulcera, Robinson y Hand, 2016). Se indica que eventos estresantes experimentados en la última etapa del embarazo estuvieron negativamente asociados con el desarrollo motor de la descendencia, mientras que eventos estresantes ocurridos en etapas tempranas no tuvieron impacto significativo. Esta información refuerza la significancia de la profundización del estudio del estrés prenatal en mujeres gestantes.

De modo que puede subrayarse la importancia de generar espacios de sostén social para la reducción de síntomas en las gestantes (Lester, Conrad y Marsit, 2016).

Implicancia en el desarrollo del feto

Los estudios de Kagan (2011) a lo largo de décadas merecen ser considerados en el sentido de considerar que cada persona nace con su propia fisiología particular y con una determinada configuración de rasgos temperamentales. Ni los gemelos comparten todos los rasgos el día del nacimiento, debido a la existencia de fenómenos aleatorios que afectan a uno u otro de los fetos durante el embarazo. Mucho de los comportamientos que parecen rasgos temperamentales como la irritabilidad, la sonrisa o el nerviosismo, pueden tener más de un origen. Así Mc Hugh (2008) propone agrupar los rasgos según tres criterios:

a) Si se trata de un rasgo atribuible principalmente a algún perfil neuroquímico o a alguna característica de la anatomía cerebral

b) Si se trata de un rasgo proveniente de un grupo de alelos hereditarios o de un fenómeno ocurrido en la etapa prenatal o neonatal

c) Si la base fisiológica del rasgo temperamental afecta principalmente a las estructuras límbicas del cerebro que guardan un vínculo estrecho con la excitabilidad emocional, o a las estructuras del lóbulo que son más importantes en la regulación de las conductas impulsivas.

Sin embargo, no se conoce aún que genes y moléculas contribuyen a los perfiles temperamentales.

Los estudios realizados muestran que las emociones guardan estrecha analogía con las estructuras moleculares ocultas. En la actualidad no se cuenta con procedimientos que permitan evaluar ni la calidad de los diversos sentimientos ni el estado cerebral en el cual se basan. Realizar una investigación traslacional ofrecerá un panorama más profundo sobre los motivos de las distintas personas y en su vulnerabilidad a los síntomas perturbadores de la ansiedad crónica, la depresión, la insensibilidad y las dificultades cognitivas entre otras (Vega y Guiragossian, 2016).

Para Davis, Glynn, Waffarn y Sandman (2011) los signos maternales prenatales facilitan la adaptación prenatal para el ambiente posnatal. El funcionamiento de los niños y adultos, incluyendo la vulnerabilidad a enfermar, parecen ser determinados, en parte por exposiciones que ocurren durante el período fetal (Barker, 1998). Crecientes evidencias indican que las influencias prenatales juegan un rol en el desarrollo de los desórdenes psiquiátricos como la ansiedad, depresión y comportamientos externalizadores (Bohnert, Breslau y Kipling, 2008; Costello, Worthman, Erkanli y Angold., 2007; Hellemans, Verma, Yoon, Yu y Weinberg, 2008). Se ha propuesto que las disrupciones en el funcionamiento del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) puedan ser responsables de esos efectos (Kapoor et al., 2008; Seckl y Meaney, 2006). Los datos observados aquí, en un estudio longitudinal, se encuentran entre los primeros con los humanos para demostrar que las hormonas del estrés y el estrés materno prenatal alterar el funcionamiento del sistema de regulación del estrés en la descendencia, independientemente de las influencias del posparto, y puede ser un mecanismo potencial para la programación fetal de trastornos psiquiátricos posteriores (ej. Bergman, Sarkar, Glover, y O'Connor, 2008). Nuestra intención es continuar el seguimiento de esta cohorte para determinar los efectos de las experiencias prenatales y postnatales tempranas sobre el desarrollo de los sistemas de regulación de tensión.

 

Conclusión

La psicología del desarrollo y la epigenética sirven de base para acercarse a una explicación de la necesidad de considerar ciertas problemáticas maternas como puntos influyentes de atención para el desarrollo de los niños.

Los cambios a nivel epigenético –en el modo en cómo el ADN se expresa y se adapta al ambiente- pueden causar problemas en la salud mental de los niños así como explicar un amplio rango de problemas físicos a largo plazo, cuestiones del desarrollo infantil e incluso consecuencias en las futuras generaciones.

Según Hedges y Woon (2011) el estrés maternal durante la gestación puede afectar la función cognitiva de los niños. En un estudio de Buitelaar, Huizink, Mulder, de Medina y Visser (2003), el estrés prenatal fue asociado con déficits cognitivos, incluyendo la desregulación atencional a la edad de 8 meses. En otro estudio diseñado para evaluar los efectos del estrés prenatal independiente de la exposición al estrés posnatal, el primero predijo el desarrollo mental entre los 14 a 19 meses (Bergman et al., 2008). De hecho, los autores concluyen que la programación fetal puede ser tan relevante para los resultados emocionales y cognitivos como han demostrado ser para muchas otras áreas de la salud y el desarrollo humano.

Muchos de los daños genéticos ocurridos en el útero como durante los primeros años de vida pueden ser no permanentes ya que es posible revertir estos efectos biológicos negativos tomando acciones en etapas tempranas, como ciertas intervenciones en el ambiente.

La posibilidad de realizar cambios en los ambientes pre y postnatales permiten realizar la reingeniería de los cambios epigenéticos ocurridos. Estos cambios en el ambiente pueden conducir a cambios moleculares más favorables que influencien positivamente en el desarrollo infantil y la salud a largo plazo. Por tanto, políticas y prácticas sociales durante el embarazo e infancia temprana pueden rápidamente reprogramar la estructura y función de partes claves del comportamiento humano.

Cambios genéticos a nivel placentario debido a causas como ansiedad y depresión materna, problemas económicos y otros eventos adversos durante el embarazo, pueden predisponer al infante a adquirir un comportamiento disfuncional (Lester, Conradt y Marsit, 2016).

Mientras que la epigenética tiene el potencial para construir resiliencia en niños en riesgo, la psicología del desarrollo permite diseñar estrategias de ayuda a sus madres mediante el aprendizaje de pautas para la regulación de sus estados emocionales perturbados en las etapas tempranas de vida como el embarazo. Podría considerarse que la intervención oportuna en estas etapas colaboraría a reducir los efectos negativos en la descendencia a pesar de lo irreductible del tiempo según la concepción de Valsiner (1998, 2004). Se estaría frente a pautas que contribuirían a la construcción de modelos de investigación centrados en la persona que -considerando la interacción con el medio- ofrecen la posibilidad de intervenir a modo preventivo en tiempos muy tempranos del desarrollo.

 

Referencias

Barker, D.J. (1998) In utero programming of chronic disease. Clinical Science, 95(2), 15-128.

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Bohnert, B.A.; Breslau, N., Kipling M. (2008) Stability of Psychiatric Outcomes of Low Birth Weight: A Longitudinal Investigation. Arch Gen Psychiatry 65(9), 1080-1086. doi:10.1001/archpsyc.65.9.1080

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3ra Edición - Diciembre 2019
 
 
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