ISSN 2618-5628
 
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Abuso sexual, Doble vínculo, Interacción    
     

 
Un victimario doblevincula a la víctima. Abuso Sexual Infantil, trastorno de alimentación y doble vínculo
 
Ceberio, Marcelo R.
Escuela Sistémica Argentina
Universidad de Flores (UFLO)
 
Losada, Analía
Universidad de Flores (UFLO)
 

 

Introducción

El mecanismo interaccional de lo que se llamó “Doble Vínculo”, fue un fenómeno de la comunicacón investigado por el grupo Bateson en la década del 60 y que dio inicio a una nueva pragmática de la comunicación humana. En este mecanismo, el individuo está inmerso en una relación intensa -como de hecho es la relación madre-hijo-, una relación en la que siente que es vitalmente significativa y donde se requiere que diferencie adecuadamente qué clase de mensaje se le está enunciando para que logre responder de manera coherente.

En simultaneidad, se produce en la víctima un entrampamiento en el cual otras personas que intervienen en la relación generan un juego de negaciones. El producto de esta interacción ocasiona la imposibilidad de responder creando una cristalización de la relación y la consecuente inmovilización impidiendo metacomunicar.

En este estudio se realizó un análisis de 50 casos de mujeres que padecieron abusos sexuales intrafamiliares durante su infancia y, posteriormente, desarrollaron trastornos de la conducta alimentaria. Se ha observado, que los tipos de contexto estudiados en los que el individuo aprende a aprender, se encuentran dañados por la presencia de episodios abusivos infantiles que traen como consecuencia un bloqueo de la capacidad comunicativa, del reconocimiento de las señales identificadoras de mensajes, que se traducen en sobre-interpretaciones rígidas y vivencias de aislamiento.

 

Abuso Sexual Infantil y Trastornos de la Conducta Alimentaria

El abuso sexual infantil es uno de los trastornos más crudos y “trágicos”, por así llamarle, a los que puede someterse un niño. A tal punto que es una de las especialidades que rechazan más los terapeutas (Ceberio y col., 2017 no es una publicación). El abuso sexual se establece como una intrusión de territorio, una negación de la presencia del niño como tal y una carencia de sus derechos como ser humano, concediendo a la víctima un sentimiento de extrañeza en su propio cuerpo. Se produce una pérdida de los límites interindividuales y un atrapamiento en una relación que involucra la elaboración que realiza el abusador que envuelve al niño en un escenario de desprotección e incomprensión.

Perrone y Nannini (1997), afirman que aquellos sujetos que han padecido abusos sexuales infantiles, atravesaron desigualdades en términos relacionales, es decir, relaciones de poder presentando un estado con conciencia modificada, al que se denomina “estado de trance”. Esto implica la imposibilidad de relatar el abuso, ya que debe mantenerse el secreto por la vivencia de que algo está mal, además de la sugerencia persuasiva del abusador.

Es una relación aberrantemente abusiva, donde un adulto influencia a un niño y éste queda atrapado, “robado de su infancia”. En el trance hay una caída de la capacidad de crítica y discernimiento. También se pierde la capacidad de operar por parte del resto de los convivientes: por ejemplo, la mamá no escucha nada, el hermano no oye a pesar de dormir en la misma habitación. El abusador mismo puede haber estado en aquel trance: cuando ha sido víctima de abuso sexual en su infancia o cuando ha visto/no visto el abuso sexual de sus hermanos/as. El abusador deja en el niño la culpa del abuso y la responsabilidad de proteger o mantener a la familia unida. Estas familias se muestran como una imagen de grupos familiares sin mayores problemas, manteniendo oculto el abuso infantil y el sostenimiento de este secreto, incluye a todos los miembros del grupo nuclear, aunque más tarde se cuestionará solo a la víctima por mantener el secreto.

Perrone y Nannini (1997) destacan que en la mayor parte de los casos el abusador no siente ninguna culpa, y todo sentimiento de incongruencia de la situación lo hace derivar hacia la víctima. El abusador no muestra duda alguna sobre su conducta, mientras que el niño siente culpa, vergüenza y temor por el ataque a su integridad. El proceso de programación trae consigo retractaciones, revelaciones tardías, el silencio y las contradicciones. Las operaciones básicas de este proceso de programación parecen ser el secreto, la responsabilidad adjudicada al niño, la fatalidad y la vergüenza.

El concepto de “hechizo” en el abuso infantil desarrollado por Perrone y Nannini (1997) es pasible de ser relacionado con el Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil postulado por Summit (1983), ya que el hechizo da lugar a transitar el síndrome. Este síndrome describe la reacción que le permite al niño sobrevivir de inmediato dentro de su familia en sus cinco componentes: el secreto, el desamparo, el entrampamiento y la acomodación, la revelación tardía y no convincente y por último la retractación. El síndrome es un trauma secundario en la crisis de descubrimiento del abuso sexual infantil. El hechizo es una alteración de la conciencia dada en una relación no consensual, donde uno de los intervinientes utiliza el trance con un objetivo no definido ni aprobado por la otra persona, que no es responsable de la experiencia.

El “hechizo” presenta consecuencias sobre los estados de conciencia, el crecimiento y el desarrollo. El cese del abuso sexual infantil no representa el cese del hechizo. Los autores señalan que es necesaria ayuda especializada, del tenor asistencial terapéutico, para lograr la salida del hechizo. Si la familia se solidariza con el abusador, marginará a la víctima y la volverá a victimizar, provocando una reedición del hechizo. La puerta de salida del hechizo se abrirá si la familia sostiene a la víctima, asume su protección y colabora activamente en el proceso terapéutico. Madanes (1993) señala que le corresponde a la familia liberar a la víctima del hechizo y confirmar que es una víctima, y que el abusador es el responsable. Si esto no sucede se da lugar al desarrollo de la patología alimentaria.

En las últimas tres décadas se ha ligado al Abuso Sexual Infantil con las Patologías Alimentarias. Goldfarb (1987), Coovert, Kinder y Thompson (1989), Smolak, Levine, y Sullins (1990), Palmer y Oppenheimer (1992), Kern y Hastings (1995), Tobin, Elin y Molteni (1995), Garfinkel, Kennedy y Kaplan (1995), Pope y Hudson (1996), Wonderlich, Harris, R. W. Wilsnack y S. C. Wilsnack (1996), Turnbull, Treasure y Troop (1997), Schmidt, Humfress y Treasure (1997), Moyer, DiPietro, Berkowitz, y Stunkard (1997), Brown, Dunn, Russell, y Thornton (1999), Edgardh y Ormstad (2000), Wonderlich y Crosby (2001), Romans, Gendall, Martin, y Mullen (2001), Leonard, Kao, Steiger (2003), Marrufo Corrales (2004), Claes y Vandereycken (2007), Losada (2008), Perkins (2008), Losada (2009), Pereda Beltran (2009), Losada (2011), Marmo y Losada (2013) Solano Valencia (2013) y Losada (2013) han postulado una asociación entre la anorexia, bulimia y los trastornos de conducta no especificados y este tipo de maltrato infantil.

El Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil y las patologías alimentarias presentan una estrecha asociación. Es decir, el haber tenido que ocultar el abuso a través de mantener el secreto, las vivencias de desamparo, la ubicación en una posición de entrampamiento, la acomodación por los sentimientos de que nada puede cambiar, el comentarlo luego de años de padecimiento y la retractación de lo que con mucho esfuerzo fue relatado, parece dar lugar a síntomas de las patologías alimentarias como baja autoestima, sentimientos de culpabilidad, la alteración en la percepción de su imagen corporal, los pensamientos distorsionados en relación a su cuerpo, el retraimiento social, el temor al error y al fracaso, la inestabilidad emocional, los estados depresivos, la necesidad de demostrar autocontrol, progresivo aislamiento social, rechazo por su peso corporal, pérdida de las formas femeninas por bajo peso o, por el contrario, por sobrepeso, introversión, desconfianza hacia sí mismo, esperanza de ganar aceptación y dificultades en la sexualidad (Losada, 2013).

 

El callejón sin salida del Doble Vínculo

Bateson, Jackson, Haley y Weakland (1956) en su célebre artículo “Toward a theory of schizophrenia”, describieron la Teoría del Doble Vínculo que se ha consolidado como una de las presunciones sobre la esquizofrenia que más adeptos ha generado desde su postulación. Bateson (1969) en una visión ampliada, consideró al doble vínculo como un patrón epistemológico que podía explicar tanto la psicosis, específicamente la esquizofrenia, y a un vasto espectro de procedimientos designados por él como síndromes transcontextuales. La epistemología que avala a tal investigación, incluía una perspectiva del neoplatonismo, la herencia lamarkiana, el modelo sistémico-cibernético, los Tipos Lógicos de Russell y Whitehead y Postulados acerca de la comunicación en procesos de interacción y aprendizaje (Lucerga Pérez, 2003).

Si bien a posteriori, la teoría del doble vínculo se extendió a otros grupos sociales, los investigadores la explicaron en relación al contexto familiar, principalmente en la interacción madre-hijo. Fueron los pioneros –si bien fue a nivel investigativo y no con fines terapéuticos- en incorporar a las consultas a más de un miembro, ya que la psicoterapia en la década de los 1950, 1960 y en algunos círculos hasta más adelante, era concebida de manera individual.

El equipo de investigadores trabajó con familias mediante la implementación del espejo unidireccional, intentando describir las secuencias de comunicación, principalmente entre la madre y el hijo. Determinaban que los mensajes contradictorios de la madre dejaban al niño en una posición cuya respuesta lo enfrenta a la encrucijada de no saber qué contestar: responda lo que responda quedará entrampado en un juego donde no le es posible discriminar categorías lógicas. Y los seres humanos, cognitivamente, nos hallamos estructurados en tipologías, especie de boxes donde colocamos las distinciones (Spencer Brown. 1973) que trazamos en nuestra percepción del mundo y, de esta manera, construimos nuestra realidad subjetiva. Si bien no es en este artículo donde desarrollaremos la Teoría del Doble Vínculo, sí se hace necesario a fines de nuestra propuesta, discriminar algunas conceptualizaciones que se concatenan con la Teoría del Hechizo (Perrone y Nannini, 1997) en el complejo entramado relacional del abuso sexual.

En el desarrollo de la estructura cognitiva (Piaget, 1969), mediante el método de ensayo y error, el niño construye sus estructuras conceptuales mediante la asimilación de información y posterior acomodación y procesos superiores de organización en categorías. Estas categorías están sostenidas por estructuras lógicas, portan semánticas contextuales e individuales y nos permiten establecer comparaciones, diferencias, semejanzas e igualdades por sobre los objetos y sujetos de nuestro universo perceptivo (Piaget,1989).

Este proceso, que desde la neuroplasticidad no solo se remite a los primeros años de vida sino que se desarrolla hasta los prolegómenos de la muerte de las personas, crea redes de redes de categorías que poseen su homólogo en redes de redes neuronales. Y es este mismo proceso cuya base es un circuito cibernético básico, entendido como un aprendizaje. Pero de los estudios de Doble Vínculo se desprenden una serie de conceptualizaciones que construyeron lo que dio en llamarse “Pragmática de la comunicación”, asimilando la comunicación al comportamiento, más allá de la interpretación antigua que la remitía únicamente a la palabra.

Otro concepto pilar es el de Meta-aprendizaje que fue desarrollado por Bateson (1979) y luego por Waztlawick, Beaving y Jackson (1981) es decir, los estudios de Doble vínculo fueron el pasaporte a una teoría moderna de la comunicación y la progenie de una nueva epistemología de la ciencia. Esta investigación introduce la variable del contexto que es quien le otorga sentido a la comunicación, es decir, la metacomunicación o la forma de comunicación -el contexto- que dice lo que la comunicación -el mensaje- quiere expresar. Por analogía, al aprendizaje del modo o manera de aprender lo llamaron meta-aprendizaje o aprendizaje de segundo nivel (Bateson y Ruesch, 1984). Bateson denominó deuteroaprendizaje o meta-aprendizaje, es decir aprendizaje de segundo nivel, al aprendizaje de los modos de aprendizaje o de las maneras de aprender, de realizar los aprendizajes simples, de adquirir las construcciones paradigmáticas de primer nivel, las que utilizamos directamente en nuestro constante relacionarnos con el mundo.

En la interacción doble vincular, sin embargo, debe señalarse que si bien la madre estimula la respuesta del hijo -y se constituye en la progenie del doble mensaje- la conducta-respuesta de éste condiciona a la vez a la de su progenitora en el sostenimiento del circuito relacional retroalimentándolo. Cibernéticamente, la problemática afecta tanto a la relación madre-hijo como al sistema familiar completo, o sea que la conducta-efecto se convierte a su vez, en causa motivadora. Para entender el fenómeno debe centrarse la mirada en el circuito de comunicación, específicamente en los patrones de relación, ya que se concibe a la familia como un sistema organizado que mantiene su estabilidad mediante la conservación de determinadas reglas de interacción (Ceberio y Watzlawick, 1998), funciones y un entramado complejo de interacciones. Esta hipótesis fue planteada a Jackson (1968) quien trabajaba sobre el concepto de homeostasis familiar. Este concepto fue utilizado por primera vez en 1957 en su artículo denominado “El problema de la homeostasis en la familia”; aunque el término homeostasis lo ideó Cannon (1932) para describir cómo el cuerpo humano lograba automantener el control biológico de sus funciones y por tal razón, ha sido definida como el conjunto de regulaciones orgánicas que actúan para conservar el estado de estabilidad del organismo que se formalizan a través de mecanismos de control.

Pero a diferencia de Cannon, Jackson (1968) usó el término fundamentalmente para describir mecanismos y sistemas patológicos. Estos sistemas se caracterizaban por la excesiva rigidez de sus funciones y reglas, la falta de flexibilidad y un potencial limitado de desarrollo. Es esta característica negativa de la homeostasis la que la convierte en un concepto importante para la terapia familiar y de la que el síntoma surge como una variable cualitativa. Al igual que el organismo, el sistema familiar puede incluir fuerzas que lo mantienen en estado estable aunque resulta nocivo debido a que le impide a la familia adaptarse a los cambios propios del desarrollo.

La hipótesis del Doble Vínculo, entonces, más que una presunción acerca de la etiología de la esquizofrenia, se constituye en una teoría sobre la comunicación humana y el aprendizaje, y su singularidad reside en los conceptos de meta-comunicación y deuteroaprendizaje, surgidos a partir de la teoría de los Tipos Lógicos de Russell y Whitehead (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1981; Bateson y Ruesch, 1984; Ceberio y Watzlawick, 1998; Lucerga Pérez, 2003). Según este modelo, aprendizaje y comunicación son constructos que se organizan y consolidan en el deuteroaprendizaje, a través de modos comunicacionales interactivos. El deuteroaprendizaje posiciona a la familia como enseñante en las escenas primigenias del aprender y al niño como un aprendiz de acuerdo a los patrones comunicativos y de interacción familiar en los que se desarrolla su experiencia (Fernández, 1987). 

Bajo este concepto, Watzlawick (1986) postuló que cualquier ensayo de negar la comunicación, compone en sí mismo una comunicación -es imposible no comunicar-. En ese sentido, el Doble Vínculo es un patrón de comunicación y contexto de deuteroaprendizaje que obtura la capacidad metacomunicativa y que se convierte en réplica mantenedora del sistema, dando espacio a la conducta esquizofrénica, acompañado del intento descalificante de negar la comunicación (Ceberio y Watzlawick, 1998).

El Doble Vínculo es un patrón interactivo distinguido por la incongruencia entre tejidos de distinto orden, cuya cristalización se establece mediante secuencias comunicativas de tipo paradójico, en las que cualquier contestación transporta a la negación del principio de identidad. Este modelo comunicacional se tiende a replicar en otros contextos con otras relaciones. Las construcciones deuteroaprendidas en el contexto primigenio familiar, tienden a repetirse en otras relaciones donde lo que se dice, lo que se muestra y lo que se presupone al decir, confluyen en un mensaje autoexcluyente. Las secuelas de la decidida negación del principio de identidad se manifiestan en la autopercepción del individuo y en su relación con el mundo, con un bloqueo de la capacidad metacomunicativa (Bateson, Jackson, Haley y Weakland, 1956).

En el Doble Vínculo el individuo está inmerso en una relación intensa en la que siente que es una experiencia vitalmente significativa donde se le requiere que diferencie adecuadamente qué clase de mensaje se le está enunciando, para expresarse de forma equilibrada. La base del entrampamiento doble-vincular se produce con la formulación de dos órdenes de mensajes en el que uno niega al otro, por lo tanto, como los mismos autores lo rotulan, la “víctima” receptora de los mensajes contradictorios se enfrenta con la imposibilidad de discriminar y reconocer el mensaje correcto, creando distorsiones categoriales y no pudiendo metacomunicar (Bateson, Jackson, Haley y Weakland, 1956).

En la hipótesis del Doble Vínculo se requiere de los componentes de dos o más personas en el marco de una experiencia repetida, a modo de patrón de interacción recurrente. En ese contexto surge la explicitación de un mandato primario negativo, habitualmente en forma de orden o de amenaza. Inmediatamente se presenta un mandato secundario que entra en conflicto con el primero, expresado en niveles de mayor abstracción. Concluyendo con la presencia de diversas modalidades de prohibición de escapar del campo (Watzlawick, 1986). Cuando esta modalidad comunicacional se perpetúa a lo largo del tiempo, este conjunto depone como tal cuando se ha asimilado a concebir el universo según esquemas de Doble Vínculo (Lucerga Pérez, 2003). Puede definirse como un entramado relacional compuesto de un entrelazado de mensajes simultáneos contradictorios aunado a una prohibición tácita de salir del contexto de interacción y la estereotipación de este mecanismo. Esta secuencia interaccional provoca el resultado de distorsionar las categorías lógicas, alterando los procesos procedimentales de pensamiento y la lógica del aprender, terminando en comportamientos bizarros.

Haley (1963) señaló que el énfasis en el envío de mensajes circunscribe la visualización de la situación desde el polo receptor, es decir, el de la persona que recibe los mensajes de Doble Vínculo y se conduce en respuesta a ellos. Sluzki y Ransom (1976) sostienen que la situación de Doble Vínculo se compone de elementos sincrónicos y diacrónicos, de acontecimientos que cohabitan en una configuración establecida en el tiempo, así como los sucesos que se organizan en una secuencia prolongada. Los componentes deben ser coetáneos para manifestarse el Doble Vínculo, pero es su representación simultánea frecuente en el tiempo y su patrón de recurrencia, lo que delimita el contexto de deuteroaprendizaje que conlleva al desarrollo patológico.

En su concepción más genérica e integral, el Doble Vínculo es un modo de ver el mundo, un contiguo de proposiciones sistematizadas recibidas en el nivel del deuteroaprendizaje a través de procesos de índole comunicativa. Se trata, por tanto, de una epistemología, en el sentido batesoniano del término. Luego de la percepción del medio a través del Doble Vínculo, las secuencias comunicativas serán reinterpretadas dentro de esas claves, por ello se presenta la imposibilidad de calificar apropiadamente cualquier tipo de mensaje.

Su construcción como patrón de comunicación interpersonal, la competencia metacomunicativa y las usanzas interaccionales que pueden respaldar un bloqueo, conducen a la construcción de un patrón epistemológico donde cada percepción o comunicación nueva se adapta a ese patrón disfuncional. Desde este análisis pragmático el comportamiento dentro de determinadas secuencias de interacción, referirá a un tipo de estructura muy abstracta, cuya circunscripción dependerá del contexto donde tome forma. El intercambio se ve inmerso en paradojas pragmáticas e incongruencias en los niveles de abstracción, lo que hacen a una secuencia compleja de comunicación.

La perspectiva instrumental del Doble Vínculo comprende el análisis de los mecanismos descalificadores, conductas de confirmación, acciones de desconfirmación, las paradojas y las contradicciones. Buber (1998) utiliza el término confirmación como condicionante en las relaciones humanas de contigüidad y existencia.

En instancias de secuencias de comunicación es viable identificar la metacomunicación a modo de autodefiniciones dadas a los demás y que respondan a las autoenunciaciones de otros. Ante estas autodefiniciones puede obtenerse como respuesta confirmación, rechazo o desconfirmación. La confirmación comunica la aceptación de la enunciación de uno mismo. El rechazo de la mención del self del otro, implica al menos un reconocimiento restringido de la persona rechazada. Y los procesos de desconfirmación implican la negación del otro como fuente legítima de cualquier mensaje.

 

Metodología

Este estudio adopta como perspectiva psicológica los procesos de la Teoría del Doble Vínculo, y su aplicación en personas que han atravesado abusos sexuales infantiles. Operacionalmente, se delimitó un estudio de 50 casos de mujeres que padecieron abusos sexuales intrafamiliares durante su infancia, y posteriormente desarrollaron trastornos de la conducta alimentaria.

La selección de la muestra fue intencional subscribiendo a las pacientes asistidas durante los años 2012 y 2013 en el Instituto Argentino de Trastornos de la Alimentación, en la Provincia de Buenos Aires.

Los criterios de inclusión-exclusión esgrimidos para la selección de las pacientes con diagnósticos de Anorexia, Bulimia Nerviosa y Trastornos Alimentarios No Especificados, fueron que durante su infancia sobrellevaron abusos infantiles del subtipo intrafamiliar, ser mayores de 18 años de edad y su conformidad de participar en esta exploración. Para documentar ello y según los principios éticos de la investigación, cada paciente autorizó su participación mediante un consentimiento informado.

Se llevaron a cabo entrevistas semiestructuradas a las pacientes en la institución donde realizan el tratamiento de recuperación de las patologías alimentarias. Los ejes que tutelaron los encuentros pueden congregarse en: Características del grupo familiar (composición, edad de sus miembros, situación conyugal, nivel de escolarización alcanzado, ocupaciones, grados de proximidad, percepciones de vinculo) y Circunstancias del Abuso Sexual Infantil (relación con el perpetrador, características de la relación, comunicación con el abusador, dichos y frases que acompañan al abuso, apoyos vinculares, otras circunstancias relacionadas).

En esta investigación se rescatan los enunciados de las pacientes tomados de las entrevistas. Para la interpretación de la información adquirida, se recurrió al análisis de contenido, en su extensión que implica el análisis del texto de los encuentros en su contexto, tanto al interior del medio contiguo de la propia entrevista dada la relación asimétrica entre entrevistado y entrevistador, como en la trama más extensa en la que se inscribe el discurso del sujeto consultado (Piovani, 2007).

 

Abuso Sexual Infantil y verbalizaciones doble-vinculares

De acuerdo a los relatos de los episodios abusivos obtenidos en las mujeres entrevistadas, se hallaron estilos de respuesta del abusador hacia las niñas del estilo de comportamiento desconfirmante. Este tipo de respuestas predominaron en el secreto, la primer instancia del Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil. Ante la perplejidad expresada por las niñas ante el hecho abusivo intrafamiliar obtuvieron respuestas indiferentes, donde las alocuciones del perpetrador niegan la existencia o la relación abusiva como tal, a través de expresiones como “es un juego” o “es un secreto entre nosotros”.

Los comportamientos desconfirmantes también fueron detectados en modalidades de réplicas impermeables, que operan a modo de negación de la autoexperiencia del otro como una vivencia abusiva. Esta modalidad desconfirmante indiferente instala la vivencia de desamparo, segundo momento del síndrome. El adulto parece no reconocer el sufrimiento y opera a través de respuestas descalificantes, donde se niega la relevancia para el niño de su propio cuerpo, su intimidad, sexualidad e inmadurez. Este tipo de respuestas circunscriben comportamientos verbales y no verbales, tanto al cómo se expresan los mensajes como al contenido de los mismos, tanto al nivel de literalidad como al nivel de la metáfora y la analogía.

Los relatos de las entrevistadas permiten entrever modelos comunicacionales asociados con la alienación, autodestrucción, violencia y conductas de evitación. Se observó en las entrevistas el uso del lenguaje impersonal, huida del contacto ocular y una pobre manifestación del afecto, entre otros signos de distancia no verbales.

Las pacientes, en relación a los relatos de los episodios abusivos y en especial al ser consultadas respecto a las alocuciones del abusador, se observaron consecuencias de la desconfirmación a través de la impermeabilidad. Este tipo de dispositivo se especificó por una falta de conciencia precisa sobre las percepciones del otro, y son desconfirmantes porque contradicen o distorsionan la autoexpresión del otro y conducen a relaciones deshumanizadas, manifestadas en tristezas, llantos y solicitudes de cese de los episodios abusivos, donde el otro parece portar una condición de impermeabilidad e intransigencia. Esta impermeabilidad se exteriorizó a través de modos de negación directa de lo que el otro expresa en términos de sentimiento, como “lloras de emoción”, “vos no querés ser responsable que yo abandone a la familia”, “a pesar de lo que decís yo sé que realmente te gusta”.

En esta instancia del síndrome se produjo una reinterpretación de los sentimientos del otro, expresados en enunciaciones tales como “decís que no querés para que tu mamá no se enoje con vos”, “me di cuenta que vos me pedías esto”. La sustitución de la experiencia y sentimientos de la niña es dada en dichos: “yo sé que lo que necesitas es” "lo que intentás decir es que", dirigiendo expresiones contrarias a lo que la niña siente en la vivencia abusiva. Los cuestionamientos del derecho del que habla a tener tal sentimiento, dan lugar a la tercera instancia del síndrome, es decir los efectos de entrampamiento y acomodación. Lo expuesto se denota en expresiones tales como “Con lo bueno que yo soy con vos, como podés negarte a esto”, “Si vos no querés, vos hablas y yo me voy o voy preso, ¿Cómo vas a hacer para que alguien te mantenga a vos y tus hermanos?”, “yo que siempre te cuidé soy tu abuelo y tengo derecho”. La niña se encuentra hechizada, atrapada en un “no cuentes”, “es un secreto”, “queda entre nosotros” y en la amenaza “si lo decís voy a matarte”, “voy a matar a tu mamá”, “se van a enojar con vos, porque vos lo provocaste”, “vos te lo buscaste” o aun “todos los padres hacen esto a los hijos”, “lo hago por tu bien”.

Watzlawick (1986) describió a la desconfirmación, a través de la descalificación como una técnica que permite decir algo sin decirlo realmente, negar sin decir no y disentir sin hacerlo llanamente. En los relatos alusivos al abuso de las personas participantes de esta investigación, se hallaron descalificación del hablante y del mensaje. Las entrevistadas, cuando niñas, relataron vivencias comunicacionales descalificativas directas a modo de sentimientos de culpabilización “vos me provocás sexualmente desde que tenías cinco años”, “si sos un desastre, si yo no te hago esto no te lo va a hacer nadie”. En planos indirectos también se presentaron descalificaciones como suspiros de queja, expresiones de malestar, murmullos; acrecentando los sentimientos de incompetencia o poca capacidad para expresar su mensaje con eficacia.

Las descalificaciones del mensaje se presentaron de modo tal, que los dichos descalifican al otro como si fuera irrelevante, cuando no guarda relación con lo que el otro ha dicho con anterioridad: “sabía que te desmayaste para estar conmigo en la casa”, “nadie queda embarazada a tu edad por esto, es todo emoción”, “hasta que no las mate no vas a dejar de molestarme, a ver, vení para ver si podes arreglar las cosas”. En estas alocuciones se hallaron descalificaciones transactivas en el nivel del contenido de los mensajes o en el de la premisa de su recepción. Las respuestas halladas son del estilo tangencial, dada la conexión con el mensaje anterior, pero deslindándose totalmente del tema principal e incidiendo sobre aspectos secundarios. La réplica no es del todo irrelevante, porque instaura una conexión, pero ésta es demasiado ligera y tendiente a culpabilizar a la niña.

La repetición de estos mecanismos comunicacionales dejó a estas niñas en un difícil contexto y ante el estupor y la perplejidad de ellas, se condiciona a la vez al perpetrador quien avanza en el sostenimiento de su propia circunstancia. Desde esta perspectiva circular la problemática afecta a la relación entera, modula el centramiento en este tipo de patrón de relación, dándole forma a una comunicación y el aprendizaje netamente asimilativo, sin posibilidad de analizar los aspectos metacomunicacionales rigidizándose la visión del deuteroaprendizaje, es decir, no logrando construir nuevas respuestas o respuestas alternativas, sino quedando fijada en un estereotipo aprendido.

En los primeros tres estadios del Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil y estando en plena vigencia los efectos del hechizo, estas pacientes fueron colocadas como responsables de la homeostasis familiar y del sostén del sistema que tendió a autoperpetuarse, a pesar de los efectos que esto tenga en la salud mental: “no vas a romper la familia”, “no podés contar esto y arruinarle el matrimonio a tu mamá”.

El deuteroaprendizaje posiciona a la familia como enseñante en las escenas paradigmáticas del aprender y a estas niñas como aprendientes de acuerdo a los esquemas comunicativos y de interacción familiar en los que despliega su experiencia. Es decir que los adultos responsables de su cuidado y crianza, son los que vulneraron su capacidad metacomunicativa, acompañado del intento descalificante de negar la comunicación.

En todas las alocuciones ejemplificadas está presente la trampa del callejón sin salida. Si la víctima comenta el acto perverso es condenada porque destruye a la familia, si no lo comenta y continúa el juego es condenada por su propio sometimiento y sufrir el abuso con la consecuente culpa y vergüenza. Por otra parte, si lo denuncia no le creen y es enjuiciada con la crítica del sistema, si no lo denuncia y se calla es autoenjuiciada por su propia moral y si se calla y denuncia después de años aparece la duda en su entorno y el cuestionamiento de porque razón no lo habló en su momento. Todas las proposiciones poseen un tenor de manipulación que enlazan a la víctima dejándola sin posibilidades de respuesta de salida.

En los relatos de estas pacientes se percibe un patrón interactivo distinguido por la incongruencia entre tejidos de diferente orden, cuya cristalización se apoya en la alineación de secuencias comunicativas de tipo paradójico, en las que cualquier contestación transporta a la negación del principio de identidad. Sus sentimientos y dichos son contrarios a las descripciones de sus propias vivencias narradas por el abusador.

Este modelo comunicacional perpetúa escenarios en los que las inferencias deuteroaprendidas en el contexto local se unen a las del nivel extenso fundando un mensaje donde lo que se dice, lo que se muestra y lo que se presupone al decir confluyen en un mensaje autoexcluyente. Las secuelas de la decidida negación del principio de identidad se manifestaron en la autopercepción del individuo y en su relación con el mundo con un bloqueo de la capacidad metacomunicativa.

La hipótesis de Doble Vínculo se postula aquí en la incipiente necesidad de mostrar a través de los trastornos de la conducta alimentaria, todo aquello que ya su lenguaje no alcanza a comprender, dado que está inmersa en una relación intensa, una vivencia significativa, donde se le requiere que diferencie adecuadamente qué clase de mensaje le ha sido enunciado, debiendo expresarse de forma coherente. A la vez se produjo un entrampamiento en un escenario en el cual otras personas intervinientes en la relación, formularon dos órdenes de mensajes y uno de ellos negó al otro: “hacele caso a los mayores”, “debés obedecer a los adultos”, “te hago esto porque te quiero”. En simultaneidad, se produce en la víctima un entrampamiento en el cual otras personas que intervienen en la relación generan un juego de negaciones.

El producto de esta interacción ocasiona la imposibilidad de responder creando una cristalización de la relación y la consecuente inmovilización impidiendo metacomunicar. En este mecanismo, el individuo está inmerso en una relación intensa -como de hecho es la relación madre-hijo-, una relación en la que siente que es vitalmente significativa y donde se requiere que diferencie adecuadamente qué clase de mensaje se le está enunciando para que logre responder de manera coherente.

Es decir en la revelación tardía las niñas recibieron mensajes del tipo: “como no lo dijiste antes”, “¿y ahora después de diez años lo vas a contar?”, “vos con el mismo cuento, igual que tu hermana”, “¿te gustaba que no lo dijiste en su momento?”, “vos no querés que yo sea feliz con mi marido, por eso decís esto”. Entonces después de haber recibido por parte del abusador una experiencia repetida, a modo de patrón de interacción recurrente y un mandato primario negativo, habitualmente en forma de orden o amenaza; se presentaron los últimos dichos a modo de mandato secundario que entró en conflicto con el primero, expresado en niveles de mayor abstracción. Concluyendo con la presencia de diversas modalidades de prohibición de escapar del campo, ya que parecen cumplirse las alocuciones del perpetrador.

Cuando esta modalidad comunicacional se perpetúo a lo largo del tiempo, este conjunto dejó de ser necesario como tal, ya que se ha asimilado a adoptar el universo según esquemas de Doble Vínculo, el sumergimiento más profundo del hechizo, en términos equivalentes a la última etapa del Síndrome de Acomodación: la retractación. Entonces surgieron en los relatos expresiones como: “cuando dije que era todo mentira me creyeron”, “preferí decir que mis tíos no habían hecho nada y todo se arregló hasta que nació el bebé y me trataron de promiscua a los once años”.

En la mayor parte de las narrativas estos acontecimientos abusivos cohabitaron en una configuración establecida en el tiempo, así como sucesos que se organizaron en una secuencia prolongada. Su patrón de ocurrencia delimitó el contexto de deuteroaprendizaje que conllevó a vivencias de desamparo.

 

Algunas conclusiones

El tipo de contexto en el que el individuo aprende a aprender, se encuentra dañado ante la presencia de episodios abusivos infantiles que traen como consecuencia un bloqueo de la capacidad comunicativa, del reconocimiento de las señales identificadoras de mensajes, que se trasladan en sobreinterpretaciones rígidas y vivencias de aislamiento.

Estos modelos de constructos familiares consiguen ser válidos para entender la mecánica que subyace a patrones de interacción rígidos y simétricos que dominan las relaciones paterno filiales en el caso del abuso sexual (Linares, 2002).

Jaen Rincón y Garrido Fernández (2009) plantean que las víctimas llegan al tratamiento con vulnerabilidad y necesidad de consuelo y reparación. Por lo tanto debe brindarse a la paciente una modalidad metacomunicacional y de deuteroaprendizaje saludables. El sentido más amplio del esbozo de la hipótesis del Doble Vínculo, desarrollado hace más de sesenta años, fue observado en esta investigación en las víctimas de episodios abusivos a través de mecanismos de descalificaciones y desconfirmaciones. La repetición de estos dispositivos comunicacionales deja a la entonces niña en un difícil contexto. Ante el estupor y la incertidumbre de la pequeña se sostiene el perpetrador en el mantenimiento de su propia circunstancia. A partir de esta perspectiva circular la problemática aqueja a la relación entera, armoniza el centramiento en este tipo de patrón de relación, dándole forma a una comunicación y el aprendizaje netamente asimilativo, sin contingencia de analizar los aspectos metacomunicacionales y cristalizándose la visión del deuteroaprendizaje.

Los cinco estadios del Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil, es decir el secreto, el desamparo, el entrampamiento y la acomodación, la revelación tardía y no convincente y la retractación se transcurren bajo los efectos del hechizo. En este seudoequilibrio familiar la niña parece portar las responsabilidades de la homeostasis familiar y del sostén del sistema que tenderá a autoperpetuarse, a partir de ello e incluso aunque deba retractarse su modalidad de deuteroaprendizaje permanecerá rigidizada.

En el Doble Vínculo, dado que el abusador no muestra duda alguna sobre su conducta, es el niño el que siente culpa, vergüenza y temor por el ataque a su integridad. El proceso de codificación trae consigo retractaciones, revelaciones tardías, silencio y contradicciones. Las operaciones de la sistematización parecen ser el secreto, la responsabilidad adjudicada al niño, la fatalidad y la vergüenza. El hechizo, la permanencia en el Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil y las alocuciones del abusador constituyen el Doble Vínculo a modo de descalificaciones y desconfirmaciones que exhiben consecuencias sobre los estados de conciencia, el crecimiento y el desarrollo.

El cese del abuso sexual infantil no representa el cese del hechizo ni del Doble vínculo. Si la familia respalda al abusador, marginando a la víctima, la vuelve a victimizar, provocando ello una reedición doble vincular del hechizo. Es necesario contar con ayuda especializada para la concluir con el hechizo. El tratamiento psicoterapéutico otorga la salida del Doble Vínculo presentando la ruptura de la modalidad comunicacional que se ha perpetuado a lo largo del tiempo y la posibilidad de concebir el universo según esquemas de comunicacionales y de deuteroaprendizaje saludables.

 

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4ta Edición - Julio 2020
 
 
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